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"No es un trabajo, es una forma de vida que conecta con la naturaleza"

Josan Rabal desarrolla en Ulle, en La Jacetania, el proyecto Ulleco, de producción de huevos camperos que proceden de gallinas que crecen en total libertad.

Cuando Josan Rabal era pequeño le gustaba salir a la calle y corretear detrás de las gallinas que crecían libres en los corrales de algunos de los vecinos de su pueblo natal, Ulle, una pequeña localidad situada muy cerca de la ciudad de Jaca.

Con esta imagen de las gallinas creciendo bajo los rayos de sol y las gotas de lluvia, Josan, que salió del pueblo muy joven para jugar en la Sociedad Deportiva Huesca y trabajar en Navarra, como interino en la Administración Foral, decidió retornar hace dos años a sus orígenes y cambiar el asfalto por la naturaleza, montando una granja de gallinas ponedoras que crecieran en libertad. «Lo que diferencia mi proyecto Ulleco de otros similares es que yo no cuento con una nave central en la que los animales comen, duermen y desarrollan prácticamente todo su ciclo vital, con salidas esporádicas por los alrededores de esta instalación. Mis gallinas viven todo el día fuera, al aire libre, y comen directamente del suelo la yerba que crece en la parcela o el pienso sin transgénicos con el que complementan su alimentación», matiza.

Y así se comprueba cuando se visita el lugar donde cría estas gallinas. Una superficie vallada de 11.000 metros cuadrados, con terreno suficiente para 1.000 animales (las que tiene en la actualidad) y cuya cantidad no quiere aumentar porque «prefiero la calidad a la cantidad y con más gallinas ya no sería fiel a mi idea de negocio original que no es otra que producir huevos camperos, de kilómetro 0, para comercializarlos en determinados restaurantes y tiendas de Jaca y entre clientes particulares que se acercan a la granja o los encargan», recuerda.

Clientes que ha conseguido gracias al boca a boca y con los que tiene toda la producción vendida. «En estos momentos no doy a basto con la demanda que tengo. Las gallinas ponen más o menos dependiendo de la época y la gente que consume este tipo de productos lo sabe y no pone pegas. Al contrario, saben esperar porque la recompensa merece la pena», explica este ganadero autodidacta, que se inició en el mundo de la avicultura mientras realizaba un curso de incorporación ganadera en Oviaragón.

Allí aprendió que hay que cuidar y respetar el ciclo natural de los animales, y eso es lo que intenta transmitir a las decenas de personas que acuden a su granja para ver ‘in situ’ cómo viven estos animales. «No se trata de visitas organizadas, sino de gente que viene hasta aquí para ver mi manera de trabajar y de paso aprovechan para comprar huevos. A toda esta gente siempre les digo lo mismo cuando me preguntan si me gusta mi trabajo: no es un trabajo, es una forma de vida, que te permite conectar con la naturaleza, vivir de una forma más pausada, sin relojes».

Más información en el Suplemento Heraldo del Campo

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