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"A veces el impacto emocional es más grande que las heridas"

El equipo de Emergencias de Intervención Psicosocial de la Cruz Roja de Zaragoza acudió a la llamada de Barcelona para prestar apoyo a las víctimas.

María Eugenia Trujillo y Fernando Juan, voluntarios del ERIE de la Cruz Roja en Zaragoza.
María Eugenia Trujillo y Fernando Juan, voluntarios del ERIE de la Cruz Roja en Zaragoza.
Toni Galán

Acompañar a las familias en sus encuentros con los médicos, ayudar psicológicamente a los niños o, simplemente, prestar un hombro sobre el que llorar. Estas son algunas de las labores que hacen los voluntarios de la Cruz Roja, pertenecientes al Equipo de Respuesta Inmediata en Emergencias (ERIE), concretamente el grupo de Intervención Psicosocial. Los atentados de Las Ramblas sacudieron a todo el país y ante el gran número de víctimas el Centro Nacional de Coordinación de España alertó a los equipos próximos a Barcelona. Un grupo de ocho personas del Intervención Psicosocial de Zaragoza –entre los que había dos trabajadores sociales, un psicólogo y socorristas de acompañamiento– acudieron a la llamada.

Desde las ocho de la mañana del sábado 19 de agosto María Eugenia Trujillo, trabajadora social de profesión y voluntaria de este grupo desde su formación en 2006, estuvo trabajando en la reagrupación familiar de las víctimas en el Hospital del Mar de Barcelona, donde había un gran número de heridos. Trujillo fue la jefa del equipo en este caso. "Un niño está en un hospital, su hermano mayor en otro, y nosotros intentamos agrupar a las familias en un solo centro, en función de las autorizaciones que den los servicios médicos", explica la trabajadora social. El apoyo psicológico es fundamental en estos casos: "Hay personas que te cuentan que están muy preocupados por el estado de algún familiar y te piden que te quedes con ellos en la sala de espera. Otros se apoyan en ti y lloran y lloran", añade.

Además de atender a los familiares, los voluntarios también hablan con los heridos leves porque, según explican, "a veces el impacto emocional es muy grande y las heridas, afortunadamente, no tanto". Su trabajo resulta vital para la víctimas y para aquellos que no quieren atribuirse este calificativo pero lo son. "Las personas que estuvieron aguantando en brazos a niños, sujetando entre sus manos la muerte de alguien que no conocían de nada, las que vieron el atropello... Todas ellas son víctimas directas aunque no estén heridas", afirma la voluntaria.

En Barcelona había cientos de historias. María Eugenia Trujillo recuerda especialmente la de una niña de 5 años, cuya madre estaba en la uci. "Me sorprendió cómo me relató perfectamente el accidente. Los niños son más resilientes que los adultos, tienen más capacidad para sobreponerse", afirma Trujillo. "Ella me decía ‘mi mamá se puede despertar o no’, sabía lo que había pasado porque había visto a su madre inconsciente en el suelo sangrando", cuenta. La pequeña le narraba todo mientras le mostraba sus heridas y le comentaba que "las de su mamá eran más grandes y por eso no se despertaba".

En cuanto a las reacciones y los pensamientos de las víctimas "hay un gran abanico". Gritos, lloros o bloqueos son situaciones con las que se encontró esta voluntaria. "Mi trabajo es acompañar en cualquiera de esos momentos y que la gente entienda que es normal. Están mal porque es lo peor que les ha pasado en la vida".

Inevitablemente, los voluntarios también tienen sus momentos de debilidad: "Sabemos a lo que venimos y no nos podemos romper delante de las víctimas", argumenta, al tiempo que reconoce que esta labor altruista está recompensada con "la calidez" de las familias. "Es increíble cómo nos tratan a nosotros", comenta Trujillo.

El domingo por la noche este equipo de ocho personas volvió a Zaragoza. Tras el regreso de una intervención de este calibre reciben ayuda psicológica en varias fases. Esta misma semana ya tuvieron la primera sesión.

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