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Opinión

Falta un año

A falta de un año para las elecciones autonómicas y municipales, en coincidencia con las europeas –la fecha más probable es el 26 de mayo–, Lambán sabe que la corriente nacional y Pedro Sánchez son las únicas variables sobre las que no puede influir.

Mikel Iturbe 27/05/2018 a las 05:00
El presidente del Gobierno de Aragón, Javier Lambán.José Miguel Marco

Con un Gobierno escasamente cohesionado, donde el perfil político ha quedado premeditadamente reducido a la figura del presidente, Javier Lambán encara la recta final de la legislatura convencido de que tan solo debe evitar meter la pata en los próximos 365 días. Poco tiene que ver el presidente que arrancó la legislatura con el que hoy se sienta en el Pignatelli. La experiencia es un grado y ha aprendido que las guerras están para ganarlas y que los líos innecesarios, de los que disfrutó en el pasado en la Diputación de Zaragoza, por muy acordes que se muestren con su ideario personal, es preferible dejarlos a un lado. Su Ejecutivo, producto del equilibrio y de las ponderaciones pensadas para satisfacer al partido –que ha renunciado a más de una imprescindible crisis de Gobierno confundiendo continuidad con fiabilidad–, se ha desplegado como una máquina sin fuerza tractora aunque ha sabido, en los momentos oportunos, no convertirse en un freno.

Vestido de barón gracias a su victoria en las primarias regionales y a su equidistancia con Pedro Sánchez –hoy de alta rentabilidad–, ha comenzado con previsión la mudanza que le llevará hasta las mismas puertas de Ciudadanos; abandonando lenta pero progresivamente la proximidad con Podemos y disponiéndose a sacrificar, como así se ha podido observar con la propuesta de modificación del impuesto de Sucesiones, a su socio en el Gobierno (CHA). Lambán, a quien hay que reconocerle su capacidad para adaptar la política regional a la misma estrategia orgánica que tan buenos resultados le ha dado en el PSOE aragonés, donde el debate habla mucho más del menudeo y de la estabilidad de los fieles que de la apertura de ambiciosos proyectos de transformación, ha logrado dar continuidad a su presidencia a golpe de fontanería y con la inestimable ayuda de la debilidad y limitada comparecencia del resto de formaciones.

Con la fortuna en el rostro y con las cuentas dispuestas por la experiencia política del responsable de Economía, Fernando Gimeno –el más acostumbrado de sus consejeros a moverse en el alambre–, Lambán sabe que el principal y único problema para su reelección se llama Pedro Sánchez y las arriesgadas decisiones que está adoptando como secretario general. Su moción de censura –legítima en lo político– corre el riesgo de sacrificar al partido si para que prospere suma el apoyo de los independentistas.

Pese a que el mapa de la intención de voto también es volátil, abiertamente imprevisible, Lambán ha descubierto que en el envés de esta moneda se esconde su fortuna. Un PP en clara descomposición por los casos de corrupción –las condenas de la Audiencia Nacional por el caso Gürtel cuestionan seriamente a Mariano Rajoy y se extienden como un manto de vergüenza por todos los territorios donde se encuentra el partido– cortocircuitan a Luis María Beamonte y elevan a Ciudadanos.

En Aragón, y tras la paz firmada con los socialistas oscenses, un acuerdo que solo se comprende desde la no agresión y la independencia en la futura elaboración de las listas electorales, el de Ejea ha disfrutado de los beneficios de la mejora de la economía nacional y de sus atinados gestos para ganar sin restar. Tal y como reza la expresión, ‘con dinero, chufletes’, por lo que puesto el presidente manos a la obra ha optado por hacer bueno el dicho y contentar con algún brochazo de populismo a médicos, maestros y estudiantes tras la etapa de recortes de Luisa Fernanda Rudi.

Cómodo y acomodado en el Gobierno y sin grandes sobresaltos en el último año, salvo el ICA o la contestación social por el impuesto de Sucesiones, Lambán, que sabe que su política solo se sostiene con un nuevo y beneficioso modelo de financiación, ya construye sobre plano la que será su próxima legislatura. Seguro de volver a sentarse en el sillón de presidente, aunque tenga que renunciar a ayuntamientos o a pactos más acordes con el perfil de los socialistas, también sabe que, más pronto que tarde, tendrá que aplicar los muchos cambios internos a los que tanto se resiste. Todo ello manteniendo una prudente distancia con Pedro Sánchez.





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