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Aragón

Recetas contra la soledad de los mayores

La soledad no elegida, que acaba en aislamiento social, se ha convertido en un problema en Aragón, donde este año ya han fallecido 17 personas solas en sus casas.

El reto de evitar las muertes en las viviendas

En la era de las redes sociales, de los ‘me gusta’ y los ‘retuits’, hay quien no se preocupa de la persona que vive sola al otro lado de la pared. La sociedad aragonesa ha cambiado hacia un plano más individualista, según sostienen los sociólogos y lo evidencia la realidad, sobre todo en el día a día de las urbes.

Mientras en los pueblos todo el mundo se conoce y se preocupan los unos por los otros, en las grandes urbes puede darse el caso de que una persona esté muerta en su casa varios días sin que nadie la eche en falta: ni su familia y amigos (si es que los tiene) ni sus vecinos, que en muchas ocasiones tardan días en relacionar el mal olor que se respira en la escalera comunitaria con la muerte de uno de sus habitantes.

Esta realidad, la soledad no elegida y excluyente, se ha cobrado este agosto nueve vidas en Zaragoza. Nueve personas que han permanecido varias jornadas en sus casas (en una ocasión, hasta dos semanas) sin que en algunos casos nadie se preguntara si estaban bien. "A la vuelta del verano deberemos hacer una nueva reflexión sobre este tema", apunta Teresa Yago, jefa de los servicios sociales comunitarios del Ayuntamiento de Zaragoza.

Yago explica que el Consistorio apuesta por una estrategia "preventiva" en el caso de los jubilados que viven solos: con el servicio de teleasistencia por un lado y, por otro, potenciando las redes sociales de apoyo, por ejemplo con programas como ‘Zaragoza ciudad amigable con los mayores’. "Quizás se podría hacer una campaña de sensibilización sobre la realidad de los mayores que viven solos, porque los cambios en la forma de vida son responsabilidad de toda la sociedad", propone Yago.

Sistemas 100% efectivos

La responsable municipal reconoce que los sistemas preventivos a veces no cumplen su función, incluso por el mal uso de los usuarios. En este sentido, apunta que una de las muertes que se ha registrado este año en Zaragoza era usuario de teleasistencia, pero tras el fallecimiento se descubrió que no tenía a mano el pulsador de ayuda.

Esta situación pone de relieve la importancia de que los mayores lleven siempre consigo el collar o la pulsera de aviso. Y también evidencia que los sistemas actuales de teleasistencia deberían ser revisados. La tecnología actual lo permite. De hecho, una empresa aragonesa es un buen ejemplo de ello. Se trata de los aragoneses Sensovida que, a través de un kit autoinstalable de sensores, utilizan estrategias de ‘big data’ para elaborar patrones de vida de sus usuarios con algoritmos prediseñados. Cuando se detecta algún valor extraño, el sistema avisa a los familiares (que previamente han descargado una aplicación en sus móviles) o a una centralita atendida 24 horas.

Este sistema, que los expertos denominan de teleasistencia activa, ‘aprende’ de los hábitos de los usuarios, apunta el CEO de la empresa, el aragonés Fidel de la Hoya, que detalla que la familia y el propio usuario pueden adaptar el sistema a casi cualquiera de sus necesidades. La empresa cuenta ya con medio millar de clientes, muchos de ellos en el extranjero, y confían en crecer más en el futuro. Ya trabajan, por ejemplo, con la Fundación Rey Ardid, que ofrece este servicio dentro del programa ‘Soy Hogar’, complementario a los centros asistenciales que tiene repartidos por todo Aragón.

Prestaciones en evolución

En los últimos años, las residencias de ancianos y centros de día han cambiado mucho. "Hemos tenido que adaptarnos a las necesidades", afirma Carlos Iglesias, responsable del área de mayores de la Fundación Rey Ardid. Los programas asistenciales de las residencias son hoy en día "totalmente configurables" a lo que demanda la sociedad y son servicios "mucho más profesionalizados" que hace unos años. "Ya hemos tenido usuarios que nos han pedido la clave del WiFi de la residencia", dice a modo ilustrativo.

Para Iglesias, el verdadero problema de esta parte de la sociedad es la soledad "no elegida". "Hay que ser conscientes de que hay personas que se valen y eligen la soledad, pero en otros casos no es así. Aquí es donde las administraciones públicas deben tomar cartas en el asunto, porque las soluciones no son costosas", apunta.

Otra de las recetas contra la soledad en la tercera edad la representan las asociaciones que, a través de voluntarios, desarrollan programas de acompañamiento y cuidados para las personas que no tienen un entorno familiar. Es el caso de Seniors en Red, una organización que trabaja desde hace tiempo en Zaragoza y que próximamente se extenderá a otros municipios de Aragón. A grandes rasgos, su objetivo es crear "ciudades amigables" con la tercera edad porque, hoy por hoy, las grandes urbes son "hostiles", según su presidenta, Rosa Plantagenet-Whyte.

Teleasistencia y servicios sociales públicos

En las grandes ciudades como Zaragoza, muchas personas jubiladas viven solas. Algunas por elección propia, otras, porque no tienen a nadie. Es en este segundo grupo en el que el Ayuntamiento de la ciudad centra todos sus esfuerzos para mejorar su calidad de vida con la teleasistencia, la ayuda domiciliaria y las redes familiares como principales herramientas. Teresa Yago, jefa de los servicios sociales comunitarios, también confía en que los cursos de prevención que imparten en centros de mayores ("por ejemplo les explicamos que no se suban a limpiar altillos cuando están solos", cuenta) sean eficaces para cuidar más y mejor a los mayores zaragozanos.

Residencias y centros de día: como en casa

En la residencia que la Fundación Rey Ardid tiene en el barrio de Juslibol de Zaragoza, ni los empleados portan llaves ni los mayores que viven allí tienen limitaciones para moverse por el recinto. Es la tecnología la que permite que, sobre todos los segundos, estén como en casa. Un sistema avanzado de sensores permite saber en qué lugar esta cada residente en cada momento, y ayudarle en caso de que necesite ayuda.

"Tenemos que adaptarnos a las necesidades de los mayores. Nuestros recursos son totalmente configurables: intentamos amoldarnos porque los tiempos van cambiando", explica Carlos Iglesias, responsable del área de Mayores de la fundación.

‘Big data’ para cuidar a los mayores

La última tecnología para monitorizar los hábitos de los mayores y detectar, antes de que se produzcan, situaciones de peligro que puedan acabar en desgracia. La empresa aragonesa Sensovida, en la que trabajan seis personas entre ingenieros e informáticos, ha desarrollado un software que, instalado en la vivienda de la persona que vive sola a través de sensores, detecta, por ejemplo, que la persona no se ha movido en un buen rato, que no se ha levantado de la cama o que no ha bajado a comprar el pan, cuando lo habitual es que lo haga todos los días a las 11.00. "El sistema ‘aprende’ los hábitos para cuidarla", dice Fidel de la Hoya, CEO de la empresa.

Ciudades amigables contra la soledad

Hay asociaciones sin ánimo de lucro que trabajan desde hace tiempo en la erradicación de la soledad en la tercera edad. Uno de los ejemplos es Seniors en Red, un grupo de voluntarios (incluso mayores de 65 años que se mantienen activos) que ‘tejen’ relaciones sociales con quienes sufren la soledad. "Las ciudades son hostiles. Tenemos que crear redes sociales y de proximidad donde no existen", valora Rosa Plantagenet-Whyte, presidenta de Seniors en Red. Este sistema es, además, una herramienta para conectar a los mayores con los recursos públicos que existen para ellos, porque según la experiencia de Plantagenet, en muchos casos ni los conocen.

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