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El oficio de esquilar: 2 minutos por oveja a 1,10 euros por cabeza

Cada año vienen profesionales de todo el mundo, la gran mayoría de Europa del Este, para esquilar las ovejas aragonesas.

Profesionales de todo el mundo vienen a esquilar a Aragón
Profesionales de todo el mundo vienen a esquilar a Aragón
C. I.

A pesar de la vertiginosa caída del número de cabezas de ganado ovino en Aragón que pasó de 2,8 millones en 2006 a 1,7 en 2016 según datos del Gobierno de Aragón, la temporada de esquileo continúa siendo una de las más importantes de este sector estratégico para la economía aragonesa.

Del total, unas 650.000 pasan por las manos –y tijeras- del grupo de esquileo de Oviaragón, perteneciente al Grupo Pastores y coordinado por Carlos Bernués. “El esquileo se realiza dos veces al año, en primavera y en otoño. Esta temporada empezó a mediados de marzo y terminará en a finales de mes”, asegura el responsable, quien explica que se trata de un oficio de toda la vida, pero cuyo concepto ha variado a lo largo del tiempo. “Ahora se hace por una cuestión sanitaria y para facilitar la reproducción. Sin embargo, antes se sacaba algo de dinero de la lana, ahora no vale casi nada”, añade.

El responsable de esquileo asegura que desde los años 80 cada vez es más complicado encontrar esquiladores profesionales en Aragón, sobre todo por la dureza del trabajo: “La mayoría de nuestros trabajadores proceden de Polonia, Rumanía, y Sudamérica; aunque existe un porcentaje de españoles pero que es relativamente bajo en comparación con los que vienen de fuera”.

Este año Grupo Pastores ha contratado a un total de 90 esquiladores, organizados en cuadrillas formadas por 6 u 8 operarios entre esquiladores y arrimadores, que recorren todo Aragón –comenzando por Huesca y terminando en Teruel- y parte de Soria. Precisamente, uno de ellos es Octavio (28), vecino de Cariñena desde hace 10 y procedente de Rumania. Desde 2012 trabaja como esquilador.

Su jornada arranca a las 5.30 de la mañana y se prolonga hasta las 20.00. “Durante los 100 días de campaña no paramos, es muy duro y se madruga mucho, pero económicamente merece la pena”, explica Octavio, jefe de una de las cuadrillas de Oviaragón. “Es un trabajo muy sacrificado y casi nadie quiere dedicarse a esto. A mi el primer año me costó habituarme pero ahora me encanta. Tan solo con mi cuadrilla puedo esquilar de 80.000 a 100.000 ovejas por campaña”, asegura.

La media de edad es de 25 a 40 años. “La mía es la cuadrilla más joven, tenemos entre 19 y 32 años”, añade. Entre sus herramientas fundamentales de trabajo cuentan con tijeras, cuchillas y peines, aunque la técnica es lo más complicado. “En algunos países es un oficio que se practica durante todo el año”, concluye.

Del otro lado se encuentran los ganaderos, aquellos que demandan este servicio a cooperativas o cuadrillas independientes. Uno de ellos es Pedro José Escusa, vecino de Teruel. “Tengo un rebaño de 950 ovejas y nos toca esquilar dentro de nada”, asegura. El proceso es sencillo, los interesados se apuntan en una lista en febrero y comunican el número de ovejas y una fecha preferente. “También indicamos si queremos que gestione la venta de la lana o no”, añade.

Este servicio con Oviaragón cuesta de 1.10 a 1.37 euros por cabeza de ganado. Sin embargo, una buena organización no tiene precio: “Aunque todavía hay quien lo hace por su cuenta, no es lo habitual. Cada paridera es un mundo y el equipo debe de estar cualificado y adaptar el cuadro de esquilar y el recorrido de las ovejas para optimizar el proceso”.

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Jesús, vecino de Fuentes de Ebro y ganadero de toda la vida, todavía recuerda cómo antaño eran los propios vecinos del pueblo quienes organizaban sus cuadrillas de esquileo y recorrían la zona. “Entonces hasta viajaban a otros países a esquilar ovejas”, destaca. Sin embargo, cuando comenzaron a envejecer los profesionales aragoneses la llegada de gente de otros países “alivió mucho la cosa”.

El zaragozano, que trabaja con la Cooperativa Casa de Ganaderos, destaca sobre todo la velocidad, llegando a hacer una oveja cada 2 o 3 minutos. “Al día tan solo un esquilador hace más de 200, a mí el rebaño (1.000) me lo hicieron en una jornada. Es un oficio muy malo y lo hacen muy bien, aquí no encontramos a gente ni para recoger la lana”, lamenta.

Un producto que se comercializa a 35 céntimos el kilo, “una miseria”, ya que ha pasado de venderse muy bien – “a 125 pesetas el kilo hace 25 años”, asevera Jesús- a estar prácticamente regalado.

Además, el ganadero asegura que en la zona de Mediana existen un par de cuadrillas locales, un trabajo condenado a la externalización: “Antaño esquilar era rentable y había beneficios. Ahora se pierde dinero pero no nos queda otra”.

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