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Aragón

Más años de trabajo y mejor conexión a internet: así se combate la despoblación en otros países de Europa

En los últimos meses varias delegaciones aragonesas han viajado a Escocia y Bulgaria para buscar nuevas respuestas ante este problema.

Inver???????ness, capital de las Tierras Altas de Escocia
Inver???????ness, capital de las Tierras Altas de Escocia
Wikicommons

Las Tierras Altas de Escocia es una región en la que viven 230.000 personas. Su capital es Inverness, la única ciudad que aglutina a 51.000 de sus vecinos. En total, su vasto territorio en el que se encuentra el mítico Lago Ness, tiene una densidad de apenas 9 habitantes por kilómetro cuadrado, idéntica a la de la provincia de Teruel.

Hasta allí viajó en el mes de mayo una delegación de técnicos de la DGA para tratar de buscar en estas tierras escocesas nuevas vacunas a la despoblación. Porque sí, las Highlands también cuentan con el mismo problema que azota a varias comarcas aragonesas, pero con la diferencia de que ellos han podido aumentar su población en un 22% en los últimos 50 años.

Un caso muy distinto al del propio Teruel, donde la provincia ha perdido cerca del 40% de su población -unos 100.000 habitantes- desde los años sesenta, y que ha centrado el debate en los últimos meses, incluido en el Congreso sobre Despoblación celebrado recientemente en Huesca.

Y es que el caso de la provincia del sur de Aragón tiene casos especialmente significativos, como la Comarca de Gúdar-Javalambre, Albarracín o el Maestrazgo, con densidades de población que no alcanzan los 3 habitantes por kilómetro cuadrado, un nivel similar a muchos desiertos de la Tierra. También en Huesca, con el Sobrarbe (3,4 hab/km2) o La Ribagorza (5) se dan números similares.

“La principal diferencia entre Escocia y Aragón es que ahí supieron desde el principio que tenían un problema por delante y que debían actuar, algo que en España siempre se ha dejado pasar de lado”, comenta Joaquín Palacín, Director General de Ordenación del Territorio del Gobierno de Aragón.

La DGA envió el pasado mes de mayo a tres técnicos a las Highlands escocesas para aprender cómo había sido posible que un territorio con unas condiciones tan adversas como el medio rural aragonés hubiera conseguido aumentar su población. Lo hicieron en el marco de un programa de intercambio de la Comisión Europea y, aunque no existen recetas mágicas, hay una cosa clara según las conclusiones que ha obtenido la DGA, “lo importante es la constancia y pensar a largo plazo”.

Esa misma opinión tiene Juan Carlos Escuder, presidente de los empresarios de la Comarca de Gúdar-Javalambre, organización que desde hace unos años se ha autofinanciado varios viajes al extranjero a zonas con problemas de despoblación para también poner el radar sobre posibles soluciones.

“Lo que está claro es que la despoblación no es un tema rentable políticamente. Si un programa ha salido bien se verá dentro de 20, 30 o 50 años, cuando ningún político que lo pueda haber puesto en marcha esté en activo, y por eso hay que crear una conciencia de que este es un problema superior a la política”, comenta Escuder, con cuya asociación estuvo visitando recientemente varias zonas del centro y sur del país, las más desfavorecidas por la despoblación.

Mejor conexión a internet y más redes de empleo social

“Aunque Bulgaria sea uno de los países más pobres de la Unión, nos sorprendió que, si bien las carreteras eran horribles y no se podían comparar con las nuestras, su conexión a internet era considerablemente mejor”, señala Escuder, que también ha visitado Rumanía, los países nórdicos, la Toscana italiana o Grecia en distintos años con el mismo objetivo.

“Cada cual organiza su respuesta a la despoblación de la forma que mejor entiende. En Rumanía por ejemplo vimos cómo había quedado a medio hacer un plan de la época comunista para organizar a los habitantes en pueblos de un tamaño medio, mientras se perdían los más pequeños. En otros sitios, como Bulgaria por ejemplo, los pueblos de pequeño tamaño habían conseguido subsistir y bastante bien gracias a una red de negocios que se mantenía gracias al propio consumo de los vecinos. Eso es lo que en cierto modo se ha perdido aquí en Aragón, donde ya no es rentable tener una peluquería en un pueblo de 300 habitantes, porque buena parte de los trabajadores de ese pueblo llegan de otros más grandes o de ciudades únicamente a trabajar”, comenta el representante de la asociación de empresarios de Gúdar-Javalambre.

El Director General de Ordenación del Territorio también extrae de la visita a Escocia que “deben tomarse planes a largo plazo, sin tener presente un rédito a cuatro años vista”. Allí en las Highlands por ejemplo es un consorcio independiente formado por miembros de varias instituciones el que reparte posibles fondos e inversiones y organiza el proceso de recuperación del territorio, no el propio Gobierno escocés.

Además, Palacín subraya que en este territorio escocés “se ha dado mucho peso al trabajo social. A los jóvenes que se dedican a cuidar a personas mayores o que han adaptado su actividad a la población con la que viven”, sin quitar que también se intenten facilitar ayudas para emprendedores de un perfil más tecnológico ya que “el teletrabajo es una de las grandes facilidades para los jóvenes que viven ahí”.

El reto (o no) de la financiación

En este marco, la DGA lleva varios meses preparando la Directriz Especial de Política contra la Despoblación. Un texto que estaba pendiente de desarrollo como parte de la Estrategia de Ordenación Territorial de Aragón, aprobada desde hace 3 años, y que se ha elaborado consultando a más de 800 agentes sociales y organizaciones.

“El objetivo es crear el primer plan consensuado totalmente y escuchando todas las ideas, y lo que es más importante, incorporar una serie de objetivos a cada una de las medidas. Esto es, si sale adelante una línea de ayudas o una política concreta, estará marcada por los resultados que dé en un plazo consensuado”, comenta Palacín, en cuya opinión, aunque el dinero es importante para combatir la despoblación, su falta tampoco puede ser una excusa. “Antes había mucho más dinero y no se consiguió nada”, señala al respecto, reconociendo no obstante que los fondos han sido necesarios para poner en marcha planes como el Conecta, que llevará internet de alta velocidad a la práctica totalidad del medio rural en los próximos años.

Con todo, la financiación siempre ha sido un caballo de batalla de la administración aragonesa y de otras zonas de España con problemas de despoblación. La UE reconoce el derecho a fondos especiales a partir de un número de habitantes (8,5 por km2) al que podrían acceder varias zonas de Teruel, Huesca y Zaragoza, pero no Aragón en su conjunto por tener una densidad de 28 habitantes. Y Bruselas solo contempla como unidades territorializadas para estos fondos a las Comunidades Autónomas españolas.

Como resultado, Escocia y zonas de los países nórdicos han ido recibiendo fondos año tras año, mientras Teruel o Huesca no, una problemática ante la que han surgido proyectos concretos como el de Serranía Celtibérica, promovido por el profesor de la UZ Francisco Burillo y que propone la elevación ante la UE de una nueva 'macrorregión' entre Teruel, Cuenca, Soria y zonas de otras provincias.

“Obtener más fondos indudablemente sería positivo, pero el primer paso que debemos dar es interno a nivel nacional y afrontar este problema como lo que es, uno de los más importantes que tenemos encima de la mesa”, señala Palacín, quien lamenta que las comisiones sobre retos demográficos del Senado y el Congreso juntan en un mismo saco problemas como la falta de habitantes en algunas zonas de Aragón junto con la superpoblación de Canarias.

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