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Aragón

Iluminada Ustero: "La relación con la oposición es estupenda. En más sitios tendría que ser así"

Ustero es alcaldesa de Olvés desde 2015 por el PP. Antes, fue concejala durante dos legislaturas. Es licenciada en Marketing y coordinadora del grupo popular comarcal.

La alcaldesa posa delante de la iglesia de Olvés, cuya restauración continúa pendiente.
La alcaldesa posa delante de la iglesia de Olvés, cuya restauración continúa pendiente.
Macipe

Primera legislatura como alcaldesa, ¿por qué quiso serlo?

Estuve de concejal durante dos legislaturas con Ernesto Gállego, el anterior alcalde, asumiendo las tareas de festejos y cultura hasta que él decidió dejar el cargo. No nos lo esperábamos y tuve que preparar al equipo y a tres personas más en menos de una semana. Liderar la candidatura era algo que me llamaba. Fue todo muy rápido.

¿Se nota la carga de responsabilidad?

Hay que invertir mucho tiempo y estar encima de muchas cosas. Pero si se consigue sacar adelante algo y los vecinos te lo agradecen, eso compensa todo el trabajo que hay detrás.

¿Cómo está funcionando el Ayuntamiento?

Fenomenal. Somos cinco concejales –cuatro del PP y uno del PSOE- y estoy encantada con los otros cuatro representantes, porque aquí con la oposición hay una relación estupenda. Me gustaría que en más sitios fuera así, porque la unión hace la fuerza y en los pueblos tenemos que trabajar por lo mismo. Todos aportamos ideas. Cuando acabamos los plenos nos vamos a comer o a merendar juntos.

¿Cuál es su mayor satisfacción?

Cuando la gente que no reside en el pueblo viene, noto que están contentos, que tienen ganas de venir. Sé que hay quien querría vivir aquí y por las circunstancias no puede, pero se les ve ilusionados. Aprecian que aquí se siguen haciendo cosas y actividades.

Ángel Petisme, vecino ilustre de la localidad, cantaba en honor a Olvés aquello de ‘Donde muere la carretera’, ¿las comunicaciones son un problema?

La carretera es un tema que hay que arreglar. Se han hecho poco más de dos kilómetros, pero falta más tramo hasta Maluenda, y no es por las veces que he ido a la DPZ a reclamarlo, que es mi obligación. Es un problema porque se ha quedado a medias y es una vía transitada, por el autobús de los niños que van al colegio a Calatayud y por camiones. Hay varios puntos complicados.

Su ubicación es un hándicap…

Desde hace 12 años tenemos un camino rural asfaltado, que va hasta Munébrega y Castejón, y que también es muy utilizado. La cuestión es que nos los hacen, y no puedes decir que no, pero el mantenimiento y la conservación luego los tenemos que asumir nosotros y es algo muy costoso. Así que ahora la carretera, literalmente, ya no muere aquí. También estamos reclamando que la fibra llegue hasta el pueblo, porque eso se nota, por ejemplo, en el trabajo diario del Ayuntamiento.

¿Cómo se encuentran las actuaciones en la iglesia?

Los convenios que ha habido a tres bandas con la DPZ y el Obispado han sido muy útiles. A pesar de que a nosotros nos suponía un esfuerzo importante participar con el 20% en cantidades grandes. Se ha ido actuando, trabajando en las calles cercanas, que son como muros de contención, y falta por intervenir en el ábside, que está en unas condiciones muy precarias. En el último plan no hemos entrado, pedí una ayuda de urgencia, pero no se nos concedió. La verdad es que cuando entras en la iglesia, impresiona su mal estado. En las bóvedas hubo una intervención espectacular, en 2015, sujetando el tejado y se inyectó hormigón en el suelo. Pensé que la volvería a ver abierta pronto, pero es difícil. Espero que sea algo que se pueda retomar, porque sucede como con la carretera: se ha empezado, pero no se ha terminado.

Hay parte de su patrimonio que reclama que vuelva a su sitio original.

Sí, el retablo de la iglesia y el peinador de la reina, una pieza considerada excepcional. El primero está desmontado en dependencias municipales y el segundo es una pieza muy especial, que se guarda ahora en el Museo de la Colegiata de Santa María de Calatayud, pero su sitio es en la iglesia de aquí, que ahora está cerrada. Al igual que el retablo, que si se hubiera intervenido en el edificio, estaría más cerca de volver a su lugar.

Los trapos de Olvés forman parte también de su patrimonio...

Sí, eran unos dulces que hacían mis padres, que eran los panaderos. Disfrutábamos mucho en la panadería, y sobre todo ellos cuando asumieron el negocio de mi abuelo. Se lo pasaban como enanos y, está mal que lo diga yo, pero les salía todo muy bueno (ríe). Eran otros tiempos, y con unos medios, como el horno tradicional, muy diferentes a los que hay ahora. Pero era un producto que lo conocían en muchos sitios y muy demandado.

El pueblo sigue teniendo vida, ¿qué lo hace posible?

Somos pequeños, pero tenemos productores importantes de almendra y cereza, cuya actividad genera mucho trabajo durante las campañas. Pero, además, hay familias de inmigrantes, que vinieron en esas épocas, que se han quedado con sus hijos aquí a vivir. Y los chiquillos juegan entre sí y están contentos, se han adaptado a estar aquí.

Y también tienen bastante actividad social…

También tenemos dos asociaciones, en las que sus socios colaboran y dinamizan muchísimo en todo, puedes contar con ellos para lo que sea. Siempre responden para fiestas, actividades, viajes. Es importantísimo colaborar con ellas y trabajar juntos por el beneficio del pueblo. Uno de los proyectos que tenemos entre manos con ellos es preparar un encuentro con antiguos maestros de la localidad, nos va a costar, pero creo que se puede conseguir.

Además cuentan con un verano cultural.

Se hacen muchas actividades durante los meses de verano para fomentar que la gente se lo pase bien y esté entretenida. Los chavales, después de las fiestas de agosto, acaban llorando y diciendo que no se quieren ir del pueblo. Incluso a las fiestas de invierno ha venido un montón de gente joven.

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