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Aragón

Cómo el aire acondicionado hace que se produzca más en la Central de Andorra

La ola de calor hace que el carbón sea el principal componente de la producción energética. Los sindicatos señalan que sin carbón habría mucha dependencia en los meses del verano.

Aparatos de aire acondicionado en una fachada zaragozana.
Aparatos de aire acondicionado en una fachada zaragozana.
Guillermo Mestre

El calor del pasado mes de junio ha disparado el consumo eléctrico en Aragón. Endesa informaba de que se alcanzó el mayor pico de consumo en junio de los últimos 25 años, con un valor máximo de 1.620 megavatios. Una demanda elevada a raíz de la ola de calor que hace que aires acondicionados, pero también sistemas de refrigeración en grandes empresas, trabajen a plena intensidad.

Responder ante picos de demanda de este tipo en verano, y más aún en un año marcado por la sequía, requiere de la entrada en la oferta energética de fuentes flexibles como el gas o el carbón, y ahí aparece la Central Térmica de Andorra, que en esos días ha estado trabajando a pleno rendimiento a pesar de que desde hace unos meses su continuidad a futuro está más que comprometida.

Según los datos facilitados por Endesa, hasta junio de este año la central había producido 1.600 gigavatios-hora (Gwh). Para hacerse una idea, en 2015, último año en el que el carbón fue el mayor agregado de la producción energética en Aragón por delante de hidráulica y renovables, para estas fechas se había producido menos (1.240 Gwh). Eso comparándolo con el último año 'bueno' de la central, porque en 2016, un año marcado por los despidos y cierres en las minas y el escaso funcionamiento en los grupos turolenses, la cifra de gigavatios producidos hasta el comienzo del verano era de apenas 350, casi cinco veces menos.

Desde Endesa se explica que esta situación de protagonismo del carbón es habitual durante todos los veranos, pero con la excepción de que este curso el calor ha llegado antes, y que además también los embalses han contado con menos agua. El motivo principal radica en que en verano hay menos corrientes de aire para que la eólica pueda producir. La subida del precio de la luz también responde al mismo factor, la entrada de fuentes flexibles más caras, aunque los sindicatos defienden que en este aspecto el motivo principal del encarecimiento hay que achacárselo al gas.

En la propia central, los trabajadores apuntan que durante lo que ha seguido de mes -y cuando más ha apretado el calor- la producción ha ido incluso a más. “Se ha estado trabajando las últimas semanas con dos y tres grupos a pleno rendimiento, buscando solucionar cuanto antes cualquier contratiempo para seguir produciendo”, señala Hilario Mombiela, presidente del comité de la Térmica.

En opinión de los sindicatos, esta situación demuestra que el carbón “es la única energía autóctona que puede modularse a día de hoy en función de la demanda, y por lo tanto hay que preservarla”, explica Mombiela, que cree que si faltara se tendría que recurrir más al gas, a la energía nuclear o de las importaciones desde otros países. Algo que en 2016 ya ocurrió debido a la poca actividad en todas las térmicas, siendo el primer año en el que España tuvo que importar más energía eléctrica de la que exportó a otros estados por primera vez desde 2003.

No es la primera vez este año que la producción de energía está protagonizada por el carbón. Entre finales del año pasado y los primeros meses de 2016 los problemas de seguridad que hubo en varias centrales francesas obligaron a quemar más carbón en España, en parte para venderlos al país vecino.

La incertidumbre aumenta cada día

Sin embargo, y pesar de esta situación, los trabajadores de la Central siguen sin salir de la incertidumbre sobre si continuará su actividad más allá de 2020. En mayo de este año se comunicó que Enel, la matriz italiana de Endesa, no realizaría la inversión -necesaria por política ambiental Europea- poniendo fecha de cierre a la planta en menos de tres años.

Aunque esta pudiera haber sido la confirmación, desde entonces se han dado nuevos movimientos y reuniones entre sindicatos, DGA y Gobierno central, con la vista puesta en buscar una última salida. A finales del mismo mes de mayo una reunión entre los ejecutivos nacional y autonómico pareció salir con la idea de elaborar un Real Decreto que comprometiera una garantía de suministro, alargando la vida de la central como “reserva estratégica”. Una vía que no obstante se ha enfriado en las últimas semanas.

“Antes éramos optimistas. Ahora lo somos porque tenemos que seguir siéndolo, pero cada vez cuesta más”, señala al respecto Mombiela, que sigue reclamando lo mismo que todo el sector desde 2013, que se garantice una presencia en el mix energético nacional del carbón del 7,5%, lo que aseguraría el trabajo en las minas turolenses y la central, y que se negocie con Bruselas la continuidad de la planta como reserva estratégica.

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