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Estopiñán del Castillo

Estopiñán del Castillo: el agua y la piedra, elemental

Estopiñán del Castillo cuenta con el gigantesco embalse de Canelles, el espectacular pantano de Santa Ana y una explotación de piedra ofita que ha surtido al AVE entre Zaragoza y Tarragona.

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El agua y los áridos son los productos más consumidos en el día a día. Estopiñán del Castillo está bien cubierta de reservas en ambos casos: este municipio ribagorzano linda con el gigantesco embalse de Canelles, el más grande de todo el Pirineo, y es rica en piedra ofita, material de extraordinaria dureza y resistencia, con múltiples aplicaciones en el sector de la construcción. En la India, uno de los países más poblados de la tierra, el tráfico de áridos es tan fuerte que la policía no actúa, por miedo a que se paralicen obras en un territorio que las demanda constantemente.

La reflexión sobre el gigante indio es de Agustín Larrégola, vecino de Estopiñán del Castillo que lleva algo más de cinco años como alcalde de su pueblo. "Estuve de concejal tres legislaturas. En un momento dado, el anterior alcalde enfermó de gravedad y ya no se sentía con fuerzas para seguir en el cargo, asó que me pidió que cogiera el relevo. Por desgracia, no se recuperó: hace ya tres años que lo enterramos. He tratado de continuar los proyectos que no pudo concluir, así como de seguir sus políticas de gobierno".

Estopiñán del Castillo (municipio que incluye el pueblo homónimo y las pedanías de Saganta y Caserras del Castillo) ha tenido una historia convulsa en las últimas décadas si se atiende al contexto sociolaboral: la construcción del embalse de Canelles y la posterior aparición de numerosas granjas de porcino fueron variando el censo. La cantera La Soriana también fue un gran impulso. "Ya lo creo, y sigue siéndolo, aunque el volumen de actividad haya bajado –apunta Agustín– porque de aquí se sacaba la piedra para el AVE en el tramo que une Zaragoza y Lérida. Aquí abunda una piedra que daba las condiciones para soportar bien la velocidad del convoy; se llama ofita y su dureza es extraordinaria, lo mismo que la resistencia que ofrece al paso del tiempo y el rozamiento. Finalmente, la piedra de Estopiñán se usó también en el trazado de alta velocidad hasta Tarragona, y ha llegado a más puntos. A veces bromeamos con que Estopiñán del Castillo tiene el término municipal más grande de la antigua Corona de Aragón, ya que mientras vas en el AVE sigues pisando tierra nuestra".

En los años de vacas gordas, una visita a La Soriana se hacía complicada para el paseante ocasional, ya que los camiones no dejaban de cargar y salir a la carretera. "Podías ver hasta 200 camiones en batería –recuerda Agustín– y había medio centenar de trabajadores en plantilla. Ahora queda una decena, pero se sigue sacando piedra para carreteras y también se fabrica alquitrán. La explotación dista mucho de estar acabada, y hay que tener en cuenta que esta la piedra no es muy común en España: fuera de Aragón solo hay algo en Toledo, Guadalajara y parte de Cataluña. En Francia no hay, por ejemplo, y la piden con frecuencia".

La actividad de los áridos ha despertado un interés geológico en la zona, porque además de la ofita hay otras piedras interesantes en la zona: incluso han motivado impulsos artesanos en un grupo de mujeres del pueblo, que venden sus creaciones.

El gran pantano

En los años 50, la empresa Ener acometió la construcción del embalse de Canelles, con su gigantesca pared orientada a Estopiñán (más de 110 metros que marcan la divisoria con Cataluña) como imagen emblemática. "Estábamos bajando mucho de población –recuerda el alcalde– y andábamos por las 400 personas, cuando a principios del siglo XX había el triple de habitantes. Con el embalse llegamos a 3.000; a pie de pantano había un campamento para los trabajadores con todos los servicios, desde colegio e instituto a tiendas, tabernas e iglesia. Para atender a los ejecutivos había un hotel y restaurante con piscina y pista de tenis, algo no muy común en la época. Al acabar la obra en los 70 se despobló el campamento, y no lo pudimos mantener para usos alternativos porque el pueblo debía asumir todos los costos".

Justo antes de llegar –menos de 10 kilómetros desde el centro del pueblo– aparece ante los ojos el fascinante espectáculo del pantano de Santa Ana, concebido para distribuir el agua de la gran reserva hídrica a los canales de riego desde Alfarrás a Lérida. "Cuando está al cien por cien, llega al pie del muro de Canelles. Tiene una capacidad de 270 hectómetros cúbicos; el de Canelles, 680. Se dice que muchos agricultores suben a lo alto de Canelles y si ven que hay agua, lloran de alegría, pero si no la hay, lloran de pena, porque sufrirán al año siguiente. Vaya, que suben para llorar", ríe Agustín.

En la actualidad, el problema no es la falta de trabajo, sino la escasez de censo. "Somos agricultores y granjeros en un término municipal de casi 10.000 hectáreas, pero apenas 2.000 son de cultivo, el resto es monte. Ahora hemos empezado muchos con las plantas trufares, se mantiene algún campo de olivo y no hay vino porque la tierra no lo permite. Vamos manteniéndonos lo mejor que podemos".

Pilares patrimoniales

En cuanto al referente religioso, la iglesia de San Salvador es una construcción gótica levantada en sillería irregular. En la fachada, un atrio que resguarda una puerta bajo arco de medio punto. Consta en la parte superior de arquería de ladrillo, cegada con el mismo material: la torre del campanario, está formada por un cuerpo de planta cuadrada y por otro octogonal que tiene reloj y alberga las campanas. Para el remate existe una pequeña cúpula.

En el capítulo de las asociaciones, la tradicional de amas de casa comparte espacio en el tejido local con los Tambors D’Estopanyà, muy activos en toda la zona: de hecho, hace apenas tres semanas formaron parte de la XV Exaltación de Bombos y Tambores ‘Villa de Azanuy’ en esta localidad del Somontano, en la que unieron fuerzas con otros siete colectivos aragoneses y catalanes. También había una peña local que escribía e interpretaba obras de teatro relacionadas con la vida y el patrimonio del pueblo, coronadas después con matacía y actividades gastronómicas, pero en la actualidad se ha descontinuado esa costumbre.

Un guiño de gratitud a Carlos Pauner

El himalayista jaqués Carlos Pauner es una personalidad muy querida en el entorno rural oscense: son numerosos los pueblos que le han rendido homenajes puntuales, ha sido pregonero en muchos de ellos, pero pocos han puesto su nombre a la escuela. Es el caso de Estopiñán del Castillo. "Ha visitado el pueblo –recuerda el alcalde Larrégola– varias veces, pero recordamos especialmente la primera de la que tuvimos constancia, hace más de quince años. Vimos que la escuela, que había estado abierta desde los años cincuenta y hasta 1981 en el actual edificio municipal del hostal, podía reabrirse con los niños llegados gracias a los trabajadores de las nuevas empresas. El edificio en cuestión ya estaba en uso como hostal y restaurante, tiene diez plazas y una tienda multiservicio al lado que llamamos la tienda de los olvidos, porque la gente se desplaza para compras grandes; como había una zona a la entrada del pueblo habilitada para campamento juvenil, hicimos un aula para 20 alumnos, que la verdad es que nunca se ha llenado, y pusimos el nombre de Carlos al conjunto. Cuando acabó los ochomiles vino un día a plantar árboles con los chavales, fue muy atento, y ha vuelto más veces".

 

LOS IMPRESCINDIBLES

Mari Pau Huguet

Hija del pueblo, con el que sigue muy en contacto, esta popular presentadora de radio y televisión en Cataluña –con más de tres décadas en TV3– lleva alejada de las cámaras desde 2009, aunque no descarta un retorno.

Cersei en chubasquero

Lena Headey, la popular Cersei Lannister de la serie ‘Juego de tronos’, estuvo el año pasado en el término municipal rodando un capítulo de ‘Running Wild’ junto a Bear Grylls, ‘El último superviviente’. El espacio se emite hoy en NBC.

El castillo

Tiene noventa metros de largo por quince de alto y data del año 1060. Lo levantó Ramón Berenguer sobre una base árabe. Llegó a controlar buena parte de la Litera. Hace ocho años se arreglaron las fachadas en pie.

 

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