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Tercer Milenio

La semilla certificada pasa el examen con nota.

Más de 600 agricultores de toda España han participado en Zuera en la jornada de transferencia de cereal de invierno organizada por el Gobierno de Aragón.

Más de 600 personas acudieron a las jornadas organizadas en Zuera.
Más de 600 personas acudieron a las jornadas organizadas en Zuera.
Carlos Muñoz.

Junio es el mes de los exámenes por excelencia. Estudiantes de primaria, secundaria o universidad se enfrentan a las pruebas finales donde tienen que demostrar su valía. Y esto mismo ha ocurrido en el caso de las semillas certificadas de cereal de invierno de Aragón.

Un total de 267 variedades de semillas, distribuidas en 2.557 lotes, que se han sometido a la exigente valoración popular de más de 600 agricultores de Aragón y el resto de España que han participado en la jornada técnica de transferencia en cereal de invierno, organizada por el Centro de Transferencia Agroalimentaria y el Centro de Sanidad y Certificación Vegetal (CSCV) del Gobierno de Aragón, en colaboración con la Cooperativa de Zuera, lugar donde se celebró el encuentro.

«Aragón ocupa el primer lugar en superficie dedicada a la producción de semilla certificada de cereal de invierno, casi el 23% del total nacional. Es esta posición de liderazgo la que nos ha animado a poner en marcha esta jornada en la que hemos mostrado los trabajos realizados por la Administración pública en materias relacionadas con la transferencia de nuevos cultivos y variedades y las garantías que aportan este tipo de semillas, sobre todo en aspectos relacionados con la germinación y la futura producción», apunta Lorenzo González, jefe de la Unidad de Semillas del CSCV.

En los últimos años, la producción de este tipo de semilla ha pasado de 40 millones de kilogramos en 2013 a unos 73 millones en el año 2017. Y esto se debe a la fiabilidad que proporcionan entre los agricultores. «Son granos que te garantizan calidad y un porcentaje mucho más alto de germinación que en el caso de los cereales no certificados. Además, su sistema de certificación te ofrece una mayor seguridad gracias a los controles que realizan la Administración y las empresas suministradoras», apunta Manuel Navarro, agricultor de Sádaba.

Él siembra en sus 200 hectáreas una media de cuatro o cinco variedades diferentes de cebada y trigo, que va alternando anualmente, de ahí la importancia que reconoce que tiene el acudir a estas jornada con el fin de comprobar la evolución de otros tipos de granos y, de esta manera, poder modificar la siembra el próximo año.

Uno de los retos de este encuentro ha sido «promover el uso de la semilla certificada como fuente de innovación y de calidad para las explotaciones», indica Jorge Berges, vicepresidente de la cooperativa de Zuera. Y de ahí la cantidad de notas que los agricultores tomaron durante la jornada. Explicaciones que corrieron a cargo de técnicos del Gobierno de Aragón y de las suministradoras. «Hay que estar al día de las novedades para no estancarse y lograr, año a año, cosechas mejores. La clave es reciclarse, porque de eso depende nuestro futuro», apunta Sergio Isabal, un joven de 21 años, de Binéfar, que este año va a ponerse al frente de la explotación familiar.

A finalizar esta jornada teórica y práctica, algunos agricultores, al ver los resultados de los ensayos, tenían claro que el próximo año sembrarán otras semillas, mientras que otros volverán a apostar por granos conocidos, pero siempre de semilla certificada. «Es producción segura y, aunque cueste un poco más, al cosechar merece mucho la pena», concluye Rafael Marcuello, de Ontinar de Salz, un fan confeso de Shakira, tanto de la cantante como de la variedad de cebada con este mismo nombre.

Más información en el Suplemento Heraldo del Campo

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