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Aragón
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Las diferentes caras del Ebro

Una mirada al parque de Macanaz, las crecidas del río y las diferentes actividades que se pueden hacer en o junto a él.

Crecidas legendarias

La furia del Ebro fue legendaria durante siglos y condicionó el desarrollo urbanístico de sus márgenes. Los fuertes estiajes nunca lograron despejar del todo las suspicacias. Con las inundaciones, que forman parte del ciclo natural del río, las riberas se acostumbraron a la destrucción periódica. El Ebro llega ahora a Zaragoza bastante domeñado pero en época de avenidas, 'ir a ver el río' fue y sigue siendo una de las costumbres de muchos zaragozanos que, apostados en sus barandillas y pretiles, observan y comentan el discurrir del río como si se tratara de un gran espectáculo.

Macanaz, el mejor mirador del Pilar

El parque de Macanaz es un espacio privilegiado por su situación y lleno de historia. Durante siglos su arboleda fue un lugar de esparcimiento para los zaragozanos. Allí celebraban la Cincomarzada muchas familias con comidas al aire libre. Lo que no es tan conocida es la siniestra historia que se esconde bajo este lugar, que va del puente de Piedra al Centro Natación Helios, ya que alberga una fosa con miles de zaragozanos –hasta 15.000 según algunas estimaciones– que murieron durante el segundo de los Sitios.

Navegar sobre las aguas del Ebro

Zaragoza tuvo un animado puerto fluvial en su época romana y fueron muchos los tipos de embarcaciones, sobre todo comerciales, que surcaron las aguas del río. La nobleza árabe organizaba fiestas a bordo de barcazas adornadas de sedas y el rey Alfonso I mandó construir una flota para la toma de Tortosa. Las Cortes de Monzón ya planteaban en 1247 nada menos que la unión del Mediterráneo con el Cantábrico a través del Ebro. Hoy son las piraguas y los barcos turísticos los sucesores de esa tradición.

Lugares de gran valor medioambiental

El Ebro y su entorno ofrecen a la ciudad algunos de sus espacios más interesantes desde el punto de vista medioambiental. Es el caso del galacho de Juslibol, que se generó tras la gran crecida de 1961. El de la Alfranca es uno de los mejor conservados. Dentro de la reserva natural de los Galachos del Ebro se incluyen también el de La Cartuja y el Soto del Francés. Otro importante bosque de ribera que se encuentra en la ciudad es el Soto de Cantalobos, al que se accede desde el barrio de Las Fuentes.

Practicar deporte siguiendo el río

El curso del Ebro se ha poblado de zonas verdes lineales muy indicadas para la práctica de senderismo, ‘running’, ciclismo... Se ha creado así una nueva categoría de zaragozanos que se dan cita y se cruzan a lo largo del Ebro. A ellos se suma la gran tradición piragüista del río. Hubo muchas competiciones deportivas al amparo de Helios, que incluían travesías a nado en los años treinta. Hubo un balneario, además de populares playas como la de Los Ángeles. Y no menos clásica, desde luego, es la presencia de pescadores.

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