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Castillonroy: la tierra roja del dragón

Castillonroy combina el secano propio con el regadío de Albelda, donde muchos vecinos tienen tierras, y explica el origen de su propio nombre con una leyenda que incluye monstruo y castillo.

El alcalde de Castillonroy, Paco Rivas, señala la cueva del Dugo, donde la leyenda dice que moraba el monstruo del mismo nombre.
El alcalde de Castillonroy, Paco Rivas, señala la cueva del Dugo, donde la leyenda dice que moraba el monstruo del mismo nombre.
Laura Uranga

Hace algo más de tres años, Paco Rivas se lió la manta a la cabeza y decidió adentrarse por primera vez en las afanosas (y procelosas) aguas de la política local. "Me liaron, más bien –bromea– porque nunca me lo había planteado, pero hicimos una lista entre varios jóvenes del pueblo y me convencieron para ir de primero. Salí elegido y aquí estoy, haciéndolo lo mejor que puedo por el bien del pueblo y de todos los vecinos".

Paco trabaja en el campo, y recita de carrerilla el panorama. "Este es un pueblo agrícola y ganadero; hay varias granjas y los cultivos son de secano, especialmente almendra, olivo y cereal; contamos con un molino de aceite particular, gestionado por dos familias, donde los agricultores llevan la oliva y cobran en dinero o en aceite. Lo que ocurre es que buena parte del pueblo tiene tierras en la parte baja nuestra o ya en el término municipal vecino, el de Albelda, que es regadío. Ese hecho ha retenido población joven: de hecho, tenemos abierto el colegio con veinte chavales y también hay guardería".

Castillonroy: la tierra roja del dragón

Además de algún contratista de la construcción, de dos panaderías (una de ellas con horno propio) y dos almacenes de cereales, la práctica totalidad de la población estable se dedica a las tareas del campo. Hay casa rural (Rosalía), bar social frente al Ayuntamiento y el restaurante Los Amics al borde de la carretera, con llenazo de camiones; ya saben, eso suele ser un indicador excelente de buena relación calidad-precio, y la fórmula también acierta en este caso. Tiene futbolín, además.

El Dugo

Castillonroy tiene su leyenda, con monstruo incluido; no se sabe si se trataba de un gran pajarraco o de un dragón. El hecho es que su existencia (y su cruento final) tienen mucho que ver con la identidad nominal del pueblo. "Es una historia para no dormir –aclara Paco– que te cuentan desde niño, similar a la del coco. Se conoce que allá arriba, en las rocas –señala a lo alto de la loma que preside el pueblo– vivía un monstruo alado. Se puede ver perfectamente la tierra rojiza en esa zona, y la historia da una razón para este color. Dice la leyenda que el monstruo arrasaba las cosechas y se bebía el aceite de las lámparas de la iglesia; una noche de San Juan, los vecinos del pueblo se aliaron para acabar con él, hartos de las penurias que causaba".

La turba de furiosos aldeanos subió a la cueva y prendió fuego en su interior para obligar a salir al Dugo; entonces se abalanzaron sobre el y lo mataron. Al lado de la cueva había un castillo, así que de la mezcla de ese edificio y la tierra roja contigua salió el nombre de Castillonroy.

La andada hasta arriba ofrece, como es lógico, una excelente vista de la zona, que en este caso es de 360 grados. Lo curioso, como apunta el alcalde, es que el término municipal de Castillonroy coincide exactamente con la línea del horizonte que alcanza la vista desde allí.

Una curiosidad: en lo alto de la loma hay un carro. "Lo de que el carro esté allí –explica Paco– viene de una juerga de quintos a principios de los setenta. Por la noche, con unos tragos de más, varios mozos lo subieron a músculo hasta allá; cuando el dueño descubrió a la mañana siguiente lo que habían hecho, dijo que él no iba a bajarlo otra vez. Con el tiempo, y dado que se iba estropeando con los años y las tormentas, el Ayuntamiento decidió restaurarlo y ahora es un atractivo para el visitante".

Los vecinos del este

Al alcalde se le endurece un poco el gesto al abordar el tema de la relación con Cataluña, que está a apenas diez kilómetros del pueblo. Habla con calma, pero también deja entrever un poso de rabia por todo lo que está ocurriendo. "Con nuestros vecinos siempre nos hemos llevado bien. Es lo natural: las integradoras de las granjas son de Lérida, y hay muchos agricultores que están en cooperativas con Cataluña. Aquí regamos todos con las aguas del Canal de Aragón y Cataluña, hablamos catalán casi todo el tiempo; yo estudié en Lérida y tengo muchos amigos allá, pero hay asuntos que no van tan bien. La referencia para la sanidad, que hasta ahora la teníamos en Lérida, ha pasado a Barbastro para nosotros; parece que ya no quieren que vayamos allá. En las propias reuniones profesionales salta últimamente la chispa con el ‘tema’ y es una pena. Confío en que las cosas puedan arreglarse".

Las asociaciones, la romería y unas reliquias muy veneradas

El mundo de las asociaciones rurales es una garantía de energía limpia para todo ayuntamiento con mano izquierda y capacidad para delegar. En Castillonroy, la asociación de amas de casa es una de las más activas, especialmente en la organización de los festejos de San Antón y las ‘Águedas’, además de colaborar al toque de corneta en cada petición de ayuda institucional. Los pensionistas, gastronomía y excursiones aparte, se organizan desde octubre a mayo –exactamente hasta las fiestas de Santa Rita– para organizar cada domingo un baile en el salón municipal. Los jóvenes se encargan de las demás fiestas populares, especialmente las de agosto, y entre todos arman la semana cultural del puente de la Inmaculada, en la que no falta nunca teatro o música en vivo. El asunto religioso es otro pilar sociocultural de Castillonroy; la cercana ermita de San Salvador estaba en ruinas y hace veinticinco años se constituyó una asociación para levantarla de nuevo; recogida de fondos, actividades y trabajo a concejo hicieron posible que se recuperase el edificio. Hay costumbre de subir descalzo en romería por el acceso principal, aunque también hay camino para hacerlo en vehículo por la parte de atrás del monte. En la iglesia se conserva un relicario con huesos de santos, que llegó al pueblo en el siglo XVII; el día que aparecieron llovió y se acabó una larga sequía, así que se siguió sacando en novenas; este año volvió a ejercer su beneficioso efecto sobre las nubes locales.

LOS IMPRESCINDIBLES

Casa Farrantón

Esta vivienda alberga el museo local, de contenido etnográfico y etnológico. Los vecinos han ido haciendo aportes a la causa, que explican la vida cotidiana del pueblo y sus labores en las décadas precedentes.

Las hojas de higuera

En el centro del pueblo, tras una pronunciada cuesta desde la plaza, existe un pasaje que conecta dos calles, sustentado por vigas de madera. En el techo hay marcas de hojas de higuera hechas por el albañil que hizo la obra.

Tejería y cabanas

La balsa de una antigua tejería (Basa de Teulería) ha sido recuperada como merendero, y una característica de la zona –las llamadas ‘cabanas de volta’, cobertizos de techumbre redondeada– se ha convertido en una visión muy apreciada.

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