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Biel: el pueblo que albergó la niñez del Batallador

Biel cuenta con la imponente sierra de Santo Domingo, su interesante judería, una torre medieval, el restaurante más aplaudido de la zona y una coqueta casa rural de perfil singular.

David Muñoz, el panadero de Biel, en el horno de leña de su establecimiento.
David Muñoz, el panadero de Biel, en el horno de leña de su establecimiento.
Laura Uranga

La huella medieval está muy presente en el paisaje urbano de Biel, localidad del pico noreste de las Cinco Villas que cuenta además con el espacio protegido de la sierra de Santo Domingo como excelso pulmón verde. La restaurada torre del castillo defensivo en el que pasó su niñez Alfonso I El Batallador y la parroquia de San Martín, construida en el XVI sobre un antiguo templo románico, son dos atractivos de indudable tirón para los amantes de la historia; en la sala capitular de la torre se hallaron unos frescos de alto interés, y la judería del pueblo está bien conservada y delimitada, en la parte aledaña al propio castillo. El verano pasado, el Ayuntamiento organizó un recorrido teatralizado por el pueblo, ambientado a finales del siglo XI, seguido de un recuerdo a la judería en los albores del dilo XV y a la construcción de la parroquia a finales de XVI.

En la época actual los pivotes de Biel son el imán gastronómico del restaurante El Caserío, la panadería artesana, las pequeñas cuadrillas de albañilería y la casa rural Las Lezas, un proyecto con varias derivas que combina el alojamiento con el compromiso medioambiental y diversos intereses culturales. En verano, como en todas partes el pueblo se llena con el retorno coyuntural de los emigrantes y su descendencia, y este año se produjo un fenómeno curioso; la salida a Francia durante la dictadura franquista fue notable en Biel, así que una vez consumada la eliminación de España, hubo una gran celebración local por la victoria gala en el Mundial de fútbol.

Biel: la batalla que también puede ganar el Batallador

Álvaro Vives, nacido y criado en Biel, abrió Las Lezas (nombre inspirado en un hermoso monte del municipio) hace seis años. Estudió electricidad en Zaragoza y trabajó un tiempo en el entorno urbano antes de regresar a Biel para trabajar con su familia, entre otras inquietudes. "Aquí trabajé mucho tiempo en el monte y también en la construcción con mis hermanos, somos seis, aunque vivimos tres en el pueblo. El proyecto de la casa rural, sin embargo, vino porque tuve un accidente laboral; me corté con la radial en una pierna y aunque me recuperé bien, decidí probar en otras cosas".

Preparada con mimo

Álvaro se entregó a la idea de la casa rural, con el apoyo de su familia. "Estuve un año entero diseñando y preparando la casa, desde los planos a tareas de gestión, tenía claro que debía saber cómo vender esto. En el diseño compartí la tarea con mis hermanos y mi padre. Llevo seis años con la casa abierta y formándome; el año pasado me saqué el título de gestor cultural en Zaragoza, bajando varias veces a la semana allá. También me diplomé como guía micológico en la Ulzama; aquí hay más de veinte tipos de setas comestibles".

Las Lezas es una construcción sostenible: material reciclado, acabado natural, placas solares, una fuerte inversión en aislamiento, orientación norte-sur. "Son tres apartamentos –aclara Álvaro, orgulloso– de cuatro plazas, cada uno con salón-cocina, habitación doble y baño, y hay un apartamento con una sala grande, donde caben hasta doce para poder comer juntos. El jardín es compartido; se hacen buenas amistades en ese espacio. Además, tengo a mis gallinas ‘caponatas’: los huéspedes disfrutan recogiendo los huevos".

La penúltima ilusión que Álvaro ha hecho realidad (porque habrá más, sin duda) es un huerto ecológico con acceso a pie y también por automóvil; hay rampa de entrada para facilitar el acceso a personas con movilidad reducida. Tiene invernadero y, desde este verano, una caseta de madera habitable alimentada por pozo de geotermia. "Además de las actividades propias de la huerta, llevo la idea de convertir este lugar en espacio pedagógico y de cesión para diferentes actividades, desde observación de las estrellas a fotografía; también hago visitas guiadas, rutas senderistas y de BTT y salidas micológicas. Son partes de un todo y, por suerte, la gente viene y repite".

Álvaro entiende que el bagaje histórico y natural del municipio merece un proyecto turístico a mayor escala. "La clave sería la figura de Alfonso I El Batallador, que fue señor de Biel y pasó la niñez aquí, aunque no se sepa dónde nació. El entorno de altura, ya prepirenaico, es otra maravilla. Se dan todos los elementos para generar un flujo de visitas considerable. Tengo mi idea desarrollada y la he mostrado a instituciones y personalidades de la cultura aragonesa; ojalá pueda salir adelante. Sos, en treinta años, lo ha hecho; nosotros también podemos. Hay que hacer cosas para que venga la gente, no solo cuando venga la gente".

El pan de siempre en casa, y migas para todo Aragón

David Muñoz y María Rosa Vives llevan la panadería de Biel. David es del pueblo, lo mismo que el padre de María. "Antes –apunta David– se acababa el pan en Casa Solé, la gente lo llevaba hecho de casa y allí lo cocía una señora. El hermano mayor de mi padre empezó de panadero, luego siguió mi padre, Félix, que puso el horno aquí, y luego he seguido yo. Seguimos trabajando el horno moruno de leña, sin usar mejorantes panarios, con masa madre y fermentaciones largas. También hacemos cañada aparte del pan normal: es una masa más hidratada, que se deja en bloque cuatro horas y media, luego se embola, se tiene otra hora y media en reposo, se estira en la pala y se cuece con el horno fuerte. También hacemos pan para migas, sobre todo en invierno, que estamos pocos en el pueblo; tenemos una nave en Zaragoza y allí deshidratamos el pan, lo cortamos y envasamos para distribuirlo en Mercazaragoza y algún centro comercial, con eso nos llega para vivir todo el año".

LOS IMPRESCINDIBLES

La torre de castillo de Biel

Construido en el siglo XI, en tiempos de Sancho el Mayor y Ramiro I, la torre está junto a la parroquia. En 1996 se reparó su techumbre para preservar fondos del Ministerio de Cultura. Bien de interés cultural desde 2006.

El Caserío

Famoso en todas las Cinco Villas, lleva abierto treinta años. Su chuletón y los platos de caza quitan el sentido, pero se come de fábula en general: ojo a las bolitas de acelgas con gambas y a las croquetas. Cierra lunes y martes.

Sendero del agua

Con las riberas del Arba como guía, se dispuso un sendero circular con merenderos que sale de la plaza nueva, y el agua como hilo conductor. Se visita el curiosísimo Pozo Tronco y sus ‘marmitas’ naturales.

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