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Los pescadores aragoneses ya saben cómo deben sacrificar los siluros que pesquen

El nuevo Plan General de Pesca de Aragón concreta cómo se debe sacrificar las capturas de especies invasoras. La Federación de Pesca ha interpuesto un recurso que suspende la obligación de dar muerte a algunas especies, pero no al siluro, mientras se espera su indulto en una futura ley nacional.

Un gran siluro, posado sobre una roca en plena noche en el fondo del embalse de Mequinenza.
Un gran siluro, posado sobre una roca en plena noche en el fondo del embalse de Mequinenza.
raúl lópez ayala

Los pescadores aragoneses ya saben cómo tendrán que matar a los siluros que pesquen en las aguas aragonesas. El nuevo Plan General de Pesca de la Comunidad especifica por primera vez cómo se recomienda que sea el sacrificio de estos peces y otras especies alóctonas.

La orden, publicada recientemente en el BOA, incluye como es habitual las especies que pueden ser objeto de pesca y su reglamentación, pero contempla también la actividad pesquera como método de control de una docena de especies invasoras entre las que están la trucha arco iris, la carpa común, el carpín, el alburno, la lucioperca, el pez gato, el pez sol, la perca, el rutilo,  el siluro, el escardino, el lucio, el black-bass, el salvelino y el cangrejo rojo o americano.

En un principio, todas estas especies tendrían que se sacrificadas nada más extraerse del agua con el nuevo reglamento en la mano, pero la Federación Aragonesa de Pesca ha interpuesto un recurso ante el TSJA que ha suspendido cautelarmente los artículos que versan sobre la trucha arcoíris, la carpa común y el black-bass, especies que han quedado indultadas.

El resto de las especies invasoras pescables, entre las que está el siluro, deberán ser sacrificadas según se describe en el Plan mediante “la sección completa de la unión del tronco encefálico con la médula espinal con la ayuda de un instrumento cortante afilado o, si su tamaño lo permite, por elongación cervical”, en el caso de los peces o mediante “tracción y torsión simultanea de la aleta central de la cola con el fin de extraer su intestino” en el caso de los cangrejos. Es decir, degollando o descoyuntando la cabeza de los peces y arrancando la cola de los cangrejos invasores.

La pesca con muerte de especies invasoras, un debate que dura ya dos años

Así pues, en la actualidad todos los pescadores que actúen en los ríos y pantanos aragonesas deberán sacrificar siempre que capturen una especie registrada como invasora a excepción de las que ha conseguido mantener en régimen de captura y suelta el recurso de la Federación, desde donde se explica que solo se ha motivado la suspensión del sacrificio de estas especies porque son las que tienen mayor presencia en campeonatos deportivos.

El nuevo Plan abunda más en el debate creado en el sector desde hace dos años, cuando en 2016 una sentencia del Tribunal Supremo promovida por grupos ecologistas hizo que fuera obligatorio sacrificar a todos aquellos peces considerados alóctonos, y a la que la DGA ha adaptado sus normativas posteriores.

La petición de los ecologistas que promovieron esta causa era proteger a las especies autóctonas y evitar que la pesca sirviera como potenciador de las alóctonas. Hay que tener en cuenta que en Aragón la sentencia apelaba directamente al siluro, el black bass, la trucha arcoíris o la carpa, especies arraigadas especialmente en el pantano de Mequinenza, donde se habían convertido en el centro de una actividad económica que solo en la zona se calcula que mueve 6 millones de euros al año entre pagos por permisos de pesca y la llegada y hospedaje de turistas extranjeros que vienen de Centroeuropa exclusivamente para pescar en el llamado Mar de Aragón.

Sin embargo, más allá del perjuicio económico que ya hizo que se paralizaran decenas de concursos el año pasado, los pescadores se han mostrado siempre reacios a tener que matar a los animales que extraen de las aguas, a los que acostumbran a devolver en la modalidad deportiva de captura y suelta.

“Llevamos con este problema ya dos años. Los recursos han permitido que se pueda seguir pescando especies como la carpa o la trucha, pero el rumor de que quizá habría que matar a los animales ha espantado ya a muchos turistas durante este tiempo”, comenta Luisa Serra, presidenta de la Asociación de Pesca Deportiva de Caspe, quien asegura que cualquier pescador se niega a sacrificar a un animal y que además tampoco se han acondicionado contenedores apropiados para depositar los cadáveres en zonas como el coto de pesca de Mequinenza, “por no hablar”, recalca, “de las complicaciones de matar a un bicho de 30 o más kilos como puede ser un siluro”.

El indulto al siluro, pendiente de la nueva Ley de Biodiversidad Nacional

El resquicio en el que confían ahora los pescadores es que el Congreso de los Diputado avance en la aprobación de una nueva ley de Biodiversidad que recoja a posibilidad de poder pescar y soltar especies de peces invasoras sin necesidad de darles muerte en aquellas aguas donde su presencia estuviera registrada antes de 2007, como podría ser el embalse de Mequinenza, donde la presencia del siluro data de más de 45 años.

“Aquí ya es el rey del ecosistema y erradicarlo es imposible. Lo que habría que perseguir es que no se saque y se lleva  otros pantanos, pero aquí, dado que no se puede hacer nada y encima es una especie que genera réditos económicos, se debería aprovechar”, comenta la pescadora.

Por el momento el sector espera que la nueva Ley sea aprobada antes del mes de mayo, lo que pondría fin a la obligación de matar a estas especies justo antes de la temporada importante de movimiento turístico y pesquero.

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