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El Justicia que buscaba soluciones y no culpables

Fernando García Vicente hace balance de su gestión a lo largo de casi dos décadas al frente de la tercera institución de Aragón.

Su último acto oficial con niños. Fernando García Vicente acudió el pasado miércoles al colegio Emilio Moreno Calvete, en el barrio de Delicias de Zaragoza, para charlar con los alumnos de 5º de primaria, de los cuales el 99% son de origen extranjero.
Su último acto oficial con niños. Fernando García Vicente acudió el pasado miércoles al colegio Emilio Moreno Calvete, en el barrio de Delicias de Zaragoza, para charlar con los alumnos de 5º de primaria, de los cuales el 99% son de origen extranjero.
Oliver Duch

Un millar de personas atendidas al año, cerca de 31.000 expedientes de queja tramitados y otros 2.000 abiertos de oficio. Estas son solo tres cifras que dan idea del trabajo de Fernando García Vicente como Justicia de Aragón, un cargo para el que fue elegido en mayo de 1998 y cuyo testigo traspasó al juez Ángel Dolado el pasado viernes tras casi 20 años de servicio.

Asegura que dejó su cargo como fiscal jefe de Huesca con el convencimiento de que permanecería al frente de la tercera institución de Aragón un solo mandato, cinco años, pero revalidó otros dos y ha permanecido el resto del tiempo en funciones. "Al final, lo que cuenta en esta vida es si te lo has pasado bien o mal. Y, la verdad, ayudando a la gente me lo he pasado muy bien. Me voy lleno de agradecimiento a los que me eligieron tres veces, 191 votos, y a los ciudadanos que se levantan de los cafés para saludarme cuando voy por la calle", añade.

Semejante bagaje da para cientos de experiencias y gestiones de intermediación con las distintas administraciones, pero de una de la que está especialmente satisfecho es de lograr el tratamiento bucodental adecuado para discapacitados. "Me siento orgulloso de ayudar a mucha gente en cosas muy concretas, aunque no tuvieran trascendencia en el conjunto de la comunidad son cosas muy importantes para quienes las sufren", señala antes de poner de ejemplo al único niño de un pueblo que le pidió ayuda porque el columpio estaba en mal estado o a una señora que logró una adopción.

García Vicente abandona el palacio de Armijo sin especiales resquemores, aunque reconoce que le hubiera gustado que las instituciones le hubieran contestado a todas las peticiones de información. "Es un problema de mentalidad. El año pasado estuve con la defensora del pueblo sueca y le pregunté cuántos le habían dejado de contestarle. Me dijo que uno, pero aquí son entre un 7% y un 10% del total", añade.

Reconoce que las grandes administraciones, con mayores medios, contestan mejor y apostilla que no contestan los que han metido la pata de tal manera que no saben cómo sacarla o los que lo convierten en una cuestión personal, especialmente en municipios pequeños. Pero también, por ser justo, añade que este año hay consejerías, como las de Ciudadanía o Sanidad, e instituciones, caso del Ayuntamiento y la Diputación de Huesca, que han aceptado todas sus sugerencias.

La máxima aplicada a lo largo de sus 19 años de gestión ha sido muy clara. Y se puede considerar hasta filosófica: "El Justicia no está para buscar culpables, sino para aportar ideas a la Administración para resolver los problemas, poniendo voz a la gente".

A su juicio, caben dos modelos de Justicia: el que se pone al frente de la manifestación "y echa gasolina al fuego para que el conflicto sea más visible" y otro que, dice, ha pretendido y que se basa en escuchar y poner voz a la gente para encontrar una solución. "El que gobierna muchas veces no se entera de lo que pasa debajo de él". "Si podemos resolver un problema sin echar la culpa a nadie es mucho más fácil que nos hagan caso. De otro modo, se pondrán a la defensiva", sostiene.

Consciente de que la fuerza de la institución está en sus argumentos, lo que hizo con más cuidado fue elegir a su equipo de colaboradores, según confiesa. 

Fernando García Vicente, a sus 69 años, está "satisfecho" por su paseo por la institución no solo por la oportunidad que le ha supuesto de ayudar a la gente, sino también por la oportunidad de conocer a "gente importante". En la nómina destaca a los Reyes de España y de Holanda. "A ver cuánta gente puede contar que ha podido comer al lado de cuatro príncipes que ahora son reyes. Me ponían a su lado porque aquí pocos hablaban inglés", destaca.

Tampoco se olvida de autoridades, académicos y "de la gente del pueblo que es muy inteligente". Y añade: "De todos he procurado aprender, he intentado ir con la mente abierta".

Testigo de la realidad

El ya ex Justicia asegura que la institución es testigo de la realidad, como lo demuestra el hecho de que hayan empezado a bajar las quejas por asistencia social, "porque la crisis algo está mejorando y se gestiona mejor el dinero". Mientras, han aumentado las relacionadas con la carga fiscal, que achaca a la subida del impuesto de Sucesiones y a la presión del de Plusvalías.

A lo largo de su etapa de gestión, ha logrado que las administraciones aceptaran buena parte de sus sugerencias para solventar quejas ciudadanas, desde reclamaciones para reducir los plazas de espera para ayudas sociales o el apoyo a las familias monoparentales hasta cuestiones puntuales, como la resolución de conflictos vecinales por ruido.

García Vicente considera que su legado es la consolidación de la institución, que cuenta ahora con oficinas en Huesca y Teruel. Además de recorrer todas las comarcas, ha acudido a 248 municipios a difundir el Derecho Foral y durante sus mandatos se han publicado 234 libros sobre esta materia. "Hemos editado más que en los dos siglos anteriores", apostilla.

Cuando se le pregunta qué consejo le daría a su sucesor, asegura que nadie se lo ha pedido y que, en todo caso, "hay que darlos en privado".

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