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Aragón

Batea intenta sosegar la polémica

La localidad tarraconense trata de recuperar la normalidad y quitar hierro al intenso debate provocado por el anuncio del alcalde de estudiar cómo integrar al municipio en Aragón.

La avenida de Aragón convive con las banderas esteladas.
La avenida de Aragón convive con las banderas esteladas.
A. Navarro

En los balcones de la avenida de Aragón de Batea, el pueblo tarraconense que se siente catalán pero cuyo alcalde defiende la posibilidad de integrarse en Aragón si la Generalitat sigue discriminando al municipio, ondean tres banderas esteladas independentistas. En su casco antiguo medieval, principal atractivo para los turistas, una de las calles está dedicada a la Virgen del Pilar, con una imagen en piedra de ella al final que cuesta reconocer, aunque los vecinos despejan cualquier duda sobre su identidad.

Tras el revuelo provocado por las declaraciones del primer edil Joaquim Paladella, los habitantes intentan sosegar una polémica que consideran ha trascendido al ámbito nacional al tener como telón de fondo el proceso soberanista. Más allá de sus evidentes diferentes sensibilidades políticas, coinciden en que la reivindicación de las 30 plazas que faltan para que la residencia de ancianos esté a pleno rendimiento es justa. Muchos no comulgan con que el fin justifica los medios y critican que la posibilidad de este referéndum la hayan conocido a través de los medios de comunicación.

En la plaza Mayor se respiraba ayer tranquilidad tras convertirse el miércoles en un plató de televisión al aire libre. "Tiene razones para enfadarse con la Generalitat, pero toda la situación se ha sacado de contexto y va creciendo la bola. Es su forma de protestar, pero no creo que la sangre llegue al río", opina Montse Balagué mientras limpia el mostrador de la pescadería situada frente al Ayuntamiento que está a punto de cerrar.

Donde el tema todavía tiene cuerda para rato es en el grupito de octogenarios que aprovecha la sombra en la terraza del bar Nou cerca de la plaza. "Este es un tema que tienen que arreglar los políticos entre ellos y no meternos a los vecinos en medio sin comerlo ni beberlo", sentencia Miguel Alañá. "Somos baetanos de pura cepa, también catalanes y nos llevamos muy bien con los aragoneses. Pero de lo que tenemos que hablar en serio es de que nos tienen que subir las pensiones", apostilla Enrique Barrué intenta quitar hierro al asunto. La camarera, una estudiante universitaria, prefiere no dar su nombre pero asegura que siente "auténtica vergüenza" por la "mala imagen" que se está dando a nivel nacional en Batea.

"En la política no hay nivel"

En la brasería El Caliu hay clientela aragonesa que acude al reclamo de un casero menú por 10 euros. Tres trabajadores de Caspe, que están nivelando los terrenos de una finca, llevan varios días acudiendo. Otros aragoneses se ganan aquí el jornal. Varias constructoras maellanas están ampliando las bodegas vinícolas.

Las conversaciones de los propietarios y los paisanos en el restaurante pasan de la noticia de Batea a la presencia de la Guardia Civil en la secretaría general de la Generalitat. "Aquí somos catalanes de tercera categoría, pero no me parece correcto lo que ha hecho el alcalde. No me ha gustado nada porque no lo veo normal", reconoce el dueño del local, Joan Bes. "Este es un problema entre el Ayuntamiento y la Generalitat, pero para nada ni de cultura ni de idioma, somos catalanes. En la política no hay nivel".

En la residencia de ancianos, el origen de este terremoto, contestan por el interfono que no están autorizados para hacer declaraciones. Los vecinos sí critican que la consejera de la Generalitat haya dicho que no se conceden las plazas porque no se necesitan, cuando la lista de espera para entrar está en boca de todos.

Una "maniobra" con "rabieta"

La lectura política más acérrima llega desde los partidos municipales en la oposición. Joaquim Paladella, exdiputado autonómico por el PSC, gobierna con mayoría absoluta por una formación municipal independiente (UPTA-PM, Unión por la Tierra Alta). "Ha sido una maniobra para llamar la atención aprovechando el tema del derecho a decidir que defendemos en Cataluña", asegura Ramón Arnal, de la agrupación Cent per Cent per Batea. "El tema ni siquiera se planteó en un pleno. Al final de una sesión, en asuntos de alcaldía, dijo algo como ‘‘Si aquí no nos quieren, a lo mejor tenemos que ir a otro sitio".

El único concejal de Convergencia (hoy PDECat), Joan Batista Suñé?, se plantea pedir su dimisión por "esta especie de rabieta infantil sin sentido". "Batea es famoso por su vino, no por otra cosa, y yo me la juego con quien sea por el vino", concluye.

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