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Reportaje

Bronce y sueño, los gitanos

El pueblo gitano entró por Aragón hace casi 600 años, pero solo obtuvo la ciudadanía de derecho en 1978. Entre medio, cinco siglos de persecución por los que nadie ha pedido perdón. Un convenio con el Ayuntamiento les da por primera vez protagonismo en Zaragoza

Actualizada 12/02/2018 a las 08:01
Raíz y culturas. Proyecto cultural de los gitanos de Zaragoza

Cuando Alfredo Bautista Jiménez abandonó el pasado 22 de diciembre el pleno del Ayuntamiento de Zaragoza lo hizo con lágrimas en los ojos. De la emoción de ver al pueblo gitano al fin reconocido por el consistorio zaragozano. Nunca pensó este pastor evangélico de 70 años que vería a los grupos municipales aprobar una proposición gitana y conseguir un convenio de difusión y promoción de una cultura que durante más de 500 años ha sido perseguida, «injusticia de la que nadie habla. Quizá porque nadie la conoce», destaca su hijo, Noé Bautista, portavoz de la Asociación de Promoción Gitana de Zaragoza (APG).

Una moción del grupo socialista del Ayuntamiento de Zaragoza, a petición de la APG y con el especial esfuerzo de la concejal Lola Campos, dio vida a esta victoria moral tan esperada y bien recibida por los más de 20.000 gitanos que viven en Aragón. «El pueblo gitano forma parte de la historia de España, de Aragón y de Zaragoza desde hace siglos y su cultura, propia y arraigada, es parte igualmente de nuestra cultura. Este reconocimiento no debe quedarse en una mera declaración formal sino que puede y debe traducirse en acciones concretas que permitan, además, utilizar la cultura como vehículo de normalización, integración y superación de barreras», rezaba la propuesta, que se aprobó por unanimidad. Es decir, ha de haber dinero para proyectos, espacios donde poder realizar las actividades y una implicación directa y clara del Ayuntamiento para que arte, historia y vivencias sean herramientas de transformación. «Porque el gitano tiene que abrirse por fin a la sociedad mayoritaria, y los ciudadanos deben saber quiénes somos. Si el racismo es fruto de la ignorancia, se resolverá con conocimiento», resume Bautista.

Bronce y sueño, los gitanos

Será un proyecto de acercamiento entre culturas, muy ambicioso, que englobará la música y el folclore. También los festivales, como el de San Juan, tan importante para el pueblo gitano y que pretenden ahora abrir al resto de ciudadanos. La participación también en las Fiestas del Pilar a través de un festival flamenco, iniciativa que no siempre ha sido apoyada por el Consistorio. Se preparan charlas para dar a conocer la historia del pueblo gitano, e incluso se está redactando un proyecto teatral escrito y dirigido por mujeres, para explicar la visión femenina en esta cultura. Y todo, con la generosidad que caracteriza al pueblo gitano, que no duda en ofrecer su arte para el disfrute de todos, «porque nuestra cultura ha podido ser perseguida y arrasada. Pero como la rosa que tras estrujarla suelta su perfume, así hemos sido nosotros: porque en estos 500 años no han logrado que dejemos atrás nuestra esencia. Al contrario, la hemos repartido de manera que la cultura de España lleva nuestra huella», sonríe Noé Bautista.

El gitano traía una tecnología de forja muy desarrollada y un enorme talento para la doma y la ganadería. Por desgracia, en 1499 se unió la espada con la iglesia, se impuso una sola línea de pensamiento

Reflexiones gitanas

El gitano ha hablado tan poco durante estos siglos, que las ideas se agolpan al conversar con los entrevistados para este reportaje. Tantas y tantas generaciones de silencio forzado y de invisibilidad hace que se amontonen emociones y vivencias, pero también que se multipliquen los abrazos y los regalos al periodista, de los pocos que se ha molestado en preguntarles, simplemente, qué es ser gitano. «Si miras los diccionarios, gitano es ladrón, ladino... Todavía incluye la RAE como sinónimo ‘trapacero’. Para nosotros, sin embargo, decir que alguien es “muy gitano” significa que es muy honesto, que te puedes fiar de él», destaca José Luis Rodríguez Hernández. «Ser gitano es pasión, respeto a los ancianos, valorar la palabra dada. Un gitano protege a su familia y es generoso, da lo que tiene y comparte. Pero es curioso, porque todos esos rasgos del gitano son producto de la persecución sufrida estos 500 años. Si durante siglos el hombre tuvo que esconderse en el monte para no ser arrestado y llevado a galeras, el pueblo se regía entonces por la gente mayor. Si las pragmáticas han impedido a este pueblo desarrollarse y crear su propia riqueza, entonces habrá que ayudarse y compartir para sobrevivir. El gitano que llegó a España entrando por Aragón en 1425 ni era nómada ni pobre ni charlatán ni decía la buenaventura. No era más o menos generoso que los demás. Era simplemente un pueblo que venía huyendo de unas circunstancias y que traía una tecnología de forja muy desarrollada y un enorme talento para la doma y la ganadería. Por desgracia, en 1499 se unió la espada con la iglesia, se impuso una sola línea de pensamiento y la Inquisición anuló cualquier línea diferente a la oficial. Ya fuera con judíos, con mozárabes, con las mujeres independientes a las que tachó de brujas... Y así comenzó nuestra persecución. ¿Qué teníamos de diferente Nuestra forma de vestir, nuestro idioma, nuestra manera de celebrar».

«Somos como esos viejos árboles batidos por el viento que azota desde el mar», cantaba José Antonio Labordeta. La historia gitana es la de esos árboles batidos por las más de 280 pragmáticas o leyes de persecución, de intentos de expulsión y de exterminio. Árboles que han resistido por cinco siglos. Solo las cuatro últimas décadas ha podido disfrutar este pueblo del reconocimiento de ciudadanía de pleno derecho. En 2018 la Constitución Española cumple 40 años, y en ella se incluyó un artículo, el 14, que reconoció a los gitanos la igualdad que les había negado desde los Reyes Católicos. «Pero no verás ni una placa que recuerde esos siglos. En la iglesia de San Pablo de Zaragoza, donde hay enterradas cientos de mujeres y niñas gitanas tras la redada de 1749, no hay una placa que las recuerde», destaca Rodríguez Hernández. «Nadie ha pedido perdón. Los sefardíes ya pueden volver, con la oferta de una doble nacionalidad, pero aún estamos nosotros esperando un reconocimiento, unas palabras de disculpa por un trato injusto que tenía como interés convertir a una población en vasalla, anular su independencia y llenar de remeros los barcos del Ejército español tras el desastre de la batalla de Lepanto. Se abrió una brecha y aún no se ha cerrado».

El gitano desconfía de una sociedad donde las fuerzas de seguridad significaban inseguridad, donde las leyes no le protegían... Muchos gitanos rechazan esa sociedad mayoritaria

Raíz y culturas. Proyecto cultural de los gitanos de Zaragoza

¿Cómo desgranar esa historia sin pecar de victimismo? ¿Se escuda el gitano en esa persecución para vivir a espaldas de la sociedad? En opinión de Noé Bautista el propio gitano tiene parte de responsabilidad en mantener esa brecha abierta. «Y es hora de que afronte una realidad diferente. El gitano desconfía de una sociedad donde las fuerzas de seguridad significaban inseguridad, donde las leyes no le protegían... Muchos gitanos rechazan esa sociedad mayoritaria. “Si me van a discriminar, para qué intentarlo”, piensa. “No voy a estudiar porque no me servirá de nada. Para qué quiero un título si no me darán el trabajo”, dicen los niños. Esa es la raíz del absentismo escolar, por ejemplo».

Y lo dice por propia experiencia. Noé Bautista recuerda con amargura su propia vivencia, a los diez años, cuando tuvo que cambiarse de colegio. Era un alumno sobresaliente en un pueblo de Aragón, pero su padre, el pastor evangelista, tuvo que mudarse. Al llegar al siguiente colegio, le pusieron muchas dificultades para matricularle. No querían más gitanos. «Mi padre intentó mediar, porque siempre ha sido muy conciliador, pero yo recuerdo esa humillación, tan nueva para mí. En mi anterior escuela no había tenido problema alguno, ¿qué estaba ocurriendo? Y levanté la vista y le dije a mi padre: “No importa. Me da igual. Si no me quieren, yo tampoco les quiero a ellos”. Y dejé de estudiar.  Y me encerré en mi mundo gitano, rechazando todo lo payo. Así durante años, hasta que me di cuenta de que ese no era el camino. Pero todavía hay familias enteras que piensan así, que creen que la sociedad mayoritaria les quiere robar su esencia, que les quiere cambiar, que les va a perseguir o a hacer daño. Y eso es muy negativo para la comunidad gitana».

Minoría de segunda

Bronce y sueños, los gitanos

La otra parte de la brecha viene de los prejuicios creados en torno a esta etnia a lo largo de la historia, trasvasados de generación en generación hasta convertir a los gitanos en una minoría de segunda, de la que todavía se pueden hacer chistes públicamente, escribir en redes sociales comentarios de odio o desconfiar públicamente (solo hay que leer los comentarios que acompañan a este reportaje al final de la página, que no serían permitidos en otros grupos que sufren discriminación). José Antonio Jiménez es un policía zaragozano, del barrio de la Magdalena. «“¿Gitano y policía?”, me preguntan. ¿Tan homogéneos creen que somos los gitanos, que todos tenemos que ser chatarreros o comerciantes? Podemos ser lo que queramos. Al menos, si nos dejan soñar y creerlo, porque no es fácil. No es fácil la vocación cuando la vida te dice desde el principio que tú no, que tú no vas a poder».

Es lo que se llama ‘efecto pigmalión’ en la educación, «el resultado de tantos impactos de discriminación de baja intensidad que, acumulados en el tiempo, tienen suficiente fuerza para que asimilemos que somos de segunda clase. También les pasa a las niñas, cuando empiezan a creer que no valen para las ciencias. El niño gitano, que siente el rechazo desde el primer día de cole, a quien le dicen cosas compañeros e incluso algún profesor, empieza ya con desventaja. Y luego pasa lo que pasa». Según Jiménez, «la solución empieza por dejar de victimizar, porque el niño gitano vea a otro de su etnia en la sala de profesores. Si un gitano en Bachillerato sabe que soy codirector de trabajos de fin de grado en Trabajo Social en la Universidad de Zaragoza quizá entonces se anime a estudiar la carrera, quizá vea que sí vale».

Necesitamos gitanos en todas las instituciones: profesores, catedráticos, policías, bomberos, militares, jueces..., para que cualquier niño sepa que también puede

Por eso, José Antonio Jiménez ha puesto en marcha el Campus Roma Aragón, un espacio de encuentro entre gitanos licenciados y estudiantes que tienen la ilusión de seguir formándose. «Con un correo a campusromaragon@gmail.com nos pueden decir qué quieren estudiar y nosotros nos ponemos en contacto con alguien que les oriente. Además, programaremos visitas a la universidad, charlas... Es un proyecto que va a crecer y que espero que haga un efecto ‘bola de nieve’ y lleve a unos y a otros a animarse a seguir estudiando o a retomar los estudios. Necesitamos gitanos en todas las instituciones: profesores, catedráticos, policías, bomberos, militares, jueces..., para que cualquier niño sepa que también puede. Y para que en esos estamentos no se produzca ninguna situación de rechazo. Que haya quien vigile y advierta: “No, por ese camino no”. Aquí ha de haber igualdad de oportunidades». Por eso, ha sido una gran noticia para la comunidad saber que la abogada gitana oscense Sara Giménez será la representante de la Fundación Secretariado Gitano ante el Comité Europeo Contra el Racismo y la Intolerancia del Consejo de Europa, en Estrasburgo. El nombramiento se hizo efectivo el 1 de enero, pero iniciará su participación a partir del 21 de marzo.

Raíz y culturas

En una preciosa finca a las afueras de Monzalbarba (Zaragoza) nos recibe un grupo de músicos de larga trayectoria y enorme talento. El guitarrista Pedro Antonio Tejero y los cantaores Pedro Bautista ‘Titi’ y Jesús Tejero ‘Jarry’. Con ellos, el compositor y cantaor Eugenio Tejero ‘Confu’ y el percusionista Jesús Bautista Díaz ‘Patas’. Son pieza fundamental del proyecto que la Asociación Promoción Gitana presentó al Ayuntamiento de Zaragoza, la creación de un grupo que con el nombre Raíz y Culturas presentará espectáculos de música, poesía, teatro y conversaciones. «Romperemos barreras artísticas y sociales. Porque abriremos la cultura gitana a otras culturas, incluiremos letras de grandes poetas y nuestra propia poesía. Y buscaremos al gran público, queremos que todos conozcan qué es la cultura gitana aragonesa, por qué puede fusionarse con otros folclores aragoneses, árabes, hindúes...», desgrana Pedro Antonio Tejero, un gitano alto y guapo, cuyo talento en la guitarra se ha plasmado en numerosos trabajos musicales de grupos como Flamenco Norte. Está convencido de que la música es capaz de unir, «porque el flamenco gusta, y está abierto a otros puntos de vista y opiniones. Y puede expresar un mensaje contra el racismo, la violencia, el maltrato... Habrá guitarra, bajista, percusión y cante».

Una academia asequible y abierta a todos los niños de la ciudad es la mejor manera de que el gitano pueda por fin mostrar su generosidad al resto de la sociedad, y se pueda dar a sí una oportunidad a todo aquel que despunte

Y en ese proyecto se esconde otro aún más ambicioso:la creación de una academia de precio asequible, a la que puedan acceder niños de toda clase social que tengan interés por la música. Es un proyecto que apoyan especialmente Jarry y Confu, «porque es la mejor manera de que el gitano pueda por fin mostrar su generosidad al resto de la sociedad, y se pueda dar a sí una oportunidad a todo aquel que despunte», dice Jarry, cantaor flamenco cuya trayectoria se alarga hasta los años setenta. Cuenta con un grupo (Puro Flamenco) y está embarcado en una gira con el artista cubano Jaime Barrés con su proyecto ‘De la bulería al son’. Por su parte, Eugenio Tejero ‘Confu’ fue tercer premio del festival arte jondo de Las Minas, colaboró con Miguel Ángel Berna en su proyecto de flamenco y jota, ha llenado el Teatro del Mercado y ha actuado en países como Chipre, Alemania, Ucrania o Francia. «Estamos suficientes profesionales para sacar adelante esa academia. El proyecto es clave para que el gitano se dé a conocer y entienda a esa otra parte de la sociedad. Si se conoce una cultura, caen las ideas preconcebidas».

La mujer gitana ha cambiado mucho en los últimos años. Siempre ha mandado en el hogar, pero ahora se abre a la sociedad

Y de ideas preconcebidas y rechazo saben mucho las mujeres gitanas. Por eso, en ese convenio cultural con el Ayuntamiento quieren tener voz, con un proyecto teatral creado por una veintena de gitanas deseosas de contar su historia. «De mostrar nuestra vida, el día a día a través de los ojos de la mujer gitana», resumen Antonia Moreno y Eva Mª Jiménez. «Porque la mujer gitana, desde que nace, se enfrenta a una doble desigualdad: su sexo y su etnia. Y ha luchado mucho estos últimos años para desarrollar su propia voluntad. Los prejuicios están ahí, no importa lo que haga se la criticará. Si se enamora joven, dirán que se casa obligada. Si quiere tener muchos niños, la mirarán mal...», enumera Jiménez. Por su parte, Antonia Moreno destaca que «la mujer gitana ha cambiado mucho en los últimos años. Siempre ha mandado en el hogar, pero ahora se abre ala sociedad. La madre gitana quiere que sus hijos estudien y que salgan adelante por sí mismos».

El proyecto teatral, que será una manera de presentar a la sociedad mayoritaria una realidad tantos años silenciada, incluirá testimonios, canciones, anécdotas, realidades... «Cada mujer hablará de su vida y de su mundo. De su presente, pero también del pasado. Porque en la historia gitana, cuando el hombre era perseguido para ser enviado a galeras, era la mujer la que tenía que entrar en el pueblo a vender las cestas de caña que hacía, era ella la única que podía ganar algo de dinero. Ella sacaba adelante la familia» recuerda Eva Mª Jiménez. «Es otra historia que se ha silenciado demasiados años».





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