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Aragón

Un complejo con cifras dignas de una ciudad

La macroplanta consumirá tanta agua como la ciudad de Calatayud y será una de las seis mayores clientes de Endesa en Aragón cuando esté a pleno rendimiento.

Un camión pasa junto a los terrenos elegidos para levantar la planta de Bon Àrea.
Un camión pasa junto a los terrenos elegidos para levantar la planta.
Aránzazu Navarro

La plataforma agroalimentaria de Bon Àrea tendrá proporciones gigantescas. Para hacerse una idea, sus 31 naves ocuparán una pastilla de suelo de 169 hectáreas, equiparable a construir una interminable hilera de edificaciones desde la plaza de España hasta el hospital Militar de Zaragoza (3,2 kilómetros), cuya anchura llegaría hasta plaza de San Miguel (450 metros de media).

Semejante complejo se ha diseñado al detalle para garantizar que funcione al milímetro. Y buena parte del secreto estará bajo tierra, en las galerías que comunicarán las distintas líneas de producción y estas a su vez con el centro logístico para agilizar todos los procesos. De hecho, todos los productos en proceso de elaboración o ya terminados se desplazarán por estas redes mediante cintas transportadoras en decenas de miles de cajas, que acabarán en centenares de camiones para alimentar desde Épila la expansión de la red de tiendas por el Levante, Madrid y el norte de España. Y el trasiego, como es de imaginar, será igualmente colosal: se estima que se precisarán 200.000 cajas diarias, de 60x40 centímetros de base y con altura de 15 y 18 centímetros, diseñadas específicamente para la compañía.

Todas ellas se limpiarán en un centro de lavado de 26.821 metros cuadrados, casi como tres campos de fútbol, que funcionarán 20 horas al día. «Se precisan 3 líneas de 4.000 cajas/hora, con su posterior secado, clasificación y apilado», especifica el detallado documento elaborado por un equipo de ingenieros industriales de la oficina de Idom de Zaragoza.

La plataforma contará con trece centros de actividad diferentes, que comprenden la fabricación de productos sin gluten, cárnicos, quesos, zumos y gazpachos y otro tipo de líquidos, frutas y verduras, postres, pan, frutos secos y piensos, además de cuatro mataderos (vacas y ovejas, pavos, pollos y cerdos), un centro agrario diseñado para asumir 65.000 toneladas anuales y un mastodóntico centro logístico.

Este último funcionará como epicentro del complejo, con cuatro naves en paralelo y otra perpendicular, con 104 muelles para la carga de camiones y en la que se podrán preparar pedidos de forma automática. Cada una de ellas se especializará en un tipo de producto (fresco, secos, congelados y expediciones), con una capacidad máxima de tratar 10.200 cajas a la hora.

El tráfico será proporcional a la producción, por lo que se han previsto 1.040 plazas de aparcamiento para camiones, a las que se sumarán otras 365 de atraque distribuidas por las diferentes naves. Los trabajadores y clientes dispondrá de otras 3.354 destinadas a coches repartidas a lo largo y ancho del complejo.

Para que todo funcione a la perfección, el complejo contará con construcciones auxiliares, como talleres generales, de ingenierías y para vehículos, lavadero para camiones y hasta un edificio destinado a los chóferes. En este último caso, sus 600 metros cuadrados repartidos en dos plantas permitirá descansar a los profesionales en «amplias zonas de estar con televisión», pero también dispondrán de un bar, una tienda con un comedor anexo y una zona de baños y vestuarios. En la parte superior habrá 30 dormitorios.

En total, la superficie construida dedicada a naves se ha estimado en 614.067 m2, un 38,5% de la edificabilidad total.

Como se detalla en el proyecto, la mayoría de las naves serán de 300 metros de longitud y 50 de anchura, cuyos procesos se realizarán únicamente en la planta baja para reducir los costes y evitar problemas «como pueden ser las sectorizaciones entre pisos, las goteras, los trasvases de productos entre plantas, etc...». No obstante, habrá excepciones, como el matadero de cerdos, por ser más eficiente.

Todo está pensado para maximizar la eficiencia y reducir los consumos eléctricos, que serán imponentes a pesar de que las fachadas serán ventiladas, se instalarán paneles frigoríficos en las que requieran bajas temperaturas en el proceso productivo y las cubiertas serán enrejadas para generar corrientes y mejorar así la climatización. Aun así, el complejo requerirá 46.857 MW/H de electricidad en su fase inicial, una cifra que le convertirá entre los veinte mayores consumidores de Aragón. Y cuando esté a pleno rendimiento, alcanzará los 310.882 MW/h al año, que le catapultará a la media docena de mejores clientes de Endesa.

En un principio podrá alimentarse de la línea de 132 kV del vecino polígono El Sabinar, pero para en la segunda fase está previsto construir una central propia. Igualmente, dispondrá de su propia depuradora y potabilizadora, que tratarán en un principio 4.000 metros cúbicos al día, aunque las instalaciones tendrá capacidad suficiente para triplicar la cifra. Aunque las previsiones máximas de consumo habladas con el Instituto Aragonés del Agua son algo inferiores, se equiparan a las de la ciudad de Calatayud.

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