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Aragón

Mainar: el maratón olímpico de un alcalde

Esmeraldo Marzo cumplirá este año 46 vueltas al sol como alcalde de Mainar; una figura respetada y apreciada por sus convecinos, que valoran los esfuerzos realizados por el bien del pueblo.

La partida en el Albergue a la hora del café es un ritual que se sigue religiosamente.
La partida en el Albergue a la hora del café es un ritual que se sigue religiosamente.
Laura Uranga

Aveces, en el guiñote de la tarde, se oyen frases dignas de ser grabadas en bajorrelieve. El albergue municipal de Mainar es el sancta sanctorum local de los naipes, y en pleno ‘fregao’ por un descarte fallido, con el tono de voz general amenazando el límite de decibelios, uno de los cuatro esforzados suelta ‘esto es ‘Sálvame’ y yo soy la Patiño’. La alusión al espacio de Mediaset y una de sus caras más conocidas termina con la discusión, que deriva en carcajada general.

El alcalde ve la jugada desde lejos y sonríe un poco. Esmeraldo Marzo lleva 45 años en el puesto; toda una institución en la comarca y en la Comunidad entera. "Ya te puedes imaginar –espeta– y eso que empecé de aquellas maneras. Al anterior alcalde se le metió en la cabeza que debía ser yo el que lo relevase. Era hermano de mi suegro, además; venía del campo una tarde y lo vi en mi casa, y me dijo que estaba esperándome para convencerme. Me negué, y él se empeñó. Así estuvimos quince días, cada tarde estaba al llegar yo, y me dijo que hasta que no aceptara seguiría viniendo. Al final acepté, y hasta hoy. Hay otros que llevan mucho tiempo, pero creo que de los de ahora soy el que más ha durado en Aragón. Ya veremos hasta cuando, no lo sé, pero cuando me toque marcharme, alguien vendrá para hacer las cosas lo mejor que pueda".

Mainar: el maratón olímpico de un alcalde

Esmeraldo es agricultor, y su hijo ha seguido sus pasos. Se vanagloria de una sola cosa; haber trabajado duro por sus vecinos, independientemente de ideologías. "Desde el primer día, cuando me decían que algo no podía ser, yo buscaba la manera de hacerlo, con las perras que hubiera, sacándoles el máximo partido. El albergue, por ejemplo, fue en su día la envidia de muchos compañeros alcaldes. La zona deportiva y las piscinas, lo mismo. Siempre me preguntaban de dónde había sacado los dineros para hacer esto, y siempre h dicho lo mismo; arreglándomelas".

Charo, once años de servicio

Ha sido la responsable del albergue de Mainar durante algo más de una década, y ahora se marcha; una oportunidad laboral irrechazable le lleva a otro punto de la comarca, pero esta mainareja de pro tiene muy claro dónde está su corazón. Charo Gómez no puede estar más orgullosa de este tiempo en el pueblo, al que regresó desde Zaragoza tras haber salido en su época de estudiante. "Tenía negocio propio allá, un parque infantil en Las Delicias, pero las cosas no fueron bien y cuando buscamos alternativas surgió esto, aquí me vine con mis tres hijas, que ya tienen 22 y 21 años; la mayor estudia en Valencia y las dos pequeñas, gemelas, en Zaragoza, pero vienen los fines de semana a ayudar".

El retorno fue duro al principio, pero Charo se las arregló para poner su sello al negocio. "Puse zona de juguetes y otra estantería con libros para lectura, y al principio chocó un poco, pero luego acabó gustando".

El albergue tiene 32 plazas en tres plantas, divididas en habitaciones con literas para grupos, otra mediana y dos individuales. La clientela comprende sobre todo trabajadores de las granjas y familias.

En Mainar se organizaba un festival de la Celtiberia que atrajo a nombres relevantes; la mainareja Patricia Imaz se encargó un año de traer a Amaral a su pueblo, y Charo lo recuerda. "La Asociación Cultural El Castillejo y las sucesivas comisiones de fiestas se han ido esforzando cada año en mejorar las actividades culturales; a la gente le gusta mucho aquí el tema de colaborar en cosas que beneficien a la vida del pueblo. También hemos tenido a Carbonell, los tambores de Calanda... aquí en el Albergue también hemos ido organizando actividades, como un concierto del dúo Esparatrapo o el teatro infantil en fiestas con los niños de Mainar, en las que representamos obras inspiradas en relatos famosos que adapto yo a los chavales".

La gente de El Castillejo se afana especialmente en tres actividades: la matacía de enero, la Gayubada (andada en colaboración con Torralbilla, cada mayo) y la semana cultural a finales de julio, que suele ser semana y media y que incluye charlas, presentaciones de libros, conciertos... este año presentamos un libro sobre el dance de Mainar con una recopilación que hizo Antonio Ronco, mainarejo en Madrid, y editó la Asociación.

Anselmo Marzo es popular en el pueblo por haber llevado a un nivel superior el cultivo de nabos. "Son típicos de Mainar de toda la vida;_es un tubérculo de invierno, necesita bastante agua y sustancia, hay que saber tratarlo para que el sabor sea correcto. En la familia había tradición, yo la he seguido y seguiré mientras pueda. Sobre todo trabajo para una clientela fiel que conoce el producto desde siempre y lo pide".

Las granjas de huevos

El alcalde no olvida la referencia a las grandes granjas avícolas instaladas en el pueblo, Virgen del Rosario y San Miguel, surgidas en la vecina Villarreal de Huerva hace medio siglo, también tienen en Mainar unas impresionantes instalaciones de producción. Distinguidas por sus colores corporativos (rojo con los primeros, verde con los segundos) dan trabajo y prestigio a toda la zona.

David Aladrén es director administrativo y de finanzas en Virgen del Rosario, que emplea a 75 personas entre sus plantas de Villarreal y Mainar. Al mostrar sus instalaciones, hace hincapié en los estrictos controles de calidad que pasan los huevos. "Se hacen fotografías para detectar cualquier problema externo; también se limpia la cinta continuamente, para evitar que la posible rotura de un huevo ensucie a los siguientes. Luego se pasa por una detección de fisuras no detectables a simple vista, y posteriormente se pasa al pesaje para calibrar los diferentes tamaños. Trabajamos por toda España, y hemos empezado a exportar".

Patricia Imaz, estrella de las ondas hertzianas

Desde hace siete años, Mainar tiene una embajadora inmejorable en el centro de Madrid, en todo lo alto del número 32 de la Gran Vía. La locutora Patricia Imaz no pierde ocasión para poner sobre el tapete las bondades de su pueblo, en el que sigue residiendo su familia. Ya ha sido pregonera, trata de no perderse nunca las fiestas –salvo imponderables– y no deja de visitar a los suyos en cuanto tiene unos días libres. Patricia comparte espacio en las ondas con Manel Fuentes y el resto del equipo de ‘Atrévete’, que emite Cadena Dial todas las mañanas laborables de 6.00 a 10.00. Después de cuatro temporadas en antena, se ha hecho a los madrugones, e incluso se anima a marcarse duetos con los cantantes invitados al programa. En Madrid también colabora en programas vespertinos de la Ser, fue locutora de Los 40 y M80 y programadora de conciertos en el 40 Café, amén de una década larga en Los 40 Zaragoza. Su simpatía y profesionalidad le han abierto muchas puertas y los corazones de colegas y oyentes. Al preguntarle por su pueblo, amplificada la nostalgia por la distancia física, se emociona. «Sobre todo quiero destacar a los mayores, esos que han inculcado a las generaciones venideras el amor por el pueblo, a los joteros, a los que tratan de mantener las costumbres más arraigadas. Y es importantísima la gente joven que sigue yendo y manteniendo las casas, sus raíces y algunos incluso que se quedan a trabajar en el pueblo, cuidándolo y formando familia allí».

LOS IMPRESCINDIBLES 

Santa Ana

Considerada como el mejor ejemplo de la arquitectura religiosa mudéjar tardía del siglo XVI en Aragón, la iglesia parroquial se construyó a partir de las capillas de San Antonio y Santa Ana que se respetaron.

Lamberto Funes

Invidente de nacimiento, fue un destacado laudista, letrista y cantador de jota. Si figura encabeza una tradición jotera en la que también hay que citar (entre otros) a Victorino Felipe, María del Carmen Gaudioso, José y Cecilio Gómez.

La ‘pata caballo’

Esta huella fósil situada en el límite entre Mainar y Villarreal se atribuía en el acervo popular a la huella del corcel de San Jorge en una batalla de la Reconquista, aparición que cambió el curso de la lucha para beneficio de los cristianos.

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