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Una avispa asesina y un ácaro parásito: los problemas de la apicultura en Aragón

Los apicultores calculan que este año su producción de miel se reducirá un 50% por los múltiples problemas que sufren las abejas.

Las abejas se apuntan al vermú en Huesca
Las abejas se apuntan al vermú en Huesca
Bomberos de Huesca

Los apicultores aragoneses cada vez se ven con mayores problemas para sacar adelante su producción. Si durante los últimos años multitud de ONGs y hasta la Unión Europea habían alertado del descenso en las poblaciones de abejas -algo que se vincula con el cambio climático y el uso de productos fitosanitarios, aunque todavía de forma no concluyente- este verano se ha sumado un problema más: la sequía.

La falta de lluvia ha hecho que muchas de las floraciones se vean alteradas este verano, con todo lo que ello conlleva para la polinización y la recolección de miel. Pero además la escasa humedad también ha creado el escenario idóneo para que la varroa, un ácaro que desde mediados de los 80 lleva trayendo problemas a los apicultores, haya tenido un campo de expansión inmejorable.

“Este año, entre la sequía y los problemas de varroa, calculamos que la producción puede ser en torno a un 50% menos que en una campaña normal”, valora Pedro Loscertales, apicultor que representa a Uaga en el sector y que cuenta con más de 500 colmenas en Huesca. De hacerse buenos estos cálculos, esta campaña los kilos de miel producidos en Aragón no pasarán de los 500.000.

Todo ello de forma contraria a lo que tendría que indicar la estadística, porque Aragón ha pasado de tener 90.000 colmenas hace solo 5 años a unas 114.000 en la actualidad, aunque como señala Alfredo Sanz, director técnico de la Asociación Apícola de Zaragoza Arna, este aumento lejos de proporcionar una pujanza para el sector está dando lugar “a la saturación del territorio”, debido a que la gran mayoría de apicultores tienen las colmenas como segunda actividad.

De la varroa a la avispa asiática

El ácaro varroa es un viejo enemigo de los apicultores de todo el mundo. A España llegó a mediados de los 80, y en los últimos años también se ha detectado en Australia, el último territorio al que no había llegado. La varroa, actuando como un parásito, se alimenta de la abeja tanto en edad adulta como de cría, aumentando su debilidad ante otros problemas o enfermedades. “El problema de la varroa es que, si bien es una de las plagas más extendidas y por lo tanto más conocidas, el abanico de medicamentos con el que tratarlas es muy limitado, hasta el punto de que empezamos a detectar ciertas resistencias. Haría falta que se diera luz verde a productos más fuertes”, comenta Loscertales.

Sin embargo, y aunque se daba hace unos años como una posibilidad lejana, a Aragón también ha llegado ya otro competidor animal de las abejas melíferas, la avispa asiática (Vespa velutina). La semana pasada corrió entre los apicultores la noticia de que se había detectado su primer nido en territorio aragonés, en concreto, en una borda del Valle de Hecho. Aunque los Agentes de Protección de la Naturaleza aún no han confirmado que se trate de esta especie, los apicultores lo dan por hecho, ya que estaban prevenidos desde Galicia hasta Navarra, zonas en las que este insecto ya lleva unos años campando a sus anchas.

El problema de la avispa asiática, a la que llaman 'asesina', es que literalmente se come a las abejas. “Se introduce en los panales si los ve débiles y también las ataca cuando están polinizando. Son realmente agresivas y para el sector la noticia de que haya llegado a Aragón es verdaderamente una faena, por no decir otra cosa”, explica Loscertales.

Está por ver ahora qué medidas se toman una vez que se haga oficial su detección en Aragón. “La educación de los apicultores para identificar nidos es vital, así como la instalación de trampas”, valora el presentante de Uaga, quien además añade que una vez que las abejas detectan la presencia de esta avispa en su zona, suelen recluirse en la colmena, limitando su periodo de polinización. Por el momento en otros territorios como el País Vasco o Galicia lo único que se ha podido hacer es retirar sus nidos ante la indefensión de las abejas europeas, que no han encontrado medidas para hacerle frente como sí que lo han hecho sus homólogas asiáticas, donde las abejas combaten a estas avispas con todo el enjambre, poniéndose encima de ellas para aumentar su calor corporal hasta matarlas.

Huesca, zona de alta saturación de apicultores, también de otras autonomías

Pero pese a todos estos problemas, la apicultura sigue siendo un sector que llama mucho la atención. Solo en los últimos años el número de colmenas registradas ha aumentado en 24.000, y el número de apicultores en más de 400. Eso sí, de las 1.300 explotaciones que hay en Aragón, apenas unas 200 son profesionales.

“Hay mucha gente que se mete porque tiene cierta afición, tradición familiar, o porque lo ve como algo rentable como segunda actividad. Los que nos dedicamos en exclusividad somos pocos, y con los problemas que hay cada vez seremos menos”, señala Loscertales.

No en vano según explican desde el sector el aumento de las temperaturas ha hecho que muchos apicultores hayan desplazado sus colmenas hacia el norte, situándolas en Huesca durante este verano, también llegados desde otras autonomías.

En opinión de Alfredo Sanz, esta suma de nuevos apicultores y la llegada desde otras regiones supone un problema desde el punto de vista del “aumento en la velocidad de transmisión de las patologías, especialmente de varroa, por culpa de la promiscuidad a la que se ven sometidas las colonias de abejas” y los continuos movimientos de las colmenas, a lo que se suman los peligros que implica la escasa profesionalización a la hora de realizar controles. “En España estamos cerca de tener un censo de apicultores como el que hay en países tan grandes como Argentina o Estados Unidos”, ejemplifica.

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