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Aragón
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Grito o lamento

Por
  • Mariano Gállego Palacios
OPINIÓNACTUALIZADA 19/04/2018 A LAS 05:00
Hundimiento de la calzada en Monrepós.
Hundimiento de la calzada en Monrepós.
DDA

Tiene la Naturaleza una particular manera de llamar la atención que en ocasiones puede parecer provocadora. Lo acaba de hacer con mucha potencia en forma de agua, de mucha agua, la que ha provocado los desprendimientos en el Pirineo y las riadas en la cuenca del Ebro que nos han mantenido en vilo estos días. Sea un grito de atención o una queja lastimera, asistimos a un fenómeno cíclico que solemos olvidar una vez el agua se achica y se repara la carretera. Pero no es imprevisible, porque se repite con incierta frecuencia. Deberíamos escuchar con un poco más de atención los mensajes telúricos para tratar de desentrañar su significado y prevenir las incidencias.

Funciona en el Pirineo una red de observatorios de ecosistemas sensibles (lagos, turberas...) al cambio climático liderado por el Instituto Pirenaico de Ecología y del que el Geoparque Mundial de la Unesco Sobrarbe-Pirineos es socio colaborador. Su objetivo es precisamente apoyar el desarrollo de actividades económicas, sociales y medioambientales transfronterizas con estrategias conjuntas a favor del desarrollo territorial sostenible.

Días después de que un tramo del Monrepós se hundiera y las rocas cortaran la carretera de Santa Bárbara y mientras el Ebro inundaba miles de hectáreas, los científicos daban a conocer este martes en Boltaña el avance del II Informe del Observatorio Pirenaico del Cambio Climático. Dice, entre otras cosas, que en la cordillera la primavera se adelanta dos días cada década, que la mitad de los glaciares ha desaparecido en los últimos 35 años (nos quedan 19), que hay un día menos de heladas y que desde los años 60 la temperatura media ha subido 1,2 grados. De cara al futuro, la proyección científica apunta a entre dos y cuatro grados más en el Pirineo a final de siglo.

Los primeros datos de este estudio, presentado en el marco de las Jornadas Ibones y Turberas en el Pirineo, alertan, como lo hacen las avenidas o los desprendimientos, de unas modificaciones en el entorno que deberíamos empezar a tener muy en cuenta.

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