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Aragón

Malón: un lutier en el pueblo del agua

Delfín Laborda construye instrumentos musicales por afición y defiende la vida en los pueblos, para evitar que acaben en estado de abandono ante la galopante falta de población.

Delfín Laborda exhibe sus instrumentos musicales.
Delfín Laborda exhibe sus instrumentos musicales.
Nora Bermejo

Un lutier es la persona que construye instrumentos de cuerda frotada o pulsada. Que los repara o los ajusta cuando es necesario. En Malón, Delfín Laborda es el lutier del pueblo, una afición que tiene desde "hace mucho tiempo" pero que practica sólo para su disfrute personal.

Un amigo, también lutier, le introdujo el gusanillo en el cuerpo y empezaron a colaborar. "Primero hice una guitarra, luego varios guitarricos aragoneses con diferentes cuerdas, un rabel que es similar al violín, o un salterio que es un instrumento muy antiguo", enumera Laborda.

Tras probar suerte con una zanfona, "un instrumento medieval europeo que casi llegó a desaparecer pero que en los últimos años se ha vuelto a recuperar gracias a grupos de músicas tradicionales", ahora está embarcado en la aventura de hacerse un arpa celta. "Ya está bastante avanzada", asegura.

No recibe encargos, lo hace todo para él, y le gusta "toquitearlos"una vez terminados. "Lo de aprender a tocarlos es la segunda parte: si difícil es hacer un instrumento, aprender a tocarlo… se hace lo que se puede", dice este vecino malonero.

Y eso que de música sabe un rato, ya que es miembro de ‘Los Gaiteros de Tarazona’ y del grupo ALAM Folk. "Este último lo creamos Antonio Casas, de Vera, y yo y actualmente somos seis integrantes, dos de ellos de Malón", explica Delfín. Forman parte de la Asociación Libre de Artistas del Moncayo (ALAM), que aglutina a todo tipo de artistas: pintores, escultores, poetas, escritores, músicos… de todo. "Decidimos empezar esta aventura simplemente por pasar el rato y divertirnos, y al final ha terminado en un grupo bastante serio. Llevamos años de andadura y hemos hecho muchas cosas por ahí", cuenta Laborda.

Él es un artista todoterreno, que también pinta y ha retratado varios rincones del pueblo con sus pinceles. "Tengo un cuadro de una casa antigua que tiene una cúpula muy bonita, algún parque, varias calles…", repasa.

Una vida tranquila

Delfín lleva más de treinta años viviendo en el pueblo, algo que no cambia por nada por la "tranquilidad" que le aporta, y es que según señala, "llevo una vida digna sin excesivo estrés, y mantengo una relación con la gente que no la tienes en las ciudades".

Las zonas rurales siempre le han gustado mucho y "hay que hacer hincapié para que la gente venga a conocerlas y venga a vivir a los pueblos en lugar de irse de ellos". "Por eso no pueden faltar ciertos servicios, porque si a la gente no se le facilita la vida en los pueblos, terminarán desapareciendo", opina.

Malón puede considerarse una localidad privilegiada, con unos 330 habitantes "bien dotados de servicios", señala la alcaldesa, Ana Carmen Calavia. "Tenemos colegio, farmacia, médico todos los días, tienda, residencia de ancianos, bares, transporte público a Tarazona y Tudela varios días a la semana", presume Calavia, aunque reconoce sobre el autobús que "habría que intentar reforzar y ajustar sus horarios para ver si así aumenta el número de usuarios".

El pueblo también cuenta con un restaurante junto al Museo del Agua, un local de propiedad municipal. "Lleva un tiempo cerrado, así que está disponible si alguien lo quiere gestionar, sólo hay que revisar las bases que están en el Ayuntamiento. Las instalaciones están montadas al completo", anuncia la alcaldesa.

El Museo del Agua

En el año 2004 se inauguró el Mirador del Queiles-Museo del Agua con una exposición permanente sobre el río Queiles y Malón que utiliza innovadoras tecnologías expositivas. Estaba llamado a convertirse en el buque insignia del pueblo, sin embargo, tras el ‘boom’ inicial, su efecto se ha ido diluyendo en el tiempo.

Gracias a una imagen virtual, Silbis, la diosa más antigua del río, da la bienvenida a los visitantes, en una fuente central que simboliza el nacimiento del Queiles en Vozmediano. La visita guiada dura unos treinta minutos, un recorrido que se hace ameno gracias a los amplios contenidos audiovisuales y multimedia incluidos.

"Lo abrimos todos los sábados al mediodía para el público que quiera venir, pero si hay algún grupo interesado en verlo fuera de esas horas, también entre semana, se abre bajo petición", señala Ana Carmen Calavia.

Actualmente la mayor parte de los visitantes del museo son los turistas que pernoctan en alguna de las seis casas rurales que tiene el pueblo, una cifra nada desdeñable. "Me dijeron una vez que teníamos más camas que en Tarazona, no sé si será verdad", recuerda la alcaldesa malonera.

Lo cierto es que los inquilinos de estas casas rurales contribuyen a crear movimiento en el pueblo. "Se recorren toda la comarca y zonas cercanas, pero se nota que no sólo están en Malón para dormir, porque se aprecia más gente sobre todo por las noches o por las tiendas los fines de semana o festivos señalados", indica Calavia.

Con todos estos elementos de juicio, la visita se impone. Nunca es tarde para conocer este enclave codiciado por navarros, musulmanes y aragoneses en la Edad Media debido a su estratégica posición.

Ejemplos de emprendimiento rural femenino en el pueblo: la farmacia y la tienda

En Malón hay ejemplos de emprendedoras que han apostado por el medio rural para desarrollar su profesión y en definitiva, toda su vida. Es el caso de Elena Suárez, farmacéutica del pueblo desde 2004. "Es más fácil tener una farmacia rural porque los precios son más asequibles", cuenta esta madrileña.

"Me vine con un niño de cinco meses porque pensaba que esta era la vida que quería para mis hijos. Salí de Madrid a un pueblo con cincuenta habitantes. Fue un cambio brutal, así que cuando llegué a Malón, con casi cuatrocientas personas, me parecía como volver a la ciudad", recuerda Suárez, miembro también del grupo musical ALAM Folk.

Otra emprendedora es Elsa Magaña, quien desde hace tres años se encarga de la tienda del pueblo donde se vende "un poco de todas las cosas más básicas". "El invierno es duro porque hay menos gente, pero en verano se nota más alegría por aquí, estoy contenta con la decisión que tomé", asegura Magaña quien valora "el poder trabajar en la puerta de casa o no tener que coger el coche".

LOS IMPRESCINDIBLES

Mirador del castillo

No se conserva demasiado de esta fortaleza. Tras su derrumbamiento, en el solar se construyó un pretil con forma de muro almenado que ofrece unas impresionantes vistas del Moncayo y el valle del Queiles.

Vía Verde del Tarazonica

La Vía Verde del Tarazonica atraviesa Malón. Es la antigua línea de ferrocarril que unía Tarazona y Tudela (Navarra). Con un recorrido de 22 kilómetros, muchos maloneros pasean por este camino rodeado de naturaleza.

San Vicente Mártir

Edificio de estilo gótico construido en el siglo XVI, con reformas en el siglo XVIII. Consta de una sola nave con dos tramos y cabecera, con capillas entre los contrafuertes. Su torre es de planta cuadrada y dos cuerpos.

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