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Aragón

"He llegado a tener que elegir entre comer o pagar las facturas"

Souad vive en Las Fuentes desde hace apenas una semana. En los últimos años ha pasado por varios pisos de La Almozara, donde llegó a ser desahuciada. De esa etapa arrastra una deuda que todavía sigue pagando.
Souad vive en Las Fuentes desde hace apenas una semana. En los últimos años ha pasado por varios pisos de La Almozara, donde llegó a ser desahuciada. De esa etapa arrastra una deuda que todavía sigue pagando.
Aránzazu Navarro

Souad Moundil, original de Marruecos, vive en un piso de alquiler social de Las Fuentes junto a su hija de 15 años. Lleva tres divorciada y, aunque en los últimos meses ha encadenado varios trabajos temporales, actualmente no tiene empleo.

En su mesa, las facturas se acumulan. Su situación económica le ha llevado a renunciar al frigorífico. También trata de no encender la calefacción "hasta que no hace mucho frío". El suyo es un caso extremo. No obstante, decenas de familias aragonesas siguen teniendo problemas para pagar sus gastos corrientes y llegar con garantías a final de mes.

Aunque el alquiler le cuesta únicamente 80 euros, ha llegado a acumular una importante deuda con las eléctricas que aún hoy sigue pagando. "Cada mes me descuentan 136 euros en la factura de la luz. También tengo que abonar parte del agua de mi antigua casa", dice. Para ella, tener un teléfono móvil con conexión a internet se ha convertido en un lujo que, en estos momentos, no se puede permitir.Sus últimos años en España –en total lleva 11– han estado marcados por las dificultades económicas. Pese a estar seis años como empleada del hogar, nunca ha vivido con comodidades. Recientemente ha cuidado de niños y ancianos y ha trabajado en empresas del sector frutícola.

En ocasiones, el sueldo que cobraba, alrededor de 300 euros, "no llegaba ni para pagar el alquiler". "Hubo un tiempo en que ganaba 520 euros, pero ahora solo me quedan los 430 del subsidio", admite. La falta de ingresos ha hecho que en ocasiones se haya visto en la tesitura de tener que elegir entre pagar las facturas o comer. No en vano, llegó a ser desahuciada del piso de La Almozara en el que residía.

Los recibos se acumulan

Pagar el agua es algo que le cuesta especialmente. "Y eso que no soy una persona que deje mucho tiempo el grifo abierto", apunta. Para ahorrar en la factura de la luz ha comprado bombillas de bajo consumo, una inversión con la que espera suavizar su deuda. En cuanto al móvil, solo se permite gastar cinco euros al mes.

El problema, explica Souad, es que las facturas antiguas "se juntan con las nuevas". "Aunque ocurra, llevo todos los números en la cabeza. De tanto mirarlas me las sé de memoria", afirma. En España no tiene familia que la ayude. Sus amigos y conocidos, no obstante, siempre procuran avisarle de todas las ofertas de trabajo que encuentran. "También me llaman a veces para limpiar", expone.

Aunque su prioridad es encontrar un empleo que le garantice una cierta estabilidad y le permita no depender de las ayudas públicas, otro de sus objetivos es formarse, requisito imprescindible para aspirar a puestos mejor remunerados. En Marruecos, estudió hasta segundo de bachillerato. Su sueño habría sido cursar literatura francesa, una meta que espera retomar en un futuro.

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