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La laguna del Cañizar: un conflicto que dura más de una década

El espacio, calificado como Humedal Singular de Aragón, lleva tres campañas prácticamente seco mientras se suceden las distintas opiniones entre agricultores y conservacionistas.

La laguna del Cañizar: un conflicto que dura más de una década
La laguna del Cañizar: un conflicto que dura más de una década
Jorge Escudero

El pasado 22 de abril el pueblo de Cella se convirtió en pionero en Aragón al convertirse en el primer municipio en hacer una consulta popular sobre el futuro de una finca municipal. Sus vecinos estaban llamados a votar si el terreno de El Prado -una finca de 600 hectáreas dividida entre chopos y pequeñas explotaciones alquiladas a vecinos- debía ser incluido en una Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA), que en caso de aprobarse, protegería la diversidad ornitológica que en los últimos años se había generado en torno a la Laguna del Cañizar.

La laguna, ubicada entre los términos municipales de Cella y Villarquemado, lleva años generando cierto debate entre vecinos, agricultores y organizaciones conservacionistas. Para entenderlo hay que remontarse casi tres siglos, cuando esta laguna era uno de los mayores humedales interiores de agua dulce de España con 1.130 hectáreas. Para hacerse una idea, por extensión solo lo superan las Tablas de Daimiel, hoy catalogadas como Parque Nacional, al mismo nivel que Ordesa.

Sin embargo, entre 1729 y 1732, bajo el reinado de Fernando VI, la laguna se mandó desecar. Posteriormente el monarca emitiría unas Reales Ordenanzas que otorgarían mayor autonomía a los agricultores para el aprovechamiento del agua. El objetivo era aumentar la producción de alimentos, pero según se recoge en el texto de la época, también evitar males sanitarios por la “corrupción del ayre”, y es que los pueblos cercanos parecían contar con altas tasas de paludismo que en la época se asociaba a las propias aguas de los humedales, pero que en realidad se debían a la transmisión de enfermedades, seguramente malaria -presente en España hasta 1940-, a través de los mosquitos.

Hoy el conflicto no es el mismo, pero la laguna sigue presente en las discusiones de la zona. En 2006, la CHE y el Gobierno de Aragón decidieron recuperarla mediante un sistema artificial de compuertas, que en 2010 llegó a ofrecer hasta 400 hectáreas con agua. La idea era que la zona sirviera para atraer el turismo natural y apostar por la economía ligada al medio ambiente. El nuevo paraje recuperado sirvió para que volvieran miles de aves -en 2010 su número de grullas fue superior al de Gallocanta- y en 2012 se registró la nueva Laguna del Cañizar como Humedal Singular de Aragón, una primera catalogación a la que debía seguir la protección como ZEPA que se votó en Cella.

El resultado de la consulta, con una baja participación de apenas el 40%, dio como opción ganadora de forma abrumadora al rechazo a la ZEPA, con 647 votantes que contestaron con un "no" frente a 158 que dijeron "sí". El resultado no es vinculante ya que la finca de El Prado solo formaría una parte de toda la extensión del área protegida, pero ha servido para conocer la opinión de los vecinos que votaron.

“Nos oponemos a la ZEPA y a la laguna en general porque en estos años desde que se inició la recuperación solo ha habido problemas”, señala Pepe Sánchez, portavoz de la plataforma 'No a la Laguna' compuesta por agricultores de Cella y otros pueblos cercanos. “Aunque la ZEPA pueda traer consigo algunas ayudas agroambientales para los agricultores, también supone restricción de cultivos y de uso de fitosanitarios, además de que las Reales Ordenanzas siguen presentes. Nosotros estamos bien como estamos, y que nadie dude que nos preocupamos por nuestro entorno, somos los primeros en contacto con el medio ambiente”, sostiene.

Una laguna sin agua

La laguna a día de hoy no es tal desde hace un par de campañas, estando prácticamente seca con solo 10 hectáreas mostrando agua de las 400 que fueron en 2010. Su estado actual es fruto de la sequía que ha afectado a todo Aragón y en especial al Jiloca, pero también a la gestión del agua por parte de los agricultores. Organizados en la Junta General de Aguas que componen siete pueblos que riegan del río y sus acequias, en los últimos años los regantes han mantenido abiertas las compuertas para aprovechar todo el caudal.

El resultado en este tiempo ha sido que el último censo de especies de aves ha rebajado su número de 50 a apenas 27 en tres años, descendiendo su número total por miles. Algunas de las que se habían encontrado que se habían asentado en la laguna desde su recuperación están catalogadas como en peligro de extinción, como el avetoro o la garcilla cangrejera.

“La laguna ha generado problemas y conflictos, pero nosotros seguimos convencidos de que habrá entendimiento”, comenta por su parte Luis Tirado, delegado de SEO/Birdlife en Aragón, la organización que ha realizado estos censos. “Se había formado en muy poco tiempo una biodiversidad muy envidiable, y la sola aparición de especies protegidas obliga ya por normativa europea a la conservación de la zona”, señala.

Los agricultores entienden que ceder los terrenos, muchos de ellos inundables, supondría un paso atrás, especialmente los de el paraje de El Prado, compuesto por pequeñas explotaciones de una hectárea que en el pueblo se tiene por costumbre alquilar al Ayuntamiento desde que se casan las parejas. “Se han dado problemas, en mi finca muchas veces he ido a trabajar y casi no he podido salir por el agua. Y otras zonas, de particulares, han tenido afloramientos de agua que hacen inservible el terreno. Por no hablar de los mosquitos”, comenta Sánchez.

La DGA impulsa un proceso participativo

Entre los regantes del resto de pueblos también hay disputa en torno a la laguna. Por una parte algunos como Santa Eulalia dependen de que el agua llegue a sus campos, mientras que en Villarquemado, ayuntamiento que siempre ha tenido una posición más favorables, algunos terrenos también se inundan o se han visto perjudicados cuando se ha retenido agua en la laguna. En Cella, pueblo que en un comienzo impulsó la laguna bajo la alcaldía de la actual senadora del PP Carmen Pobo, se optó finalmente por la consulta realizada hace unos días.

“Hay firmados unos acuerdos para que se procure que a todo el mundo le llegue agua, se hagan obras de conducción, y se mantengan también otras infraestructuras importantes para el mantenimiento del nivel de agua en la laguna que han sido dañadas”, señala Tirado, quien confía en un entendimiento final. “En mi opinión, llegaremos a un punto de acuerdo, aunque sea progresivo y cueste recuperar la laguna unos años más. En el Planerón -el terreno que SEO/Birdlife compró en propiedad en Belchite para proteger su fauna- al principio nos miraron pensando que qué hacíamos comprando aquel secarral. Hoy Belchite cuenta con más casas rurales para atender a los visitantes que vienen a este espacio y la ligazón con los vecinos es magnífica, al igual que ha ocurrido en otras lagunas recuperadas como La Nava, en Palencia, desde los 90”, opina el ornitólogo.

La DGA por su parte ha iniciado en estos últimos meses un proceso con mesas de debate en la zona para llegar a un 'contrato de Humedal' entre agricultores, vecinos, instituciones y grupos de conservación que zanje por fin el asunto y permita la conservación de la Laguna. El objetivo además es que este proceso participativo sea destacado por Europa dentro del proyecto WETNET (Coordinación de la Gestión y Redes de Humedales mediterráneos), permitiendo recuperar un paraje perdido hace más de 270 años sin perjudicar los usos actuales del terreno.

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