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Aragón

¿Deberes escolares en verano? Mejor aprovechar las vacaciones para aprender jugando

Profesores y orientadores rechazan imponer a los niños tareas repetitivas y agobientes, pero sí recomiendan que lean y escriban.

Un grupo de jóvenes, de excursión en el Pirineo
Un grupo de jóvenes, de excursión en el Pirineo
Heraldo.

Con las vacaciones escolares recién estrenadas, vuelve el debate a las familias sobre los beneficios (o no) de los deberes en verano.

¿Es bueno tener a un niño de primaria sentado varias horas al día repasando las lecciones del cole? ¿Sirve para algo? ¿Es mejor dejar que desconecten totalmente durante estos dos meses y medio? ¿Que se asilvestren y rompan con todas las rutinas? ¿O es más sensato no soltar amarras del todo?

Este es el clásico debate de cada año por estas fechas y las opiniones son tan variadas como las familias que las emiten. Por algunos padres los deberes estarían totalmente prohibidos por innecesarios y rutinarios. Otros, en cambio, ven bien que los niños sigan manteniendo una cierta disciplina para que no olviden lo aprendido durante el curso.

Desde la Federación de Asociaciones de Padres y Madres de la escuela pública (Fapar) se recordaba este viernes que los niños también tienen derecho a descansar y "a aburrirse".

Su presidenta, Flor Miguel apunta que, por norma general, ellos no son muy partidarios de cargar a los menores con tareas obligatorias y deberes escolares durante las vacaciones.

"Hay que respetar el tiempo libre de los chavales, que puedan tener su tiempo de ocio  y hacer lo que les apetezca", defiende. "¿Eso significa que no tengan que hacer nada de nada?  Pues tampoco", apunta. La presidenta de Fapar considera que hay muchas actividades lúdicas, que pueden hacerse en familia, que son gratificantes para los menores y que también enseñan.

En el caso de los profesores, tampoco hay un acuerdo total. Hay docentes que recomiendan encarecidamente a los padres que utilicen las cartillas y libros especiales que las editoriales publican para el verano y otros que prefieren que sean las familias las que improvisen y decidan si sus hijos necesitan ese refuerzo académico durante el verano.

En lo que sí se ponen de acuerdo, más allá de la metodología que se emplee, es en que los alumnos, sobre todo los más pequeños, deberían dedicar algún ratito al día a leer y escribir. Aunque si esto se hace como un juego, mejor que mejor.

Opinión que comparte el presidente de la Asociación Aragonesa de Psicopedagogía, Juan Antonio Planas, quien no es muy partidario de posturas que solo contemplen el blanco o el negro. "En educación tendemos a polarizar los asuntos. Y yo creo que en este tema no se puede ser maximalista, no ayuda al niño ni la prohibición total de deberes en verano, ni la obligación rutinaria de tener que hacer todos los días problemas y ejercicios".

Para este orientador, lo mejor es una postura intermedia: "Obligar a un niño a estar todos los días dos o tres horas repasando lecciones o conocimientos de clase, probablemente no ayude. Agobiará y aburrirá al menor, que acabará odiando los deberes. Pero tampoco se puede permitir -afirma- que los niños y jóvenes estén casi tres meses sin tener ninguna actividad intelectual. Al menos, de lectura y escritura. Y escritura manual”, apunta.

Planas recuerda que no es lo mismo escribir a mano que en ordenador y recomienda a los padres que no lo olviden: “Se está perdiendo la escritura manual y está demostrado que hay una conexión importante entre la mano y el cerebro, que beneficia el desarrollo mental de los chavales”, explica.

Utilizar las tareas como premio o castigo

Como recomendaciones generales, Planas resume que todos los niños y adolescentes deben tener algún tipo de actividad intelectual durante los meses de verano. Y que esta actividad no debe estar supeditada ni condicionada por las notas que haya tenido el menor: “Es un error premiar o castigar al niño con deberes o sin ellos en verano. No es recomendable permitir, como premio, que no haga nada si el niño ha aprobado el curso o abrumarlo con tareas si lo ha suspendido”.

Tampoco se muestra partidario de los deberes repetitivos, de aquellas tareas que aportan poco a nada al niño. Y considera más formativo que se una la diversión y la creatividad al hecho de repasar conocimientos: por ejemplo, escribir diarios del verano, recopilar folletos y fotos de las vacaciones para dibujar o escribir redacciones sobre ellas… Aquí apunta la importancia de la participación paterna.

En opinión de Planas es un error dejar a los niños a su libre albedrío para que sean ellos quienes se responsabilicen de los deberes: “Hay que dedicarles tiempo y dependiendo de la edad del menor, lo mejor es ‘camuflar’ como juegos lo que es aprendizaje: jugar al veoveo mientras vas en el coche, que estimula la capacidad de observación del menor y mejora su vocabulario; leer cuentos juntos...”.

Por último, el presidente de la Asociación Aragonesa de Psicopedagogía hace referencia a dos cuestiones que suelen llevar de cabeza a los padres, sobre todo en verano: el enganche de los chavales al móvil y al ordenador y la pérdida de hábitos cotidianos. Sobre el primero de los puntos, este orientador recuerda que sin ser partidarios de prohibir nada, lo que sí afirma que no se puede permitir que los chavales estén horas y horas delante de los ordenadores. “El verano es para estar al aire libre haciendo ejercicio, jugando con los amigos, ir de campamentos..”. En cuanto a los hábitos, Planas recuerda que tanto niños como adolescentes deben ayudar en casa y mantener un cierto orden de vida en cuanto a dormir y madrugar.

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