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Aragón

Cepas buscan padrinos para recuperar la historia

Ligüerre de Cinca quiere rescatar el cultivo de la vid, al que se dedicaban sus habitantes hasta que se produjo la expropiación de sus tierras para la construcción de El Grado.

Algunas de las cepas que pueden apadrinarse en este municipio oscense de la comarca del Sobrarbe.
Algunas de las cepas que pueden apadrinarse en este municipio oscense de la comarca del Sobrarbe.
Ligüerre Enoturismo

Recuperar aquello de lo que vivían los antiguos habitantes del municipio oscense de Ligüerre de Cinca. Este es el propósito de los proyectos que, desde las últimas tres décadas, se están llevando a cabo en este municipio ubicado en la comarca del Sobrarbe. Estos programas pretenden restaurar la vida que hasta la construcción del embalse de El Grado tenían la localidad y sus moradores, obligados a abandonar sus casas a finales de la década de los sesenta del siglo XX por la expropiación de sus tierras. De este deseo nació ‘Apadrina una cepa’, una iniciativa puesta en marcha en el año 2014 y que ya cuenta con el apoyo de 42 padrinos.

"Este proyecto forma parte de la recuperación integral del municipio para usos turísticos, sociales y agropecuarios", explica José Antonio Rufas, director de Ligüerre Enoturismo. "Para ello, además de rehabilitar los lugares en los que residían sus habitantes, ahora destinados a usos vacacionales, también queremos recobrar aquello de lo que vivían. En este caso, el cultivo de la vid, para el que antiguamente se destinaban 22 hectáreas", comenta Rufas. Pero, ¿en qué consiste ‘Apadrina una cepa’?

Ahijadas

Con una contribución de 50 euros al año, los patrocinadores pueden seguir, de manera periódica y minuciosa, el crecimiento y la evolución de su viña, así como el proceso de elaboración del vino, además de participar en la recuperación de este cultivo en la localidad, principal motivo del programa. "A los padrinos les vamos dando información sobre todas las operaciones que llevamos a cabo: cómo, cuándo, con qué y para qué se trata la cepa", indica el director de Ligüerre Enoturismo.

Las siete hectáreas en las que, actualmente, se extiende el viñedo están divididas en distintas plantaciones de las variedades uva mixta, cabernet sauvignon, syrah y garnacha. La recuperación de este cultivo comenzó en el año 2000, con la siembra de tres hectáreas de vides. Antes de la expropiación, los vecinos elaboraban este caldo y lo guardaban en alguna de las numerosas bodegas subterráneas del pueblo, lo que le ha valido su denominación de ‘El vino de las cuevas’. Hoy en día, estos espacios excavados en la piedra ocupan el 80% del subsuelo, ya que se respetaron durante el proyecto de recuperación del municipio.

De la vid a la mesa

Los padrinos que lo deseen también pueden acudir a anillar su viña, participar en cualquiera de las tareas que integran la producción del vino, visitar a sus ahijadas obteniendo descuentos en los alojamientos turísticos del municipio y realizar actividades especiales relacionadas con el vino. Además, incluido en la cuota anual, los patrocinadores son obsequiados con un lote de productos elaborados en el municipio y compuesto por una botella de crianza, tres botellas de vino joven: tinto, blanco y rosado, una botella de aceite de oliva virgen extra y otra de vinagre balsámico.

"El vino que reciben los padrinos no se corresponde solo con el de su cepa, ya que obtienen más cantidad de la que puede producir", explica Rufas. Por otro lado, para dar a conocer la historia de esta localidad del Sobrarbe, se les invita a realizar una visita guiada al pueblo.

Vuelta a la vida

Tras casi dos décadas de abandono forzoso, Ligüerre de Cinca, que desde el siglo XIX pertenece al municipio vecino de Abizanda, volvió a respirar en la primavera de 1986 con la ayuda de la Unión General de Trabajadores (UGT). Aquel año, la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE), propietaria de las tierras tras su expropiación, firmó un acuerdo con el sindicato, que se comprometió a revitalizar el lugar con la creación de una escuela de formación, un campin y un centro de colonias para jóvenes, y a desarrollar varios proyectos agrícolas y ganaderos.

Más de 30 años de trabajo después, este privilegiado enclave de la comarca del Sobrarbe ha vuelto a nacer con la puesta en marcha de una bodega, varios hoteles, apartamentos y restaurantes, ubicados en antiguas casas habitadas de la localidad, además de un espacio de campin y bungalós, que completan una amplia oferta de ocio basada en el enoturismo.

La cifra

42 viñas. En la actualidad, este es el número de cepas que cuentan con un padrino. "Esta iniciativa se puso en marcha en 2014 y, ahora, cada año se suman 4 o 5 personas al proyecto", informa José Antonio Rufas, director de Ligüerre Enoturismo. Los patrocinadores de las viñas, además de recibir un lote de productos autóctonos, entre los que se encuentran varias botellas de distintas variedades de este caldo, pueden seguir la evolución de sus ahijadas y participar en el proceso de elaboración del vino. Por otro lado, los padrinos también pueden beneficiarse de descuentos en sus alojamientos turísticos. A día de hoy, se han recuperado siete de las 22 hectáreas de cultivo con las que contaba esta localidad antes de la expropiación.

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