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Aragón, pueblo a pueblo

San Agustín, una sala de espectáculos tras el chapuzón

Los tres socios que gestionan las piscinas municipales de San Agustín han sumado a la oferta de baños refrescantes un restaurante vegetariano y actuaciones de payasos, magos y teatro.

San Agustín, en imágenes

"Me gusta trabajar en las piscinas porque son un lugar al que todo el mundo llega alegre, de buen rollo, como de fiesta. Es muy gratificante". El jerezano Sergio Sánchez se muestra encantado con la labor que desempeña desde hace tres años en San Agustín, un pequeño pueblo del confín de Aragón con la Comunidad Valenciana. Pero Sergio no se ha conformado con abrir las instalaciones de baño municipales, gestionarlas y conservarlas, sino que las ha convertido en un dinamizador de la cultura local junto con sus dos socias: Ester Fernández y Lucía Muñoz.

Desde el 1 de julio al 15 de septiembre los tres socios toman las riendas de las piscinas que, además de un baño refrescante, en la temporada estival de 2018 ofrece exposiciones, actuaciones de payasos, teatro, conciertos musicales, sesiones de DJ y magia. Todo mientras el público disfruta de un refresco o una copa después de darse un chapuzón.

Lucía, pareja de Sergio, es socia de la oenegé ‘One day yes’ y promovió el año pasado una fiesta pirata para recaudar fondos destinados a una escuela en Kenia. "Metimos una barca en la piscina y los niños vinieron disfrazados de bucaneros. Fue muy divertido", recuerda. Medio centenar de pequeños se refrescaron disfrazados como si salieran de la película ‘Piratas del Caribe’. La elevada  cifra de asistentes se logró gracias a los veraneantes, porque el pueblo a duras penas conserva la escuela abierta con 5 escolares en invierno. Mantener el colegio es prioritario para el Ayuntamiento. En 2017 el número de escolares se quedó en 3, al borde del cierre, aunque, afortunadamente, remontó. 

Enriquecer la actividad piscinera incluye también una oferta de restaurante con toques alternativos. "Queremos ofrecer una carta diferente", explica Lucía. Por eso se han decantado por los alimentos ecológicos y saludables y por la cocina vegetariana, sin renegar de los guisos tradicionales.

El periplo vital de los gestores de la piscina arrancó muy lejos de San Agustín. Ninguno de ellos tiene vínculos familiares con la localidad. La más cercana por el lugar de nacimiento es Lucía Muñoz, nacida en Teruel capital, aunque reconoce que no había estado en el pueblo hasta que asumió la gestión del equipamiento municipal. De más lejos han llegado Ester y Sergio, dos gaditanos que se conocieron en Teruel.

A pesar de su origen lejano, Sergio y Lucía se sienten perfectamente adaptados en San Agustín, que se ajusta como un guante a sus expectativas vitales. "Vivía en Valencia dedicado al diseño gráfico pero quería cambiar de vida y siempre había tenido la inquietud de ir a un pueblo". La crisis de 2008 le dio la puntilla a su etapa urbanita. Reconoce, no obstante, que no se "imaginaba" que su destino fuera un pequeño pueblo turolense en la frontera con Castellón.

Lucía Muñoz se asentó en la capital levantina y la "última idea" que le pasaba por la cabeza era instalarse en San Agustín. Sin embargo, la oferta de la tercera socia del equipo, Ester, para gestionar conjuntamente las piscinas de la pequeña localidad turolense la animó a probar suerte. Tres años después de aquella decisión arriesgada, no se arrepiente porque está "muy a gusto, fenomenalmente", en el pueblo. "Tengo la sensación de que no he sido yo la que ha elegido el sitio, sino al revés", resume.

La excepcional acogida de los vecinos y del Ayuntamiento han contribuido a que la pareja echara raíces. El Consistorio les ofreció en 2015, tras el verano, la posibilidad de quedarse a pasar el invierno, y allí siguen. Lucía complementa los ingresos del negocio estival con clases de inglés a los niños el resto del año, mientras que Sergio hace trabajos temporales y dispares en la comarca y sigue con el diseño gráfico desde casa, pero siempre reservando el verano para las piscinas.

Reconocen que el pueblo experimenta un cambio drástico al terminar septiembre, cuando las calles se vacían y, frente a unos máximos estivales de 700 personas residentes en el pueblo y su docena de pedanías habitadas, el censo se queda por debajo del centenar.

"El cambio es radical. En septiembre se nota un tremendo bajón de las ‘revoluciones’. No hay gente ni coches por las calles y llega el frío. Hay que pasar más tiempo en casa y empezar a cortar la leña para la estufa", explica Sergio, que, a pesar del parón de actividad invernal, afirma convencido que "no cambiaría San Agustín por ningún otro sitio".

A Lucía el pueblo le ha permitido materializar su sueño de un "estilo de vida" alejado de la ciudad, "con una existencia en comunidad, con un ritmo más pausado y en contacto con la naturaleza que permite constatar el paso de las estaciones o las fases de la luna". Y San Agustín es una fuente inagotable para saciar estas necesidades.  

Reabrir la tienda, un objetivo alcanzado para asentar población en el municipio

San Agustín acaba de recuperar un servicio básico con la reapertura del Multiservicio Rural, un establecimiento promovido por el Ayuntamiento, la Diputación Provincial y la Cámara de Comercio que aúna tienda de ultramarinos, cafetería y despacho de pan. Yolanda Fernández, una joven catalana, está al frente del negocio con su pareja. Ambos llegaron desde Castellón sin más conocimiento del pueblo que una visita esporádica para verlo "tras una nevada". Recuerda que en aquel primer contacto la población les gustó "mucho". Han residido en otros lugares de Levante, pero "ninguno tan pequeña como San Agustín", aclara.

El gancho para probar suerte fue un reportaje sobre el Multiservicio de San Agustín en la televisión, explica Yolanda. Tras contactar con el Ayuntamiento, reabrieron el local –cerrado desde el verano de 2017– el pasado mes de marzo. No se arrepiente de sus decisión porque están "muy bien y tranquilos". Sus planes de futuro pasan por echar raíces. "Confiamos en que todo salga bien para seguir en San Agustín", explica la gestora de la única tienda del pueblo.

Entre los núcleos despoblados y las urbanizaciones salpicadas por la polémica

Una de las singularidades de San Agustín es su hábitat disperso, con una veintena de núcleos además de la población cabecera, aunque solo diez están habitados todo el año. La disgregación de la población en barrios y masías comporta un coste añadido para la prestación de los servicios básicos, como explica el teniente de alcalde, Daniel Riera. "Empezando por el mantenimiento de los accesos, la dispersión supone un esfuerzo económico extra", dice.

La presencia de varios núcleos despoblados ha dado lugar a iniciativas urbanísticas y repobladoras dispares. Una de las pedanías deshabitadas, El Más de Pastores, fue demolida al completo y reconstruida de nueva planta como una urbanización de viviendas destinadas a segundas residencias, fundamentalmente para propietarios de la Comunidad Valenciana. Más tarde, el mismo promotor intentó poner en marcha una urbanización de 400 casas unifamiliares de madera y un campo de golf, pero el proyecto fue abortado en 2007 por el Gobierno aragonés por problemas legales. Daniel Riera aclara que el desarrollo de la localidad no pasa en ningún caso por retomar la senda de las grandes urbanizaciones.

LOS IMPRESCINDIBLES

El colegio resiste

El colegio de San Agustín resiste con cinco alumnos, aunque estuvo en el filo de la navaja en 2017 cuando se quedó con solo tres, el mínimo exigido por la DGA para mantener una escuela si hay expectativas de crecimiento.

Futuro para el Mas Blanco

La asociación Recartografías, vinculada a la Universitat de València, ha puesto en marcha un proyecto para rehabilitar y aprovechar con fines culturales edificios del Mas Blanco, uno de los muchos despoblados del municipio.

En la frontera

En la zona alta de la fachada de la Casa Consistorial una leyenda recuerda al visitante:_"Esta tierra es Aragón". La reivindicación de la identidad aragonesa es habitual en esta localidad enclavada en la frontera con Castellón.

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