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Heraldo del Campo

Diferente campaña, mismos temores

Habrá menor producción este año, pero lo que preocupa a los fruticultores aragoneses es que se repita el «desastre» de la pasada campaña, en la que la crisis de precios puso en jaque al sector.

Aragón cuenta con un gran potencial frutícola.
Aragón cuenta con un gran potencial frutícola.
José Miguel Marco

Las primeras cerezas aragonesas ya han llegado a los mercados. Es el inicio de una nueva campaña de fruta dulce en la que los productores de la Comunidad cruzan los dedos para que no se repita el «desastre» del pasado año.

De momento, no habrá el «cosechón» de la campaña anterior, en la que se recogieron más de 750.000 toneladas de fruta, una cantidad «nunca antes alcanzada», como llegó a reconocer el sector. Y gracias, porque en 2017 la alegría que podría haber supuesto disponer de una producción récord se convirtió en una auténtica pesadilla. El solapamiento de las producciones y la ralentización de las exportaciones saturaron el mercado nada más comenzar una campaña que se caracterizó por el desplome de los precios, que colapsó los almacenes y cooperativas, encaminó a muchos productores a la ruina y provocó la presencia de los tractores en las carreteras. Tal fue la situación que, contra todo pronóstico y cuando nadie confiaba en esa posibilidad, la Unión Europea incluso aprobó en pleno mes de agosto una retirada extra de fruta del mercado para aliviar la situación.

En esa ocasión, las previsiones realizadas por UAGA apuntan a una cosecha muy inferior, un 13% menos que la de la «histórica» campaña pasada. Pero, con todo, de las cerca de 38.000 hectáreas que los cultivos de fruta dulce ocupan en las comarcas aragonesas de Valdejalón, Bajo Cinca, Calatayud, Aranda, Caspe, Bajo Aragón, Matarraña y La Litera se espera recoger unas 654.881 toneladas, una cifra cercana la media de la Comunidad.

Se prevé que habrá menos melocotón, nectarina y albaricoque, que la reducción será significativa en ciruela y en manzana, mientras que la cosecha de pera apenas sufrirá cambios. Sin embargo, y los representantes del sector no saben explicar por qué, la cereza continuará siendo la gran protagonista, con un incremento del 15%. Estos descensos tienen mucho que ver con el clima. El invierno fue bueno y proporcionó al árbol las horas de frío que necesitaba para producir una fruta de calidad, pero las bajas temperaturas que se soportaron cuando comenzaba a acercarse la primavera mermaron la producción. Un descenso al que han ayudado también los episodios de granizo y las fuertes lluvias de las últimas semanas, que no solo han dañado gran cantidad de fruta sino que además han hecho que la recolección llegará con un retraso de unos quince días.

Con menos cosecha y de buena calidad, los productores aragoneses encaran una campaña diferente con mejores expectativas, confiados en que, si se cumplen las leyes del mercado, una menor oferta se traduzca en unos mayores precios.

Pero tienen los mismos temores. Miran hacia el cielo para que el clima no les juegue una mala pasada durante los más de dos meses en los que se alarga la cosecha. Y esperan que las temperaturas (elevadas) se conviertan en un aliado que anime a un consumo (y a unos precios) que no deja de adelgazar.

Aragón es la primera productora de fruta dulce de España. Y continuará siéndolo también durante esta campaña, en la que, según los cálculos de UAGA y si el tiempo no lo impide a lo largo de los próximos meses, se recogerán en la Comunidad un total de 654.881 toneladas, un 13% menos que el pasado año. Eso sí, en esta comparación no hay que olvidar que en 2017 se recogieron 756.643 toneladas, «una barbaridad», como aseguran los representantes del sector en esta organización agraria, Vicente López y Francisco Ponce.

«Es una campaña muy diferente», explica López. «Viene más tarde y habrá menos cosecha, porque ha habido más incidencias climáticas», justifica. Así, se prevé que la producción de albaricoque sume las 21.000 toneladas (-12%), que haya 280.000 toneladas de melocotón (-15 %) y 167.381 de nectarina (-16 %). Se recogerá un 27% menos de ciruelas, es decir, unas 7.500, mientras que la cosecha de manzana alcanzará las 72.000 toneladas (19%) y no habrá cambios en pera, ya que la producción estimada, 65.500 toneladas, es similar a la de 2017. La gran sorpresa la protagoniza la cereza, para la que UAGA estima una producción de 41.500 toneladas, un 15% más que hace un año. Y es una sorpresa «difícil de explicar», reconoce López, porque no se entiende cómo los árboles no solo han podido resistir, sino que incluso han aumentado sus frutos a pesar de las bajas temperaturas a los que estuvieron sometidos justo antes de su floración.

No serán tampoco las mismas las cifras de contratación, que es previsible que sufran una reducción porque hay menos fruta que recoger. A pesar de ello, el número de empleos que genera este subsector agrario es más que significativo y su descenso no será proporcional a la caída estimada de producción. Se prevé la realización de una contratación media de 10.000 personas, una cifra que podría dispararse hasta las 21.000 en momentos punta, como el mes de junio, coincidiendo con la recolección de la cereza, que exige una mayor mano de obra, no solo porque hay más producción, sino porque se trata de una fruta «delicada» de recoger. Pero lo que será igual -como es habitual en todas las campañas-, insiste el sindicalista, es el cumplimiento de las obligaciones laborales que asumen los empresarios.

«Somos el sector que recibe mayor número de inspecciones de trabajo. De hecho el pasado año tuvimos 1.300, pero el número de incidencias se redujo a 70 y fueron de pequeña importancia. A veces estamos muy criminalizados, pero según estas cifras no lo estamos haciendo tan mal», reitera López.

Y el sector espera además que sea una campaña muy diferente en cuanto a precios. Aún tiene fresco el recuerdo de un 2017 para olvidar, en el que las cotizaciones de su producción cayeron en picado hasta prácticamente no cobrar nada. Una situación que condujo a muchas explotaciones «al abismo», recuerdan los representantes de UAGA, que reconocen que no hay cifras concretas del número de explotaciones que se han visto obligadas a echar el cierre, pero «yo tengo amigos y conocidos que se han ido a otros sectores, que tenían tierras arrendadas y las han dejado o que directamente han abandonado el cultivo», asegura López.

Crisis estructural

La nueva campaña -y sus escasas similitudes con la de 2017- no disipa, sin embargo, los temores que los productores arrastran desde hace varias cosechas. «Estamos preocupados, y mucho, porque venimos de unos años muy malos y el futuro no es bueno», dice López. Y es que, tras las numerosas reuniones que las organizaciones agrarias han mantenido con los responsables del Ministerio, el sector frutícola se encuentra donde estaba: atomizado, desestructurado y escasamente -por no decir nada- organizado, arrastrando una crisis estructural, sin capacidad para influir en los precios y peleando frente a grandes cadenas de distribución «que sí saben a lo que juegan», señalan Vicente López y Francisco Ponce. Un escenario derivado, lamentan, del escaso compromiso del departamento que dirige Isabel García Tejerina, «que habla de medidas, nos dice lo que tenemos que hacer, pero no está dispuesto a poner un solo euro».

Ponce explica que el sector es consciente de que hay que buscar soluciones a largo plazo, pero detalla que esperaba que el Ministerio pusiera sobre la mesa ayudas que permitieran al agricultor mantenerse. «La sorpresa es que no contempla medidas a corto plazo. Esa es nuestra decepción», matiza Ponce, quien explica que los agricultores tendrán que hacer frente a sus graves problemas de liquidez con «alivios fiscales y préstamos bonificados apoyados por el Gobierno de Aragón». Y están a la espera de una línea de créditos avalada por Saeca y cuyo importe se eleva hasta los 40 millones.

Aunque la cosecha de 2017 lanzó al mercado una superproducción que hizo plantear al sector la necesidad de poner en marcha un plan incentivado de arranque, lo cierto es que desde UAGA temen que no sea tan eficaz y, además, que perjudique al pequeño productor. «No es la mejor solución», señala Vicente López, quien matiza que en cualquier caso solo sería una buena alternativa para aquellos productores cercanos a la jubilación. En su opinión, el efecto perverso de un arranque indiscriminado «sería la salida del sector de los pequeños productores, que son los que están en los pueblos y fijan la población, pero no reduciría superficie en las grandes explotaciones que son las que están distorsionando el mercado».

Ponce corrobora el argumento. «El arranque no gusta al sector, que lo que quiere es producir y que se consigan buenos precios», insiste. Y señala que sería incongruente primar la destrucción y, a la vez, propiciar la plantación de grandes superficies, como las que están aflorando en los últimos tiempos.

Calidad

La campaña que ahora llega a los mercados lo hará además con fruta de buena calidad, que podría haber sido excepcional si no lo hubiera impedido una «primavera tan anómala».

Y los productores esperan que los precios respondan a esa cualidad. «Desde el Ministerio nos dicen que no producimos calidad y que por eso tenemos un problema de precios, pero no estamos nada de acuerdo», insisten los representantes del sector en la organización agraria UAGA.

Porque aunque reconocen que los fruticultores no todo lo han hecho bien y en algunas ocasiones han estado más preocupados por la rentabilidad que por el sabor, el sector responsabiliza a las grandes cadenas de distribución de querer «fruta muy bonita a la vista que luego no se puede comer». Un argumento que justifican detallando que ahora se hace hincapié en el grado de frutosa de las piezas, pero luego las cadenas no quieren en sus lineales una fruta recolectada muy madura, que es precisamente la que tiene esos niveles más altos.

Veto ruso

Sus temores miran también hacía los mercados, cuyo comportamiento depende, en parte, del clima. «Hace falta que el verano sea caluroso, con las altas temperaturas se consume más», recuerda López, quien reconoce, con resignación, que el sector ya casi ni habla del veto ruso «porque tras cinco campañas, ya nos hemos acostumbrado a no contar con ese mercado».

Lo que preocupa es que este boicot, lejos de solucionarse «incluso va a empeorar, dadas las decisiones de este país», asegura el sindicalista, que lamenta que «si en lugar de productos agrícolas fueran de otro sector esto ya estaría solucionado».

El representante de UAGA señala que los fruticultores han buscado clientes alternativos, en el Magreb, en los países árabes o en China, pero «no tienen el poder adquisitivo que tenía el mercado ruso». Insiste, además, en que un mercado no se cambia por otro de la noche a la mañana y asegura que el gigante asiático supone muchas dificultades «porque el protocolo de exportación es extremo y a veces no sale a cuenta porque el riesgo es mayor que el beneficio».

Una cosecha a la baja en toda Europa y menos de lo esperado en España
La reducción de cosecha no es privativa de la Comunidad aragonesa. Las inclemencias del clima (intensas lluvias, heladas, granizo) han recorrido las zonas productoras españolas y, más allá, las europeas.

En España habrá menos de lo que se esperaba. Así lo recogen las últimas estimaciones realizadas por Cooperativas Agroalimentarias, que ha revisado a la baja sus primeros cálculos. Si el pasado 11 de mayo estimaba que España recogería 1.802.709 toneladas de melocotón, paraguayo, pavía y nectarina, ahora, y tras conocer los últimos datos de Cataluña, sitúa esta cifra en 1.514.609 toneladas, lo que supone un descenso del 11,3% respecto a la campaña anterior.

Los datos los expuso Javier Basols, representante de Cooperativas Agroalimentarias de España, durante su participación en Europech, foro europeo en el que los países productores ponen en común su información sobre la estimación de cosecha. Allí detalló que en España se esperan 582.090 toneladas de nectarina (-16%), 312.602 toneladas de paraguayo (-12%), 309.960 de melocotón (-12%) y 309.957 de pavía, la única producción que se salva de esta tendencia bajista y se anota un incremento del 2%.

Aunque en el foro no se compartió información de otras producciones, Cooperativas destaca «la situación particular» de la ciruela, para la que se espera una caída del 20%, fundamentalmente debida a los problemas de cuajado en Extremadura, y de albaricoque, la única que crece significativamente (9%), hasta sobrepasar las 140.000 toneladas.

La cosecha será menor también en Italia, donde se esperan 215.000 toneladas (-16%). Francia también rebajará -aunque menos- su producción este año y se quedará por debajo de las 200.000 toneladas. La excepción la protagoniza Grecia donde se espera recoger 810.000 toneladas este año, frente a las 680.000 de 2017.

Con esta situación Basols mostró su confianza en que la salida de la fruta de las distintas regiones se produzca siguiendo un correcto escalonamiento y que la climatología alcance pronto y de manera sostenida temperaturas estivales, favorables al consumo. Además, los representantes europeos se mostraron optimistas, ya que «en este escenario de cosecha corta, equilibrada y de buena calidad», la campaña tendría que llegar con cotizaciones correctas y que el mercado debería tener un comportamiento menos congestionado que el del verano pasado.

Más información en el Suplemento Heraldo del Campo

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