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El crimen de Lady Halcón: las ondas llevaron a casa al asesino

El radioaficionado José Antonio Berdejo, 'Riglos', asesinó a su compañera de emisora 'Lady Halcón', apodo de Pilar Puértolas, y al marido de esta, Antonio Campín.

Actualizada 28/09/2017 a las 17:55
Así contó HERALDO el crimen de Lady Halcón

El segundo capítulo de la serie 'Grupo 2 Homicidios', de la productora Factoría Plural, revive hoy en Cuatro a las 22.45 el crimen de Lady Halcón y su marido, que ocurrió en el barrio del Picarral de Zaragoza el 9 de enero de 1996. 'Lady Halcón' era el seudónimo como radioaficionada que tenía Pilar Puértolas, de 38 años, quien conoció por las ondas a 'Riglos' o José Antonio Berdejo Santos, de 25 años.

Charlaban muchas noches, lo que provocó que él se enamorara perdidamente de ella sin conseguirla porque estaba casada y con dos hijos. A las cinco de la madrugada, 'Riglos' esperó en el portal de su casa a 'Lady Halcón' y a su marido, Antonio Campín, de 41 años, cuando iban a trabajar, y acabó con la vida de los dos asestándoles alrededor de 87 puñaladas.

José Antonio Berdejo escapó hacia Huesca, donde pasó la noche en el hostal Juan XXIII y  dejó un ejemplar de HERALDO con frases escritas sobre la crónica del suceso. Al día siguiente continuó su fuga en tren hacia Canfranc, donde acabó entregándose a la Comandancia de la Guardia Civil. Fue llevado a los juzgados de la plaza del Pilar y lo trasladaron al hospital Miguel Servet para que lo atendiera un psiquiatra de su trastorno durante varios días, hasta que acabó en la prisión de Torrero.

El crimen de Lady Halcón coincidió con la entonces reciente aprobación de la Ley de Jurado. Iba a ser el primer caso en Aragón juzgado por un tribunal popular. Pero a los 42 días  del asesinato, José Antonio Berdejo decidió acabar con su vida en la celda de Torrero donde se encontraba. En este mes y medio, la juez Natividad Rapún, que aparece en el capítulo, protegió al preso y aplicó el protocolo de prevención del suicidio, que implica que estuviera acompañado a todas horas por un preso para vigilarlo.

Pero, esas semanas, un solo pensamiento recorrió la cabeza de José Antonio: irse al otro mundo con su amada Pili, ya que en este no pudo alcanzarla en vida. Por tres veces lo había pretendido en su huida. En Torrero le aseguró a su abogado defensor Javier Notivoli (entrevistado en el capítulo) que no iba a ahorcarse, pero lo hizo en cuanto tuvo ocasión. Ya lo anunció en las últimas notas de su diario en la prisión: "Pili, ya queda menos, el 20 estaré contigo".

La juez reconoció que la muerte de Riglos entre rejas, después de negarse a prestar declaración, supuso un fallo del sistema, porque impidió que fuera juzgado. Como no hubo juicio, el abogado de la acusación particular, Rafael Marín, se empeñó en que el Estado cumpliera otra ley aprobada poco antes del crimen de dar ayudas a las víctimas de delitos violentos y contra la libertad sexual. Así cuenta el letrado en Lady Halcón que los dos huérfanos que provocó el amor enfermizo de un  asesino rehicieron su vida.

El director de la serie, Roberto Roldán, recreó las reuniones de los radioaficionados en el bar Mónaco del barrio de la Almozara, y el drama en que todo acabó, como ya hizo con el crimen de Caspe.

A continuación reproducimos uno de los reportajes publicados por HERALDO sobre el asesinato del matrimonio:

LAS ONDAS LLEVARON A CASA AL ASESINO

Ramón J. Campo. Zaragoza. (14 de enero de 1996)

José Antonio Berdejo Santos, de 27 años, entró hace un año por el aire en la casa del matrimonio de Pilar Puértolas, de 38, y Antonio Campín, de 41, gracias a una emisora de radioaficionado bajo el seudónimo de 'Riglos' y la madrugada del miércoles los degolló salvajemente con una navaja a la puerta de ese domicilio, en la calle General Yagüe 4.

Durante los últimos doce meses, el asesino, marcado a fuego por el alcoholismo de su padre, traspasó varias veces el umbral de su puerta del tercero izquierda. Buscaba cualquier excusa.

Antes del verano consiguió un empleo en la empresa Hijansa y dio como teléfono de contacto el del matrimonio. En agradecimiento, Antonio repartió regalos a toda la familia: un robot al hijo de 12 años, una calavera y un joyero en forma de corazón a la hija de 17, otro para la abuela.

Lo que para Pili, que se rebautizó 'Lady Halcon' en el canal 37 de la emisora, era "un coleguica de la radio" (así se lo presentó el 28 de diciembre a su hermana Teresa), para Antonio se convirtió en una obsesión. Aquella tarde del día de Inocentes, 'Riglos' acompañó a 'Lady Halcon' a hacer la compra con sus dos hijos por el barrio. "Hemos hablado por la emisora, me ha preguntado qué iba a hacer y ha venido porque no tenía nada que hacer", explicó la difunta a su hermana mayor.

Aviso del marido

Antonio Campín, el introvertido marido para quien Pilar compró la emisora hace un año, llegó a ver venir algún peligro. "Ándate con ojo que éste parece que se quiere pasar", recuerda ahora la abuela que comentó a su mujer. "Tú enseguida ves cosas raras donde no las hay", respondió confiada Pili. El asesino regaló a su víctima un coche de madera con el indicativo de 'Lady Halcón' y un avión con un mechero.

Entretanto, todos los viernes se veían en la 'vertical' (encuentro de usuarios de CB 27) del bar Mónaco, en la Almozara, o se juntaban a cenar en sus casas.

Todos respiraron aliviados cuando vieron por la tele que se había entregado el autor del crimen del Picarral, aunque se quedaron de piedra al comprobar que el nombre del asesino correspondía con su compañero de reunión: el 'Riglos'. "Estamos acongojados y acojonados", explicó ayer uno de ellos.

Las últimas Navidades nadie copiaba a 'Riglos' y 'Lady Halcón' en el canal 37. Como no se atrevía a manifestar su amor (sus compañeros de vertical nunca advirtieron una sola mirada), el asesino atrapaba a su víctima por la emisora. 'Riglos' se la llevó durante dos semanas al canal 40, más opaco para los curiosos, sin ningún resultado.

José Antonio Berdejo escondía su arrebato y desequilibrio psíquico en un carácter brusco y seco. Un compañero de trabajo comentó ayer que a veces soltaba los bloques de piedra de golpe, sin mirar. "Nunca hablaba de su familia a la hora del bocadillo. Era algo alocado porque siempre teníamos que trabajar entre los dos", indicó.

Ninguna persona de su entorno o vecinos del bloque de la Sociedad Municipal de la Vivienda en el Actur lo había visto metido en peleas o riñas. Nadie daba crédito a la noticia. José Antonio no bebía alcohol ni fumaba. Tampoco tenía novia. Su panorama familiar -vivía con dos hermanos y sus padres- era complejo. "Nos decía que no podíamos ir a su casa porque su padre era alcohólico, pero su madre era muy buena", comentó la hija de Pilar. [...]

Un día antes del crimen, José Antonio sacó 100.000 pesetas de su cuenta en billetes de 10.000 preparando lo que iba a ser una dramática madrugada en el barrio del Picarral. Es muy probable que hubiera estudiado previamente los movimientos de sus víctimas. Habría sido más difícil matarlos si hubieran bajado de su casa juntos.

Este será el primer caso que verá un jurado en la Audiencia de Zaragoza. ¿Apreciarán los nueve ciudadanos elegidos alguna atenuante al comportamiento del asesino o dejarán caer todo el peso de la ley sobre él?





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