Aragón

Un verano en Zaragoza, un verano lejos del campamento de refugiados

La zaragozana María Luz Wander y su pareja acogen desde final de junio a Enguia Mohamed-Nayem Did, una refugiada saharaui de 10 años que apenas pesa 21 kilos. El deporte y la cultura son claves en la integración de la pequeña y de los 130 niños que han llegado a Aragón.

Enguia Mohamed-Nayem Did, la niña del centro, durante los cursillos de natación en el CN Helios.
CN Helios

María Luz Wander ha estado en muchos países: India, Camerún, Mozambique, Nicaragua… Sin embargo, en ninguno ha visto tanta pobreza como en Argelia, concretamente en los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf. Allí, miles de personas viven una complicadísima situación divididos entre los campamentos de refugiados y los territorios ocupados por Marruecos desde hace más de 40 años.

Impactada por la situación de pobreza extrema de la zona, la zaragozana acoge desde hace unas semanas en su casa a Enguia Mohamed-Nayem Did, una niña saharaui de 10 años que apenas pesa 21 kilos. Para María Luz es su segunda experiencia en el programa Vacaciones en paz, que este año ha servido para que 130 refugiados pasen sus vacaciones en Aragón. Para estos pequeños el verano es un respiro, una forma de huir del calor del desierto y de sus terribles condiciones de vida.

"He ido cuatro años a participar en la carrera del Sáhara, que la organiza todos los años en febrero Diego Muñoz, un chico de Madrid. Les llevamos medicamentos, gafas graduadas...", explica. Conocedores del conflicto y de la delicadísima situación que viven allí los niños, su pareja (José Antonio Fernández) y ella decidieron el año pasado dar el paso y acoger a Deid, un joven saharaui "muy bravo y con un gran corazón". Al principio les costó. El choque de culturas fue tremendo para ellos y para Deid, pero el verano de 2016 terminó siendo una experiencia tremendamente enriquecedora. Tanto que el pasado mes de diciembre decidieron visitar a su familia y pasar con ellos una semana.

"Nos encontramos con muchísima pobreza. Lo que vi allí es lo más triste y penoso que he visto en mi vida. He estado en muchos sitios, colaborado con alguna ONG, pero lo que vi en ese campamento de refugiados no lo puedo comparar con nada. Son figurantes de un Belén abandonado. No tienen ni un árbol, ni un río… no hay nada", recuerda con tristeza. "Por eso ellos vienen a España muy alegres y con toda la ilusión del mundo", agrega.

En el campamento de refugiados, María Luz conoció a la familia de Deid, el mayor de cinco hermanos. Su hermana menor, Enguia, había decidido pasar este verano en Italia o Francia, pero la convencieron para que, como su hermano, viniera a Zaragoza. "Ella es una chica muy valiente. Quiere cocinar y trabajar. A pesar de que tiene 10 años, cuando su madre se va a cuidar a su abuela, ella es la que se queda al cargo de toda la familia", relata.

El deporte y la cultura, claves en la integración

María Luz quería que Enguia, igual que el resto de niños que han venido a Zaragoza con Um Draiga y otras ONG, no solo se olvidara por unos meses de la complicada vida de su país. También quería que aprendiera, que se formara mejor como persona. Por eso, organizó junto a la ONG y a Brahim, un monitor del Sáhara que está con ellos durante el verano, un variado programa de actividades deportivas y educativas. Así, el choque cultural también es menos impactante para ellos.

"Por ejemplo, creemos que es muy importante que aprendan a nadar porque aquí van a la piscina pero no saben nadar y es un gran peligro", comenta. "Me puse en contacto con varios clubes y el primero que contestó fue Helios, que les dio a finales de junio un cursillo de iniciación y aprendizaje totalmente gratuito", apunta. "A los niños les encantó. Y eso que, al principio, querían nadar en calles separadas los chicos y las chicas. Es su forma de ser, solo una muestra más del choque cultural", añade.

También han ido al Parque de Atracciones o a Tráfico, donde aprendieron nociones básicas de seguridad vial. "El año pasado, cuando volvíamos del parque, estuvieron a punto de atropellar a Deid. Ellos no entienden que el rojo significa esperar y el verde cruzar. Por eso es tan importante que aprendan las normas de tráfico. Para nosotros es algo básico, casi innato, pero para ellos no".

Este miércoles, el grupo de refugiados saharauis de Zaragoza irá a la Biblioteca Municipal Manuel Alvar de Las Delicias, donde les leerán algunos textos de Gloria Fuertes y otros cuentos infantiles. En las próximas semanas visitarán el Club Pony Aragón, aprenderán repostería, horticultura, cine o el funcionamiento del tranvía, un medio de transporte totalmente desconocido para ellos. "Se trata de que, además de divertirse y desconectar unos meses de su mundo, aprendan el máximo posible y les ayude después en su día a día", explica María Luz. Todas las actividades son gratuitas para los niños y las familias.

Otro punto importante es la sanidad. En este sentido, el Colegio de Farmacéuticos de Zaragoza les ha donado muchas muestras de fármacos y tubos de crema. "Las familias les intentamos concienciar de que hay que darse crema y lavarse los dientes, ya que casi todos tienen muchas caries", concluye. Los 130 niños que han llegado este año a Aragón, todos ellos de entre 10 y 12 años, estarán en España hasta finales de agosto. 

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