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Aragón
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Aragón, un país de montañas

Una ruta circular para disfrutar la sierra de Gúdar

Alrededor del pico Peñarroya, el Sendero Turístico de Aragón PR-TE 29 enlaza Alcalá de la Selva, Gúdar, Linares de Mora y Valdelinares, para gozar de su naturaleza y su patrimonio.

Un grupo de senderistas atraviesa un paso en la senda fluvial del río Alcalá, en la sierra de Gúdar.
Un grupo de senderistas atraviesa un paso en la senda fluvial del río Alcalá, en la sierra de Gúdar.
Diego Mallén

La comarca de Gúdar y Javalambre ofrece las mayores alturas de la provincia de Teruel, en una zona de gran valor natural. Bosques, miradores o ríos se suman a un importante legado monumental y cultural, para ser disfrutado sin prisas; como permite el sendero PR-TE 29: una ruta recientemente homologada como Sendero Turístico de Aragón, que propone una vuelta circular a la sierra de Gúdar enlazando cuatro localidades alrededor de su mayor cumbre, el pico Peñarroya (2.019 m) y atravesando algunos de sus parajes más emblemáticos.

En total son 50 km, con etapas cortas y sin desniveles importantes, pensados para recorrer entre dos y cuatro días, en la dirección y orden que prefiera cada caminante; para así descubrir un territorio repleto de sorpresas a cada paso, como los bosques de pino negro más meridionales de Europa.

Este medio natural ha sido aprovechado tradicionalmente por el hombre mediante las masías, que aún jalonan los caminos que aprovechan las rutas senderistas. En paralelo, los pueblos ofrecen un rico patrimonio monumental, en el que destacan especialmente los testimonios de la Baja Edad Media y de época barroca.

Hacia Valdelinares

La travesía del PR-TE 29 puede comenzarse desde cualquiera de las cuatro localidades que conecta. Por ejemplo, elegimos salir de Linares de Mora y recorrer el sendero en sentido contrario a las agujas del reloj.

Saliendo del pueblo, el antiguo camino a Valdelinares pasa por el pino del Escobón, un monumental ejemplar de pino laricio que destaca por sus 22 m de altura y 1,40 m de diámetro de tronco y la forma redondeada de su copa. Este histórico árbol de la comarca muestra un hueco por haberse utilizado tradicionalmente para extraer tea y ahora encontramos junto a él una fuente y un merendero.

Luego el sendero remonta el río Linares para acercarse al Molinete, un molino harinero ubicado en un entorno de gran belleza, con pozas y saltos de agua en donde abundan las truchas.

Se sigue el río y luego el barranco de Las Ranas, pasando junto a varias antiguas masías, hasta pasar la fuente del Espinillo y alcanzar Valdelinares, que situado a 1.693 m de altitud compite por el título del municipio más alto de España; los barrancos cercanos muestran trazas de modelado periglaciar, que recuerdan la singularidad de esta sierra.

Masías y puentes de madera

El camino hasta el siguiente pueblo, Gúdar, discurre por el valle de Las Motorritas, en donde se suceden las viejas masías y todavía abunda el ganado vacuno pastando en verano. Cerca de la ermita de Santa Quiteria se encuentran los caños de Gúdar, a donde se llega por un tramo acondicionado por el río con puentes de madera. Se trata de una cascada natural junto a la que observan varios ojos que, si las lluvias han sido copiosas, alimentan el caudal del Alfambra.

El tramo hacia Alcalá de la Selva discurre entre los densos pinares que caracterizan a la comarca hasta llegar a la fuente y acueducto del Nacimiento, obra datada entre los siglos XIV y XV para llevar agua a la localidad y que conserva la estructura con la que salvaba el barranco del Nacimiento. Las vistas del castillo medieval acompañan al acercarse a la localidad.

De regreso ya a , el PR sigue una atractiva senda fluvial junto al río Alcalá que pasa junto a la piedra del Sapo, a la que la tradición local atribuye poderes mágicos como aumentar el vigor sexual de los varones. El río se remonta hasta el santuario de la Virgen de la Vega, templo barroco, aunque el edificio sustituyó a otros anteriores, a cuyo alrededor se ha desarrollado una urbanización turística.

Un tramo de pista lleva del santuario a la ermita de San Miguel, desde donde se abre el vallecillo del río Paulejas, otra zona en la que se suceden las masías hasta alcanzar de nuevo Linares de Mora y cerrar nuestra vuelta circular por la sierra de Gúdar.

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