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Aragón

Mariano Fanlo: Sallent de Gállego en el fondo de una mirada

La familia del cronista oficial de Sallent de Gállego regenta desde los años 30 el hotel Balaitus en el centro del pueblo; allí llegaron desde Pau los primeros esquís usados en Aragón.

Mariano Fanlo, en el bar del hotel Balaitus, propiedad de su familia.
Mariano Fanlo, en el bar del hotel Balaitus, propiedad de su familia.
Laura Uranga

Mirar a los ojos de Mariano Fanlo es aventurarse más allá de su querido Sallent; se asoma uno al valle de Tena, entero y verdadero. A Mariano le contemplan 86 años de vida, un apellido con raigambre en la zona y, sujetas en una pared del hotel Balaitus –negocio familiar en el centro de Sallent de Gállego– dos tablas de madera que simbolizan la devoción de este pueblo por el deporte del esquí: es enclave pionero en Aragón entre quienes disfrutan deslizándose por laderas nevadas. Mariano ha sido alcalde, fundador de la Escuela Española de Esquí y unas cuantas cosas más, pero el mayor de sus títulos es el cariño que despierta entre los vecinos: todos lo señalan al inquirirse sobre la identidad del sallentino más querido.

El abuelo de Mariano Fanlo, del mismo nombre y apellido, fue decisivo en la llegada de los primeros esquís a estas tierras. El nieto, que hoy es bisabuelo y no ha perdido la capacidad de entusiasmarse con los recuerdos, rememora los detalles con absoluta nitidez. "Aquí había un poco de huerto, la patata siempre ha sido muy buena por la altura, pero el pueblo vivía sobre todo de la ganadería ovina y vacuna. Las ovejas las bajaban al valle del Ebro en noviembre, nosotros las llevábamos a Ejea y luego a Fuentes de Ebro hasta finales de enero, cuando parían. El heredero se quedaba en la casa, otros iban a las centrales eléctricas francesas los meses fríos... pero llegó el esquí, el turismo, y el panorama cambió".

Sallent de Gállego: un hurra por Mariano, pionero del esquí aragonés

El hotel Balaitus lleva en funcionamiento desde la década de los treinta; está asentado en la Casa del Reino, residencia familiar de los Fanlo. Mariano sigue residiendo en el edificio, en dependencias integradas en el hotel. Los esquís llegaron un poco antes que el establecimiento; concretamente, dos décadas atrás. "Mi abuelo tenía mucha relación comercial y de amistad con los franceses a principios del siglo XX, vendía la lana de las ovejas en Francia, allí compraba mulas… entre sus amigos del otro lado de la frontera estaba uno de los primeros esquiadores franceses; era cura y tenía una titulación en geología, estudiaba los glaciares y se llamaba Ludovic Gaurier. Vivía en Pau".

A través del puerto

El 24 de diciembre de 1912, el ‘abbé’ Gaurier se presentó en la Casa del Reino de Sallent en medio de una tremenda tormenta de nieve, acompañado de su sobrino y un amigo del chaval, ambos estudiantes en la universidad de Pau. La gente no se explicaba cómo habían pasado el puerto: había más de medio metro de nieve.

"Al día siguiente –cuenta Mariano– salió el sol; mi padre, que tenía entonces 14 años, se fue con ellos a unos prados cercanos a probar las tablas de madera que habían traído los franceses para deslizarse sobre la nieve. El 26 probaron de nuevo, para entusiasmo de aquel chaval que era mi padre; niño al fin, pidió al ‘abbé’ que le regalara los esquís, pero Gaurier le dijo que debían usarlos para volver. Pasaron los meses; el tren de Pau llegaba hasta Laruns, y desde allí una diligencia pasaba el Portalet y paraba aquí, luego iba al balneario de Panticosa y vuelta. A finales de junio ya quedaba poca nieve y la diligencia podía pasar el Portalet, así que llegó aquí y trajo un paquete a nombre de mi abuelo, con unos esquís y bastones para mi padre: era 1913".

El carpintero empezó a fabricar esquís en Casa Cubero, para deleite de todos los chavales del pueblo, que le llevaban madera de fresno para que la trabajase. Un zapatero hacía las correas y un herrero, los estribos de hierro. "A principios de los años 20 –puntualiza Mariano– ya había medio centenar de personas esquiando frecuentemente en Sallent: ha sido siempre el pueblo con más esquiadores de Aragón, y casi pionero en España: dos años antes que aquí habían llegado esquís franceses a Rassos de Peguera y noruegos a Vitoria".

Miguel Brota

La estación de Formigal nació en 1964 y actualmente, bajo la gerencia de Aramón, es el mayor dominio esquiable de España. Allí, tras la barra del hotel Nievesol, trabaja Miguel Brota. Su nombre se invoca desde hace años como una contraseña entre los devotos del cóctel fino. El festival Pirineos Sur ha hecho que el nombre de este oscense sea conocido en los cinco continentes, y no hay ni pizca de exageración en la sentencia: si acaso, de pimienta de Java o rodajas de lima deshidratada, cuando la ocasión lo requiere.

Miguel es un personaje. A su maestría en la mezcla une ese ‘savoir faire’ que distingue a los grandes de un gremio: lo suyo es elegancia, cordialidad y empatía con el cliente. "En el Nievesol llevo 32 años. Aquí encontré a la mujer que me ha hecho feliz, tengo una hija de 28 años y estoy encantado de la vida". De 1974 a 1984, Miguel aprendió el oficio en Barcelona, a donde había acudido desde Santalecina, su pueblo. Pasó un par de veranos entre Salou y Formigal y se decidió por el monte: nunca se ha arrepentido.

La gente acude a él en clave de confianza ciega, a que invente y les sorprenda. "Tengo buena materia prima para los combinados de ginebra, vodka y ron, pero con los cócteles trato de seguir formándome, los trabajo y los sirvo como debe hacerse, con cariño. También he inventado unos cuantos: el ‘femenino plural’ lo inspiró un cartel de Pirineos Sur, y también tengo el del quincuagésimo aniversario de Formigal, el ‘F50’, siglas que corresponden a un Ferrari de edición limitada, ya ves: lleva una tintura de azúcar glas, curaçao blanco, vodka, chocolate blanco y nata al hilo".

De sus clientes más conocidos, el más obsequioso en el trato fue Santiago Auserón. "Elogió mucho mi trabajo, fue muy amable. ¿Los más tremendos? Yo, ver, oír y callar. La discreción es básica en este trabajo". En su caso, también los detalles: enfría las copas con hielo que desecha luego antes de verter el líquido mezclado en la coctelera. La prisa se queda en la calle: el deleite, en el paladar.

Con Fermín Arrudi en el recuerdo

Fermín Arrudi, que pasaría a la historia como El Gigante de Sallent, vio mundo gracias a su descomunal estatura de 2,29 metros, causada por la acromegalia. Nació en 1870, en el seno de una familia ganadera; aún en la adolescencia, un avispado comerciante pidió permiso a su padre para introducirlo en el mundo del espectáculo. El pueblo honró a Fermín hace cuatro años con  una escultura de forja a tamaño real en la plaza del Ayuntamiento; ya tenía dedicado el paseo que une el barrio del Paco con el de Aguas Limpias. Arrudi, todo bonhomía, también destacó como músico; murió a la edad de 43 años a causa de la tuberculosis.

LOS IMPRESCINDIBLES

Núcleos del municipio

Además del pueblo de Sallent de Gállego, el municipio aglutina a Escarrilla, Tramacastilla de Tena, Sandiniés, El Portalet (foto), la urbanización de Formigal (1964) y Lanuza, recuperada parcialmente tras quedar bajo las aguas del embalse.

Pirineos Sur

Acaba de concluir la vigesimoséptima edición de este festival en el que caben todas las músicas del mundo, amén de manifestaciones culturales muy diversas. El escenario flotante de Lanuza es famoso en todo el mundo.

La restauración

El municipio cuida los paladares. Entre las muchas referencias destacan Casa Martón y Casa Jaimico en Sallent, Borrullán y Vidocq en Formigal, Casa Patro en Tramacastilla de Tena y Mingo en Escarrilla.

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