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Aragón

Aragón, un país de montañas

Senderismo en familia por el parque natural del Moncayo

Las Peñas de Herrera cautivan la atención del viajero que transita por el Somontano del Moncayo.

Un senderista asciende a las Peñas de Herrera
Un senderista asciende a las Peñas de Herrera
Prames/Roberto Regueiro

Desde la calle Mayor de Talamantes, abandonamos el pueblo tras cruzar un pequeño puente con el que salvamos un barranco sin mayor dificultad.

Las Peñas quedan a nuestra vista, ahí, al fondo, haciendo intuitiva la ruta. A medida que vamos avanzando, las choperas y juncos que alberga el barranco de Valdeherrera se convierten en una vegetación de matorrales; aunque no lo parezca, esta zona era antaño dominio de los robles y carrascas.

Llegamos así hasta una planicie atravesada por el arroyo. Siguiendo la dirección del torrente, ganamos altura y progresamos más cómodamente por las pendientes desnudas de matorral. La senda nos acerca hasta una paridera, desde la cual se alcanza, sin dificultad alguna, el collado más visible, situado entre dos Peñas (01"30 h). Una vez alcanzado este punto, y por la misma vertiente de la que venimos, podemos contornear las Peñas en dirección hacia el Suroeste y llegar de este modo hasta la peña más alta (1.564 metros, 30 minutos desde el collado). También cabe la posibilidad de superar el collado y acceder por su cara Noroeste -en invierno se recomienda su cara sur, más soleada y que habitualmente se encuentra exenta de hielos-, la cual nos conduce hacia una hendidura que permite alcanzar su techo.

El hecho de que estas gigantes moles se conozcan también con el nombre de castillos de Herrera atiende, aparentemente, a los restos que en su base se encuentran de lo que fue el castillo de Ferrera.

Desde esta atalaya somos testigos de uno de los parajes más emblemáticos que existen en Aragón. Al Oeste, el omnipresente Moncayo (2.316 metros) y la provincia de Soria con sus molinos; al Sur, el Barranco de Covachuela y la Peña de los Moros; bajo nuestros pies, y al Norte, el Campo de Borja, donde destaca, entre otros, Veruela; más allá, la comarca de Tarazona , por si fuera poco, con un lejano fondo blanco inmaculado, el que forma nuestro querido Pirineo.

Las Peñas de Herrera forma parte del gran macizo del Moncayo, el de mayor altura de todas las sierras de la Cordillera Ibérica. En él se conservan las formas de tres espléndidos circos glaciares que se adivinan desde las Peñas: en este orden, el circo de Morca, el circo de San Gaudioso y el pozo de San Miguel.

Para efectuar el descenso, podemos tomar el mismo camino por el que subimos (unas dos horas) o bien acceder al collado del Campo por la visible pista forestal que bordea la cara Sur de las Peñas. Desde el collado, se enlaza con el GR 90, mediante el cual se desciende hasta la localidad de Talamantes. En caso de que optemos por esta última opción, el descenso nos llevaría unas 3 horas.

LA FLORA

La carrasca: la diferente orientación de las laderas propicia el asentamiento de una vegetación natural que, escalonadamente, se adapta a la altitud. Aparte de la presencia de robledales -de dos tipos: robles y rebollos - y hayedos -entre los más meridionales de Europa-, cabe destacar la encina o carrasca, situada en las faldas del Moncayo, y el pino silvestre, proveniente de la repoblación y de cuatro clases: silvestre, negro, laricio y rodeno.

LA TRADICIÓN

El Cipotegato: una de las tradiciones más conocidas con repercusión es el Cipotegato, en la ciudad de Tarazona . Su nacimiento tuvo lugar en torno al siglo XVII y se celebra el 27 de agosto. Cada año, un Cipotegato elegido por sorteo sale del ayuntamiento. Vestido con un traje multicolor y arlequinado, recibe durante su recorrido una lluvia de tomates, de las que apenas puede defenderse con una barra de madera de la que pende una pelota de goma.

EL ARTE

Orden del Císter. Diferentes estilos artísticos se han dado cita en las faldas del Moncayo. No obstante, la presencia de la orden del Císter en el siglo XII hizo que el monasterio de Nuestra Señora de Veruela, fundado en 1146, fuera un referente, nacional e internacional, del arte cisterciense. Dentro de sus muros, Gustavo Adolfo Bécquer escribió sus célebres “Cartas desde mi celda”, además de algunas rimas y leyendas.

Impresionantes moles de calizas jurásicas, las Peñas de Herrera pronto cautivan la atención del viajero que transita por el Somontano del Moncayo. Aún quedan en su base vestigios de una antigua fortaleza.

DATOS ÚTILES:

Horario. 2h 30 min. de ascensión.

Época idónea. Cualquier época del año. La nieve, en ocasiones, puede hacer acto de presencia.

Material necesario en época de invierno. Prendas de abrigo que transpiren adecuadamente. Botas de montaña, botiquín, agua, comida y cartografía de la zona con sus respectivas reseñas.

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