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Aragón

Lucky Oamen: "En Libia estuve dos meses secuestrado, asesinaron a mi tío y me amenazaron de muerte"

Este migrante nigeriano, rescatado por el Aquarius, vive desde hace un mes en Zaragoza. Vivió el horror del país magrebí donde los negros son víctimas de todo tipo de violencia.

Lucky Oamen, un nigeriano de 26 años que vivió la odisea del Aquarius, espera encontrar en España su oportunidad.
Lucky Oamen, un nigeriano de 26 años que vivió la odisea del Aquarius, espera encontrar en España su oportunidad.
Guillermo Mestre

Cada uno de los migrantes del Aquarius tiene una historia dramática detrás. Como los cientos que siguen arribando a las costas españolas. Lucky Oamen, un nigeriano de 26 años, llegó a Zaragoza el 26 de junio porque tuvo la suerte de encontrarse con un "buen samaritano" libio que le escondió en su casa. Adamou Cherif, un togolés de 21, huyó de su país, dejando allí a su mujer y sus cuatro hijos (dos parejas de gemelos) por razones políticas. Ambos, que ahora dedican gran parte de su día a día a aprender español, son el relato vivo de cómo en el país magrebí los negros son tratados como esclavos.

La prioridad absoluta de Lucky era no ser devuelto al infierno de Libia. Llegó allí con 18 años para aprender el oficio de operario eléctrico con su tío que regentaba un taller. En su país natal dejó a su madre y a su hermana pequeña. "No pude estudiar porque a los 10 años fallecieron mi padre y mi hermano mayor en un accidente. Empezó entonces para mí una vida muy dura", relata en la sede de la organización Accem. No cree que estas muertes fueran casuales, sino que las vincula a la negativa de su familia cristiana a hacer lo que les exigía la mafia local. Su madre ya viuda tampoco quiso "doblegarse a las prácticas animistas" y las amenazas siguieron.

Vio en Libia una salida, pero una vez allí descubrió un país en el que no podía salir de casa por miedo a ser atacado. El horror llegó una madrugada en que "un grupo de árabes" entraron en casa de su tío pidiéndole un dinero que no tenía y acabaron asesinándole a tiros. A él le encontraron escondido y lo secuestraron para mantenerlo encerrado en lo que los observadores internacionales llaman lugares de cautiverio, en los que manda una milicia, una banda criminal o una mezcla de ambas. Aunque no era muy consciente del paso del tiempo, calcula que estuvo dos meses en una habitación oscura en la que cada cierto tiempo entraban para golpearle y preguntarle por el sitio donde su tío guardaba el dinero. "Cada dos o tres días me daban un poco de pan y un vaso de agua. Me amenazaban con matarme si no les decía lo que querían y yo no tenía ni idea", desgrana.

La suerte quiso que una noche uno de sus captores, borracho y fumado, se dejara la puerta abierta tras darle una paliza. Huyó bosque a través y paró al primer coche con el que se cruzó con el miedo a acabar debajo de sus ruedas. El conductor acabó acogiéndole un mes en su casa a cambio de ayuda en algunas tareas puertas adentro de la habitación que compartían. "Estaba asustado y confuso, no podía salir a la calle. No quería volver a mi país y tenía miedo de seguir en Libia", resume.

Después de un mes, una madrugada, no sabe por qué, su protector y otro hombre lo condujeron en coche a una playa en la que embarcó junto a otro centenar de personas rumbo a Italia. Desconoce si le pagaron el pasaje. Pasaron entre 14 y 15 horas en un bote apiñados y sin poder moverse ni ponerse de pie. El miedo les invadió cuando les sobrevoló un helicóptero y vieron un barco grande con la bandera de Libia. Lloraron aterrorizados y las lágrimas volvieron cuando comprobaron que eran sus rescatadores. Comenzó así su odisea en el Aquarius.

Para España solo tiene palabras de agradecimiento. En Valencia no pudo conseguir un móvil y llegó sin nada encima; una vez en Zaragoza sí pudo llamar a su madre, con la que no contactaba desde hace seis meses. Ella está contenta, pero Lucky no le ha contado que su tío está muerto; no quiso acabar con su alegría dándole esta terrible noticia. En Zaragoza ha buscado una iglesia católica cerca del piso en el que vive y sale a un parque a hacer ejercicio. Cuando ve noticias acerca de la llegada de migrantes, que no entiende, piensa en la suerte que ha tenido y da gracias a Dios por "el milagro". Al final de una hora de conversación hace bromas sobre que es un joven afortunado como su nombre. Sus ojos se encienden cuando habla de fútbol, dice que es un buen jugador, y cita a ídolos como sus compatriotas Víctor Moses o John Obi Mikel y el delantero español Fernando Torres.

Aquarius

Rescate en alta mar, en la madrugada del 10 de junio, de parte de los 620 migrantes salvados por el Aquarius. Óscar Corral

"Prefería morir en el agua que vivir en la miseria"

Adamou Cherif (togolés, 21 años) cuenta su historia en los locales de Cepaim entre lágrimas y evita la foto. "Mi gobierno es capaz de todo", afirma. Le separan más de 3.500 kilómetros de su mujer y sus cuatro hijos ( gemelos).

Migrar no era su proyecto de vida, pero su militancia política le obligó. Simpatizante del Partido Nacional Panafricano, principal formación opositora, participó en una marcha por los derechos civiles. La misma noche que la policía detuvo al amigo con el que estuvo en la movilización huyó.

Era un 17 de octubre de 2017. En un camión viajó seis días hasta Sabba (Nigeria), donde pintó casas y reunió dinero para ir a Libia. En Trípoli trabajó como herrero, descubrió el horror del país y llegó a una conclusión: "Prefería morir en el agua que vivir en la miseria".

Le pagó unos 2.500 euros a un libio que le condujo a una playa en la que se escondió 12 días hasta embarcar. En una barcaza hinchable navegaron hacinadas 118 personas tres días sin dejar de achicar agua. Cuando les llegó al pecho empezaron a rezar, cada uno en su idioma. "Un helicóptero nos sobrevoló y vimos un barco grande desde el que vinieron a ayudarnos, pero la gente se puso nerviosa, la barca se hundió por completo y murieron ocho compañeros", recuerda emocionado. Él sabía nadar y se salvó. Mecánico y soldador solo tiene palabras de agradecimiento para España y asegura que su "nueva madre" es la trabajadora social que le ayuda.

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