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Aragón

Guadalaviar: genoma viajero, bucólico y pastoril

Guadalaviar rinde culto a la trashumancia en un espacio que se nutre de historia, saber popular y un derroche de originalidad.

Javier Martínez, dentro del choto de pastores del museo.
Javier Martínez, dentro del choto de pastores del museo.
Laura Uranga

Hace quince años, Guadalaviar inauguró su flamante Museo de la Trashumancia, un edificio de tres pisos en el centro del pueblo que incide en el pastoreo y, al mismo tiempo, lo trasciende. Una mirada analítica a la historia, los detalles, las anécdotas, la simbología y la tradición oral que se conserva en diversos formatos, desde las grabaciones de los más sabios del lugar a todo un despliegue de iconografía perfectamente ejemplificada, en el que se ha involucrado además a paisanos de todas las edades.

El historiador Javier Martínez, nacido y criado en Guadalaviar, es el director del centro, que está hermanado con el Hortobágy Herdsmen húngaro. "El museo está dividido por criterios temáticos, y hemos tratado de abarcar multitud de aspectos, desde lo anecdótico al bagaje histórico. Hay muchas cosas que sorprenden al visitante, como este pequeño rebaño de juguete que recuerda los que teníamos los chavales, con las piñas como representación de las ovejas y pedazos de botijo roto para identificar a los mastines".

Guadalaviar: Genoma viajero, bucólico y pastoril

La inauguración del museo tuvo unos invitados muy especiales: los indios crow, con el gran jefe John Pretty On Top como máximo representante. "Nos hicieron una ceremonia impresionante y nos regalaron su pipa de la paz, que nadie más tiene en Europa. Todo un honor".

Aquí hubo merinas

El museo detalla las claves históricas de la actividad trashumante. Por ejemplo, la sierra de Albarracín tenía un privilegio muy especial en la baja Edad Media; los reyes de Castilla habían tolerado que la zona tuviese oveja merina, ganado que se monopolizaba en sus tierras. Además, los reyes de Aragón no veían bien la trashumancia hacia Castilla. El carácter serrano afloraba una vez más en ese afán de libertad que les llevaba a visitar las tierras levantinas y bajar hasta Andalucía. En el XVII, los bataneros locales surtían de tejidos básicos al llamado Monte de las Lanas, que canalizaba la venta a mercados que apreciaban la alta calidad de esta materia prima, derivada de la excelencia de los pastos: Valencia, Cataluña, País Vasco, Italia, Francia...

La visita al museo satisface la curiosidad del más escéptico; el área destinada a los cencerros es una de las más populares. "El robahierbas, muy discreto, lo fabricaban –aclara Javier– los propios pastores y sonaban muy poco, lo que era muy conveniente para evitar problemas en las zonas reacias a aceptar rebaños trashumantes. Hay otros escandalosos, como los cañones, que se oyen a kilómetros. Eso sí: los más grandes no son necesariamente los que más suenan".

La tradición oral preservada en el museo arroja saberes mágicos. Un ejemplo claro es la miera, versión natural del popular zotal –desinfectante, fungicida y analgésico, remedio universal para todos los males del ganado– que los pastores llevaban al cinto en cuernos. "Lo del enteco, una hierba que toleran las vacas pero sienta fatal a las ovejas, tiene su miga. Entecar, de hecho, es por aquí sinónimo de enfermar. Un señor muy mayor vino por aquí y hablamos de ese mal que aquejaba a las ovejas: él me explicó que cuando comían enteco, el hígado se les convertía en mariposas, que les salían por la boca. ¿Sabes que esa imagen está en ‘El jardín de las delicias’ de El Bosco?". Palabra de Javier Martínez...

LOS IMPRESCINDIBLES

Mecenazgo naturalizador

La DGA, el Ayuntamiento, Comarca y la Fundación Daniel y Nina Carasso sustentan el proyecto ‘Naturalizarte’, que recuerda gráficamente la importancia de la España interior con respecto a la periférica.

El mural ‘goonie’

‘La Pandilla Baturra y el secreto de los maquis’ es el mural de Joseba Muruzábal que engalana desde este verano una pared de la escuela. Retrata a cuatro niños del pueblo con la estética de Los Goonies.

Santiago el Mayor

La iglesia parroquial data del siglo XVII: es de mampostería, con tres naves, cubierta la central con bóveda de medio cañón con lunetos, mientras que en las laterales hay bóvedas de arista.

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