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Educación

"La educación debe responder a los perfiles profesionales que demanda la sociedad"

Ángel García de Jalón, presidente del Grupo San Valero, repasa el pasado y los retos de futuro de esta entidad con motivo de la presentación de un libro sobre sus orígenes.

S. Campo 31/01/2018 a las 05:00
Francisco José Génova, Vicente Jiménez y Ángel García de Jalón en la presentación del libro sobre los orígenes del Grupo San ValeroOliver Duch.

¿Qué le llevó a escribir este libro sobre los orígenes del Grupo San Valero y esa primera escuela para peones y aprendices que inició sus clases en abril de 1953?

El año pasado celebraban el 75 aniversario de la creación de la parroquia San Valero y dentro de los actos organizados el párroco nos invitó a que explicásemos cómo había nacido, allí mismo, esta escuela nocturna. Me encargué de la charla y con la documentación y los testimonios que recuperé me animaron a hacer este libro.

Seguro que ha recordado o redescubierto alguna anécdota de esos inicios que vivió como hijo de uno de los impulsores.

Era muy pequeño, tenía 10 años. Hay una anécdota en relación con la base americana, que se estaba construyendo entonces. Se trataba de hacerle un poco la pelota al coronel jefe americano, para conseguir, como se consiguió, que donase los sacos vacíos de papel de cemento que empleaban y luego quemaban. Con ese papel para reciclaje se consiguió pagar los primeros sueldos y comprar los primeros tornos en la escuela. Mi padre tenía una finca en la avenida de Madrid con frutales y en aquella época no se podían comer los mejores melocotones porque eran para el coronel. Así está reflejado en el libro, pero no lo de los melocotones (risas). También se intentó que doña Leonor Salas, mecenas que pagó las torres del Pilar, hiciera una donación. Era clienta de la tienda de fotografía de mi padre y se lo prometió, pero la fortuna le resultó corta y San Valero se quedó sin nada.

Aquel curso de 1953 lo comenzaron 14 alumnos y lo terminaron 52. Hoy más de 25.000 estudiantes pasan cada año por sus cinco centros. ¿Qué se conserva del espíritu original?

Lo característico de la acción social y educativa de San Valero siempre ha sido que cada alumno es una persona distinta y, esencialmente, se le enseña a aprender. Es el alumno el que tiene que tomar la iniciativa del aprendizaje. Lo importante es que cada uno llegue hasta el punto que su inteligencia lo permita, pero no menos.

¿Por dónde va el futuro de la educación?

Hay que ser profeta para saberlo, todo cambia a una velocidad vertiginosa. En estos momentos se está poniendo en duda el futuro de la Universidad tal y como la concebimos. Hay unos estudios básicos que hay que mantener en ella, pero está claro que si se quiere mantener un cierto grado de fiabilidad hay que responder a las necesidades laborales que tienen las empresas, las industrias y la sociedad en general. La Universidad San Jorge apuesta por píldoras de conocimientos y cursos concretos sobre temas que realmente susciten inquietud. ¿Grados nuevos? Es posible que se amplíe alguno más, pero no es lo fundamental.

La duplicidad de grados con la Universidad pública les ha llevado a los tribunales. El TSJA avaló que la San Jorge pueda seguir impartiendo Magisterio. Están pendientes otros dos procesos judiciales en Madrid con el mismo fondo. ¿Qué espera de ellos?

El Estado tiene una obligación clara de controlar los estudios oficiales que se dan en el país y que todos tengan el nivel de calidad exigible. Pero no debe ir en contra de una competencia. No me parece lógico que se quiera limitar la impartición de titulaciones porque ya existen en una Comunidad. Si fracasamos y es un desastre, somos nosotros los que nos estamos jugando el dinero.

¿Hay un desajuste entre la formación y la realidad laboral?

Poco a poco la Universidad, tanto la San Jorge como la pública, y el resto de nuestros centros formativos se abren más a las necesidades de las empresas y de los perfiles profesionales que demanda la sociedad en general. Pero aún falta.

¿Y la enseñanza ‘online’? Cuentan con una apuesta como es SEAS Estudios Superiores Abiertos.

Aragón tiene la población que tiene, poca, y si queremos que la universidad llegue a más gente hay que buscar otros métodos que nos hagan más universales. Una fórmula es la formación ‘online’ apoyándonos en la lengua española, con todo el mercado que hay en Latinoamérica. Pero, no solo eso, también hay que abrirse a las enseñanzas profesionales en el entorno digital. En República Dominicana tenemos gran experiencia en este campo.

Precisamente Defensa adjudicó a SEAS el contrato público para formar ‘online’ a 4.000 militares en los próximos dos años. ¿Una buena plataforma para posicionarse a nivel nacional?

Para nosotros fue interesante ganar este concurso por la gente con la que competíamos, con entidades de gran prestigio como la Universidad de La Rioja.

Ha hablado de la implantación en la República Dominicana. ¿Cómo está el proyecto para Haití?

No es fácil establecerse en Haití. Desgraciadamente, es un estado fallido y con una inseguridad tremenda, aunque parece que se va reconstruyendo poco a poco. Hay algún intento por parte de organismos internacionales de organizar institutos educativos en la zona fronteriza, en suelo dominicano pero justo en la frontera de Haití, apoyados por proyectos europeos y de la Agencia Española de Desarrollo. Allí querríamos estar nosotros. Contamos con la experiencia de los centros politécnicos de la República Dominicana, con una plantilla de 300 personas de nacionalidad dominicana y con un prestigio de calidad docente y eficacia de gestión.

Si nos comparamos con Europa, España suspende en Formación Profesional, ¿en qué fallamos?

Es una cuestión cultural. Para San Valero, su objetivo siempre ha sido la Formación Profesional y podemos decir que considera la Universidad como una FP cualificada. Para las familias un indicador de éxito era que sus hijos tuvieran una carrera universitaria y todavía no hemos vencido esto. En otros países el éxito social no depende del título que uno tiene, sino de cómo se ha integrado en la sociedad en la que vive. La Universidad te proporciona una cultura y una formación, y esto te da una ventaja incuestionable para abrirte paso en la vida, pero nadie te garantiza que vas a trabajar de lo que estudias.





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