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Aragón

Dimite el presidente del Gobierno

Crisis ministerial, caída del Gobierno y muerte de un partido. Con esa noticia se despertaron los españoles hace hoy 100 años. Una de las contingencias más complicadas vividas hasta ese momento en el país.

Recorte de la noticia publicada en HERALDO DE ARAGÓN
Recorte de la noticia publicada en HERALDO DE ARAGÓN

El Gobierno confiesa su impotencia; antes de convocar elecciones, antes de abrir las Cortes, antes de luchar seriamente contra sus muchos adversarios, el presidente del Gobierno Eduardo Dato presenta su dimisión.

Muchos españoles lo esperaban, aunque no aventuraban tanta precipitación.

El presidente ha acudido, como cada mañana, al Palacio para informar al rey don Alfonso de todo lo relativo a los asuntos de actualidad. Hoy estaba en agenda la cuestión militar. En la reunión, de media hora escasa, Dato ha presentado su dimisión al Monarca. No había periodistas en las puertas del Palacio en ese momento, por lo que la noticia de su dimisión ha tardado más de una hora en conocerse.

Los ministros conocedores del paso dado por el presidente, ya que le autorizaron para presentar la dimisión, han esperado a que la noticia se hiciera pública para reunirse en un Consejo extraordinario. Cuando el señor Dato ha salido del Palacio ya le esperaban algunos de ellos en la Presidencia; los otros llegaron poco después.

Aunque parece que la noticia de la crisis ha sorprendido a algunos ministros que no sabían nada, son muchos los que suponen que incluso Dato era el sorprendido, pues habría acudido al Palacio sin el propósito de dimitir; ha sido una simple indicación del Monarca sobre la conveniencia de someter la situación política a consultas la que habría provocado que Dato presentara su dimisión, convencido de que le faltaba la confianza de la Corona.

Los ministros no han querido dar declaraciones de ningún tipo a la prensa alegando no tener tiempo.

A las doce y media comienza el Consejo de Ministros en el que Dato relata la conversación mantenida con el Monarca. Acto seguido los ministros han aprobado su conducta por unanimidad.

Dato remite una nota a la prensa tras reunirse con los ministros en el Consejo extraordinario. Dice así:

Como de costumbre, fui a Palacio esta mañana para informar a don Alfonso de todo lo relativo a los asuntos de actualidad, principalmente de los relativo a la cuestión militar.

Don Alfonso me preguntó si sería conveniente, dada la situación, llamar a consulta a aquellas personas que pudieran ilustrar a la Corona sobre el momento actual. Me pareció bien la iniciativa de la Corona y para dejarla en completa libertad de acción, presenté la dimisión de todo el Gobierno.

Al dar este paso aseguré, que fuese cualquiera la resolución que tomara, el partido conservador se mantendría siempre en actitud de profundo respeto e incondicional adhesión al Rey.

Don Alfonso aceptó la dimisión y yo me trasladé a mi despacho. Inmediatamente cité al Consejo, que es el que acabamos de celebrar. He dado cuenta de la dimisión y mi conducta ha sido aprobada por todos. Espero que esta tarde o mañana comiencen las consultas.

Les he hecho aguardar un rato largo, pero en cambio les doy una compensación, la de esta sensacional noticia de la crisis total.

Esta tarde a las seis volveré a Palacio para recibir órdenes y a las ocho, como todos los días, los recibiré otra vez, para darles cuenta de todo lo que sepa.

Dato no almorzará en su casa para no encontrarse con los periodistas y así evitar preguntas incómodas, acudirá al Nuevo Club con los señores conde de Casa Valencia y marqués de Santacruz.

A las tres y media de la tarde sale el rey don Alfonso de paseo, acompañado de sus de sus ayudantes de campo. Antes de tomarse este descanso cita a los presidentes del Congreso y del Senado a las cinco y media para reunirse en el Palacio.

Llama la atención el hecho de que el señor Dato no haya explicado aún el planteamiento de la crisis: unos opinan que los militares han llevado el mensaje al Rey y el señor Dato, cumpliendo su palabra ha presentado la dimisión del Gobierno.

Hay gran confusión y barullo. Se habla de la formación de un gabinete liberal, para que puedan seguir funcionando las actuales Cortes. Otros creen en la formación de un Gobierno de concentración con el carácter de nacional, presidido por el señor Maura. En lo que convienen todos es en afirmar que se trata de la crisis más difícil que ha tenido España, y en que su solución se antoja muy laboriosa. En los centros y círculos políticos, la animación es grandísima y las cábalas y los comentarios están a la orden del día.

Los presidentes de las Cámaras llegan al Palacio para reunirse a las 17.30 con el Rey.

El que no ha podido escapar de la prensa fue el presidente del Congreso, Miguel Villanueva. Su despacho, invadido por periodistas y políticos, ha sido escenario de una búsqueda de respuestas. Un reportero le ha dicho:

- Alguien considera probable que sea usted una solución para la presidencia del Consejo.

El presidente del Congreso ha contestado:

- Yo mismo no sé si me encuentro con fuerzas o no para eso, pero desechen ustedes tal rumor.

El presidente del Senado, señor Groizard, tampoco se ha librado de las preguntar de los periodistas, para afirmar al respecto:

- Desconozco el motivo que ha tenido el señor Dato para presentar la dimisión.

El parlamentario Giner de los Ríos advierte que cualquier solución que se dé al Gobierno, sea quien fuere el que sustituya al Gobierno dimisionario, la nueva situación abre el paso a los gobiernos altamente democráticos, que son los llamados a gobernar el mundo.

El señor Dato llega al Palacio para reunirse con el Rey y recibir órdenes. Cuando ha terminado la reunión, a las 19.30, únicamente ha declarado a los periodistas que le estaban esperando que el Monarca había oído la opinión de los presidentes de las Cámaras y que por hoy ya no habría más consultas.

A las 20.00 se han reunido los ministros dimisionarios para tratar la crisis planteada, pero de la reunión, que ha durado una hora, no se ha dado ni una sola palabra.

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