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Aragón

"Vivimos el terremoto en Teruel y aquí el fuego. Teníamos las maletas hechas por si acaso"

Residentes y turistas de los pueblos de Nerín o Sercué no durmieron tranquilos durante la noche viendo el avance del fuego. Algunos se prepararon por si eran evacuados. Las llamas alcanzaron los 30 metros de altura y eran visibles desde Fanlo, a 6 km, donde también se oía el crepitar del fuego.

El matrimonio cordobés alojado en Nerín al que también pilló el terremoto.
"Vivimos el terremoto en Teruel y aquí el fuego. Teníamos las maletas hechas por si acaso"
R. Gobantes

Los turistas y los curiosos se mezclaban ayer con los agentes del operativo de extinción a las puertas del Hotel Palazio de Nerín, tranquilamente sentados en la terraza y con el ruido de fondo de los helicópteros. Veían cómo las llamas dejaban paso al humo y este iba desapareciendo paulatinamente a lo largo de la mañana. Pero la noche anterior, la del martes al miércoles, hubo nervios, más de uno durmió con un ojo abierto e incluso se prepararon por si tenían que ser desalojados. Es el caso de una familia a la que curiosamente le pilló a principios de semana el terremoto de Teruel.

Pedro Palacio, dueño del hotel, se acostó a las 4.00 y a las 6.30 ya estaba en pie. "Parecía difícil que el fuego llegara al pueblo, pero no era imposible". Resultó clave que solo se quemara el matorral y apenas alcanzara la masa arbolada, "porque si arde el pinar, arde el cañón de Añisclo".

Los turistas alojados aquí y en el albergue Añisclo durmieron con las maletas hechas y el coche encarado a la carretera por si había que salir corriendo. "Había alemanes, italianos, franceses y españoles. Unos clientes de Zaragoza, que tenían un hermano con una casa alquilada en Buerba, se fueron porque no sabían qué podía pasar. Pero los que se marcharon lo hicieron por su propia cuenta", comentaba Manuel Latre, otro empresario turístico de Nerín, donde estos días hay más visitantes que vecinos, lo mismo que en Sercué.

Juan Rubio y María Ángeles Moreno, cordobeses, de vacaciones en el Pirineo con sus dos hijas pequeñas optaron por quedarse. Vieron toda la evolución del fuego, desde las 21.05. "Sé la hora porque hice una foto con el móvil que le he enseñado a la Guardia Civil", explicó él. "Hubo gente que se marchó del hotel. Nos dijeron que durmiéramos tranquilos, que si pasaba algo y nos evacuaban, nos avisarían con tiempo. Teníamos las maletas hechas, por si acaso". Su mujer se despertó cuatro veces "para mirar el fuego por la ventana". Casualmente, estaban en Teruel el día que, de madrugada, un terremoto de magnitud 3,6 se sintió en esa ciudad. Él no se enteró, pero ella se despertó y notó cómo todo se movía. "Allí nos pilló el terremoto y aquí el fuego", explicaba María Ángeles Moreno. Pese al susto, aseguraron que están disfrutando del viaje. "Será una anécdota para explicar en casa".

"Daba miedo"

Los vecinos de Nerín y Sercué tampoco durmieron tranquilos. Ni siquiera los de Fanlo, a seis kilómetros. Mercedes Vaz-Romero, residente en esta población, contó que en cuanto observaron las primeras llamas dieron aviso al alcalde, al 112 y a los pueblos, porque eran visibles por la noche desde muchos puntos de la comarca de Sobrarbe.

"Desde Fanlo lo vivimos con bastante miedo, porque por la noche impresionan muchísimo las llamas. Llegaron a alcanzar 30 metros de altura y hubo un momento, a las tres de la madrugada, que empezaba a subir hacia la zona que da paso al cañón de Añisclo y al parque nacional. Daba miedo, oíamos el rugir de las llamas. Hemos estado despiertos toda la noche", declaró Mercedes Vaz-Romero, que además es concejal en este municipio.

Sabían que sin luz no podían actuar los medios terrestres, porque es una zona pendiente, escarpada y sin caminos. De día, para llegar allí, los retenes tenían que andar una hora monte a través. "Los accesos son muy complicados, hay muchas grietas y por la noche es imposible actuar", añadió la concejala. En Sercué y Nerín había equipos preparados por si llegaba el fuego a la pista, pero poco más se podía hacer.

Pese a todo, los vecinos creen que han tenido suerte. "Gracias a que ha afectado a una zona de matojo. Si llega al pinar hubiera sido imparable porque está todo muy seco. En el valle de Vio hace dos meses que no cae una gota", indicaba Vaz-Romero. Por la mañana, con la llegada de los primeros medios aéreos, las llamas se calmaron y respiraron tranquilos.

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