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Aragón

Batea y su buena vecindad con Aragón

Más allá de desavenencias políticas y desencuentros, el municipio tarraconense y los aragoneses mantienen vínculos familiares y laborales y comparten servicios.

Batea se convierte en plató nacional
Batea se convierte en plato nacional
M.C. Ribó

La vecindad es generadora de conflictos, pero también de buenas relaciones y oportunidades. Sin rehuir los desencuentros que existen entre Aragón y Cataluña, desde la devolución de los bienes del monasterio de Sijena a los planes de la Generalitat para trasvasar agua del Ebro a cuatro municipios de sus cuencas internas, pasando por las diferentes visiones sobre el proceso secesionista, el revuelo causado por el alcalde de Batea por su idea de unirse a la Comunidad aragonesa ha vuelto a evidenciar que a pie de calle los vínculos personales están por encima de los problemas políticos y las divisiones entre autonomías.

Para comprobarlo basta pasar unas horas en Maella o Calaceite, que distan menos de treinta minutos en coche de la población tarraconense que ha puesto en jaque el derecho a decidir que esgrimen los partidarios de la celebración del referéndum secesionista. La localidad zaragozana está a 17 kilómetros y la turolense a 25. Los alcaldes de ambos municipios, el maellano Jesús Zenón y el calaceitano José María Salsench, coinciden en no dar crédito a las intenciones de su homólogo bateano Joaquim Paladella. "Es una simple oportunidad para llamar la atención y buscar a los que no son de su partido, que están ahora en el Gobierno de Cataluña, para que le suelten el dinero que necesita", opina Salsench. "La verdad es que Batea? va a estar en el candelero parte del verano y eso va a ir muy bien para sus vinos, que pronto va a subir dos euros de precio", bromea el primer edil de Maella.

Quien tampoco se ha tomado en serio su órdago es su paisano José María Noro, que regenta frente a la parada de autobuses de Maella el Bar Lis, donde también ha abierto la brasería El Bucheret. "Es muy listo, lo conozco, y ha buscado un poco de propaganda porque ya estaba cansado de algunas promesas incumplidas por parte de la Generalitat", comenta este baetano que desde hace 14 años regenta el establecimiento hostelero en Maella, donde también ha fijado su residencia y vota. Personalmente se siente "ciudadano del mundo", aunque no reniega para nada de sus orígenes catalanes y de una lengua propia "que me viene de serie, la aprendí en mi casa con los míos". Al mismo tiempo, también reconoce que su hijo estudió desde que llegó con cinco años a Maella en el colegio del pueblo "porque me apetecía que fuera bilingüe de verdad, y que aprendiera por igual castellano y catalán".

Un carné muy apetecible

Calculan que hay al menos un centenar de matrimonios y parejas entre maellanos y bateanos. Las constructoras de Maella son las que se encargan de las grandes obras que salen en Batea, como las ampliaciones de algunas bodegas de vino y las nuevas edificaciones, después de que los años de crisis dejaran tocadas las empresas bateanas del sector. La firma Frutas Guimera da trabajo en Maella a más de un millar de personas y en su plantilla hay personal de muchos pueblos de los alrededores.

Los pueblos cercanos a Batea tienen otra poderosa razón para acudir con frecuencia a esta población. Desde hace más de tres años ofrece el carné Viu Batea (Vive Batea), con el cual, los empadronados por una cuota anual de 30 euros y los no empadronados de 50, pueden acceder de forma completamente gratuita a las piscinas municipales durante todo el verano, el gimnasio y el cine los fines de semana, además de utilizar el campo de fútbol e internet en la biblioteca municipal. A estas prestaciones se han incorporado este 2017 la piscina climatizada y la pista de pádel.

"Tenemos 1.250 usuarios y entre ellos hay ciudadanos aragoneses de Maella, Calaceite, Nonaspe y Cretas, por ejemplo, y también de esta comarca, de Gandesa, Arnes, Bot...", saca pecho Joaquim Paladella. Y aprovecha para salir al paso de las declaraciones del delegado de la Generalitat en las Tierras del Ebro, Xavier Pallarés, que aseguró que no es un municipio "ni mucho menos maltratado" y que tiene "unos servicios de primera". "Tenemos buenos servicios porque hemos luchado por ellos y los hemos conseguido con dinero del Ayuntamiento, la Generalitat no nos ha ayudado. Contamos con una economía municipal saneada con una deuda cero", asegura con orgullo.

Maella y su residencia

Batea y Maella no solo comparten estas instalaciones deportivas, sino también la problemática de la residencia de ancianos que ha llevado a Paladella a plantear la idea de irse de Cataluña para unirse a Aragón. La de la localidad tarraconense funciona a medio gas con 30 plazas concertadas y tiene pendiente la concesión de otra treintena comprometidas por el Parlament.

En Maella, Jesús Zenón recuerda que desde hace más de una década están pendientes de que se termine de construir una residencia de ancianos que es "la ilusión de todo el pueblo desde 1984". El Ayuntamiento compró el solar donde hoy se levantan el centro de día y el centro de salud. La primera fase de la residencia, con capacidad para 60 plazas ampliables a 83, se hizo en 2009 y sigue en el aire la segunda. "Necesitaríamos un millón de euros para concluirla", calcula.

Calaceite y Batea también están unidos por la residencia de ancianos. Los servicios en el equipamiento calaceitano los presta la Fundación Terra Alta Segle XXI de Batea.

Los populares Jesús Zenón, cuya cuñada es de Batea, y José María Salsench bromean con que si "la jugada" le sale bien a Joaquim Paladella a la mejor tienen que copiarla para recibir algunas subvenciones que vienen reclamando desde hace tiempo.

El debate sobre la independencia y el referéndum del 1-O no les supone un quebradero de cabeza. "La soberanía nacional está por encima de todo –afirma Zenón–. Lo que está pasando con Cataluña solo nos está dividiendo y enfrentando". Más le preocupa que los niños de la localidad estudien en el colegio catalán y se lleguen a perder "las palabras autóctonas del maellano".

Un caso sin precedentes

No hay precedentes del caso de Batea. Desde la DGA apuntan que, salvando las distancias, se podría comparar con el proceso de Villamayor, aunque no fue una anexión, sino una conversión de barrio zaragozano a pueblo.

Lo que sí se puede encontrar en la hemeroteca son envites similares que no han pasado a mayores. Hace tres años militantes de Ciutadans planteaban que el Valle de Arán, con su régimen especial dentro de la autonomía catalana, pasara a formar parte de Aragón por temor a los efectos del proceso secesionista.

El final del desafío de Batea todavía está por escribir. El alcalde Joaquim Paladella explicará a sus vecinos y a la oposición el próximo martes día 25, en un pleno extraordinario, su planteamiento y los pasos que ha dado hasta el momento. Y entre episodio y episodio, todavía nadie ha preguntado a los aragoneses si están por acoger a sus vecinos.

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