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Heraldo del Campo

"En España hay muy poca cultura gastronómica alrededor de la trufa"

La empresa Trufapasión, asentada en el municipio de Estadilla, vende a través de su página web a un gran número de países europeos.

Mario Cequier y su perro Teo buscan trufas en su finca.
Mario Cequier y su perro Teo buscan trufas en su finca.
Trufapasión

Mi objetivo cuando empecé a plantar las primeras encinas en la finca era conseguir poner en marcha un proyecto de truficultura que me permitiera residir en mi pueblo, Estadilla, un lugar donde se vive muy bien". En 2003, este era el sueño de Mario Cequier, un joven estudiante de Ingeniería de Montes en Lérida, que un día se topó "por causalidad" con un libro de truficultura y descubrió que ese era su futuro.

Con la lección teórica muy bien aprendida, después de informarse y estudiar este complejo mundo, Mario se lanzó a plantar las primeras encinas y robles en un terreno de su propiedad y siete años después llegaron los primeros frutos. "Ha sido un proceso lento pero seguro, ya que las pruebas que íbamos haciendo en la finca resultaban todas muy positivas, lo que nos permitió plantar más árboles, hasta llegar a la explotación actual, que cuenta con un total de 41 hectáreas", apunta.

En la actualidad, obtiene anualmente una media de entre 100 y 120 kilos de trufa que comercializa sobre todo en España pero también en Francia, Reino Unido y otros países nórdicos, a través de su plataforma ‘online’ (www.trufapasion.com) y por medio de la venta tradicional. "La comercialización de la trufa es complicada y un poco opaca, porque no hay una lonja que fije los precios, como ocurre con otros productos agroalimentarios. Esto provoca que te tengas que buscar la vida para vender el género en las mejores condiciones económicas posibles", aclara.

En estos momentos tiene vendida la práctica totalidad de su producción, ya que, además de trufa, comercializa otros productos artesanos elaborados con trufa negra fresca 100% natural, como es el caso de un aceite de oliva con trozos de trufa; sal y un licor hecho también con este hongo comestible.

Por otra parte, con el fin de acercar este producto a un mayor número de consumidores, organiza catas en su obrador, donde se pueden degustar los productos anteriores, y también programa visitas a campo, sobre todo durante los meses de recogida, que son de diciembre a marzo.

"Nuestro interés es dar a conocer un producto del que España es el mayor productor mundial, pero que no ha calado aún en los gustos del consumidor porque aquí hay muy poca cultura gastronómica alrededor de la trufa", señala.

Y esto tiene una explicación que se remonta a una bula papal que prohibía el consumo de este hongo porque se consideraba que era afrodisiaco. "Fue una bula que se limitó solo a España y en el resto de Europa no tuvo incidencia, lo que provocó que este producto sea habitual en las cocinas de muchos hogares europeos y en España sea visto todavía como un producto exclusivo", aclara.

- Más información en el Suplemento Heraldo del Campo.

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