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Aragón

Pasos de cebra a cien metros y otras 'trampas' inducen muchas de las imprudencias del peatón

El diseño urbanístico de los entornos de Grancasa y del hospital Miguel Servet, los tramos con más atropellos de la línea, multiplica el número de infracciones y accidentes.

El trazado de la línea 1 del tranvía se extiende a lo largo de 12,5 kilómetros, atravesando la ciudad de punta a punta y configurándose como su verdadera espina dorsal. Pero, ¿es casualidad que de los 31 atropellos que se han registrado desde su puesta en marcha –4 mortales– casi dos tercios se concentren en dos lugares muy concretos? La respuesta es no. Porque basta con darse una vuelta por las avenidas de Gertrudis Gómez de Avellaneda (entorno de Grancasa) y de Isabel la Católica (Miguel Servet), a las que la estadística identifica como los principales puntos negros para los peatones, para constatar que las imprudencias están a la orden del día. Y es aquí donde se plantea otro interrogante: ¿los viandantes cruzan en rojo o por fuera del lugar habilitado por voluntad propia o porque no les queda otro remedio?

Los dos atropellos mortales de este triste inicio de año han obligado al Ayuntamiento a anunciar esta semana una batería de medidas: repintado de las señales de advertencia en las aceras, campañas informativas, refuerzo de la vigilancia policial y hasta un nuevo plan de seguridad vial. Pero lo cierto es que las peculiares características de estas dos conflictivas arterias parecen precisar de soluciones específicas.

Un "laberinto" urbano en el entorno de Grancasa

Desde el Centro de Salud Actur Sur, al comienzo de la avenida de Gertrudis Gómez de Avellaneda, hasta el centro comercial Carrefour existen hasta 22 pasos de cebra para poder atravesar la calzada, el eje del tranvía y el carril bici. Podrían parecer suficientes, pero la realidad dice que estos no se encuentran equidistantes, y mientras algunos están muy juntos a otros los separan más de cien metros. Aquí surge el primer problema para los viandantes, a los que esta configuración urbanística de la avenida induce de alguna manera a cruzar por donde no deberían. Y como tampoco hay una valla que se lo impida –al margen de en las paradas del tranvía, solo hay una instalada junto al hipermercado– asumen un riesgo que se ha traducido hasta la fecha en una decena de accidentes (solo con el tranvía).

"Llevo siete años aquí y afortunadamente no he presenciado ningún atropello, pero me he acostumbrado a trabajar con el soniquete de la campana del tranvía, porque aquí mucha gente cruza en rojo", comenta la empleada de una promotora urbanística que cuenta con una oficina comercial a pie de calle, junto a Margarita Nelken. "Al ver llegar el autobús o el tranvía –apunta–, atraviesan la calzada asumiendo un riesgo importante. Hasta yo lo he hecho alguna vez", admite. En tres enclaves de la avenida existen peligrosas paradas paralelas de este tipo.

"No sabemos conducir, pero menos caminar", aseguraba el miércoles Julio Navarro, vecino de Kasan. Este jubilado y su mujer aguardaban a que el semáforo tornara a verde junto al centro de salud. "A mí ya me atropelló un coche cerca de aquí, andando por la acera. Fue un susto tremendo que me ha hecho extremar aún más la precaución", contaba. Al hablar de posibles multas para aquellos peatones que hacen caso omiso a los semáforos, lo tiene claro: "Sería extraordinario, solo nos preocupamos de algunas cosas cuando nos rascan el bolsillo".

Los "sonámbulos" del móvil, como los llama Adelaida García, son también legión en esta zona de la ciudad, donde se ubican la Escuela de Arte, centros comerciales y varios gimnasios. "No te ven hasta que te tropiezas con ellos, cómo no van a correr peligro al cruzar las vías", dice. El Ayuntamiento prevé ahora lanzar una campaña específica tanto para ellos como para quienes deambulan con los auriculares ajenos a todo. En cualquier caso, los vecinos creen que el problema está en el "laberinto" urbano al que se enfrentan a diario.

Excesos de confianza en el concurrido acceso al Hospital Miguel Servet

Al eje del Urbos 3 a su paso por la Gran Vía y el paseo de Fernando el Católico se le pueden poner varios peros, como el exceso de elementos junto a las vías (árboles, parterres, bancos, parquecitos, mupis, postes de semáforos, de farolas, cajones de registros de alumbrado público, carril bici...), lo que unido a la mala iluminación nocturna (esta semana se han repuesto 55 bombillas fundidas) dificulta la visibilidad de los peatones. Si a esto se suma la gran cantidad de señales horizontales blancas o amarillas, rectangulares, cuadradas, lineales o incluso en aparentes rombos, los viandantes y ciclistas que pasan por el bulevar tienen que hacer caso a un montón de mensajes que, precisamente por su abundancia, acaban por ignorar.

Aunque, si se examina con atención el comportamiento de los zaragozanos que transitan por esta zona, lo que se observa rápidamente es que a muchos de ellos las luces rojas de los semáforos de peatones no les intimidan. Y tampoco las vías del tranvía, pues una vez que lo ven pasar a su lado se lanzan a cruzar en rojo si no atisban ningún coche cerca.

Dos conocidos del fallecido en el último atropello ocurrido en Gran Vía hablaban esta semana en el punto del accidente y no encontraban otra explicación que se trató de un "fallo" humano, un "despiste". "Pensamos que miró si venían coches y no vio el tranvía. Conocía perfectamente este cruce porque era vecino de la zona", manifestaron.

En la plaza de San Francisco, esa proliferación de elementos se conjuga con la presencia de dos paradas paralelas y peatones que corren de un lado a otro de la plaza cuando ven que su tranvía se aproxima y están justo en el lado opuesto. Su fijación y afán por llegar a tiempo les impide ver que otro convoy se acerca en dirección contraria.

Pero en la parada del Hospital Miguel Servet las circunstancias son muy diferentes, ya que la visibilidad en ese largo tramo recto es perfecta. Entonces, ¿qué ocurre en este punto para ser el segundo con más atropellos desde que existe la línea? La respuesta es que la mayoría de los peatones ponen su atención solo en los coches y pasan en rojo cuando no se acercan. También que muchos de los viajeros que bajan del tranvía pasan la calzada sin solución de continuidad, indistintamente de lo que indique el semáforo.

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