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Aragón

Lalueza: apuesta vecinal por mantener vivo el esparto

Lalueza ha recuperado con entusiasmo esta práctica de origen ancestral; la armonía entre sus habitantes se extiende además a la convivencia entre católicos y protestantes.

María Jesús Cruz, Feliciano Gascón y Óscar Gavín recordando el uso tradicional del esparto.
María Jesús Cruz, Feliciano Gascón y Óscar Gavín recordando el uso tradicional del esparto.
Patricia Puértolas

El esparto está ligado a la historia de Lalueza. De hecho, fue el principal sustento de muchas familias durante los años 60, y evitó una salida en bloque en busca de jornal, algo que cuenta en primera persona uno de los vecinos del pueblo, Feliciano Gascón, todo un experto sobre su uso ancestral.

A punto de cumplir 80 años, el hombre recuerda cada detalle de esta antigua labor, que está siendo objeto de nuevas iniciativas con el fin de rescatarla del olvido y, además, ponerla en valor como lo que fue, el sostén económico de todo un pueblo. Según explica Gascón, la planta abundaba en los montes de las inmediaciones de Lalueza. Para obtenerla, los vecinos arrendaban las tierras durante el mes de agosto y en ese tiempo, llevaban a cabo su arranque. Tras ello, era necesario propiciar el secado al sol de la planta. El paso siguiente consistía en extenderla sobre un camino con el fin de machacarla "con la ayuda de las ruedas de un carro de hierro", según indica Gascón. "Pasábamos y traspasábamos; toda una mañana", señala. Después, hombres y mujeres acababan de mallarla con un mazo de madera y tras ello, comenzaban el proceso de crear la sogueta, que era utilizada en labores agrícolas, fundamentalmente para atar la mies. En verano, las soguetas se hacían en plena calle y durante el invierno, en el corral, "al calor de los animales", recuerda. En esta dura labor, todos participaban, hombres, mujeres y niños, lo que propiciaba la convivencia. Así, una vez tratado, el esparto era utilizado como moneda de cambio, ya que se intercambiaba por alimentos básicos "como judías o garbanzos", dice Gascón, y el resto, solía llevarse a vender a la cercana feria de Monzón.

Lalueza: apuesta vecinal por mantener vivo el esparto

Durante los últimos años, varios vecinos han reproducido cada paso de esta dura y ancestral labor. De hecho, grabaron un documental de la mano del etnógrafo Eugenio Monesma; en la actualidad, participan en un proyecto que busca declarar las zonas de trabajo del esparto como manifestación representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad ante la Unesco, según explica una de las implicadas en este proyecto, María Jesús Cruz. En su opinión, "resulta fundamental preservar esta antigua labor y, al mismo tiempo, ponerla en valor, ya que permitió combatir la falta de recursos y evitó la emigración". Asimismo, al llevarse a cabo en plena calle, "contribuyó a la relación vecinal", añade el concejal de Cultura, Óscar Gavín.

El esparto también ha sido protagonista de una de las actividades anuales más esperadas en Lalueza, la feria de artesanía y agroalimentación, que está organizada por la asociación local de mujeres y que suma el apoyo del Ayuntamiento. La iniciativa comenzó en el año 2012 y en una de sus primeras ediciones, incluyó una muestra del trabajo del esparto, que tuvo una gran aceptación. De hecho, hubo cola para aprender a hacer sogueta, recuerda Cruz. El certamen ha incluido además talleres relacionados con la escritura tradicional o la elaboración de piezas de cerámica.

La puesta de la cubeta

Al margen de su vinculación al esparto, Lalueza es un municipio conocido por otros aspectos. Sin ir más lejos, siempre estuvo vinculado a la producción de buen vino. En la actualidad, los cultivos extensivos han acabado con la mayoría de las viñas. No obstante, como símbolo de aquel tiempo, conservan una curiosa tradición: la puesta de la cubeta. La actividad sirve cada año para abrir sus fiestas patronales en honor de San Pedro Arbués, que se celebran el mes de septiembre.

El acto es todo un símbolo de hospitalidad. De hecho, consiste en colocar un tonel de vino en el centro del pueblo, junto al pabellón polideportivo, al alcance de vecinos y visitantes, que pueden servirse del mismo durante las celebraciones. Antes de ello, la cubeta recorre las calles del pueblo en un remolque enramado de la mano de los quintos.

Precisamente, estos jóvenes son también protagonistas de otras tradiciones como la costumbre de enramar a las chicas durante el mes de mayo. Los mozos cortan un chopo de la ribera del río y van dejando sus ramas en los balcones de las jóvenes. El tronco es colocado en la plaza.

Católicos y protestantes

En Lalueza, hay otro aspecto muy curioso, probablemente único en todo Aragón: la convivencia de dos credos, católico y protestante. Al parecer, la creación de esta última comunidad tuvo su origen en la emigración de un matrimonio a Francia. El desencadenante de su marcha fue la falta de recursos. Al regresar a su localidad natal, el matrimonio trajo consigo una nueva religión, que caló entre algunos de sus vecinos, dando lugar a una nueva comunidad religiosa. Dentro del municipio, los protestantes cuentan con su propio lugar de culto y una zona diferenciada en el cementerio.

La capilla de San Pedro Arbués exhibe los frescos que pintó fray Manuel Bayeu

La iglesia de San Juan Apóstol de Lalueza guarda un gran tesoro: una serie de frescos pintados por fray Manuel Bayeu, cuñado de Francisco de Goya y autor de la decoración pictórica de la Cartuja de las Fuentes (Sariñena).

Las pinturas están situadas en la capilla dedicada al patrón, San Pedro Arbués, que fue construida en los primeros años del siglo XIX, según explica uno de los estudiosos de Lalueza, Santiago Vilella. Los frescos fueron realizados en el año 1806 y en general, se encuentran en buen estado de conservación. Las imágenes representan las virtudes asignadas al santo: caridad, religión, paciencia y fortaleza. Según detalla Vilella, el fraile cartujano llegó a la localidad de la mano de los hermanos Comenge, de Lalueza, benefactores de la Cartuja de las Fuentes.

Hasta allí acudían cada año los vecinos de Lalueza en San Isidro. A la salida del pueblo, había una cruceta que marcaba el inicio del camino. En este lugar, el grupo parroquial tiene previsto crear un monolito con referencias al conjunto monacal, los frescos de Bayeu y los hermanos Comenge.

La pedanía de San Lorenzo conserva el espíritu de unión de sus primeros pobladores

Lalueza cuenta con dos pedanías, Marcén y San Lorenzo del Flumen. En este último caso, se trata de un pueblo de colonización cuyos habitantes conservan el espíritu de unión y convivencia de sus primeros pobladores. De hecho, gracias a su esfuerzo, llevaron a cabo la construcción de una ermita a vecinal dedicada a Santa Águeda y en la actualidad, han comenzado la creación de una casa hogar dirigida a las personas mayores de la localidad. De momento, ya han llevado a cabo la cimentación del futuro edificio destinado a este uso. En su empeño cuentan con el apoyo de varias instituciones; entre ellas, el propio Ayuntamiento de Lalueza. En ambos casos, hay una figura clave: Mari Tricas, vecina de San Lorenzo, que ha tirado del carro de ambas iniciativas. De hecho, reconociendo su labor, Mari ha sido galardonada con el Premio Gabardera a la Mujer Emprendedora de Los Monegros 2018. En el caso de la ermita, los vecinos llevaron a cabo diferentes iniciativas con el fin de conseguir financiación para su construcción y, además, aportaron la mano de obra necesaria. También crearon una asociación de cerámica para crear elementos destinados al templo.

LOS IMPRESCINDIBLES

El azud

El salto del río Flumen está situado en las inmediaciones del casco urbano. Un grupo de vecinos acaba de mejorar el acceso y ha acondicionado el entorno, con el fin de que vuelve a ser un lugar de disfrute y encuentro.

Yacimiento de Las Cías

En la pedanía de Marcén se encuentran los restos de este asentamiento, de origen musulmán. Las excavaciones arqueológicas realizadas han permitido descubrir un amplio poblado correspondiente a los siglos IX-XI.

El castillo ‘Cuadrao’

Los restos de esta fortaleza musulmana están situados en los alto de un centro, dentro del denominado Monte Tubo. Desde allí, es posible disfrutar de hermosas vistas del municipio y además, llevar a cabo atractivas rutas senderistas.

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