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Semillas de Aragón que brotan en el exterior

Los jóvenes aragoneses en el extranjero aprovechan el día de San Jorge para pedir más esfuerzos a las instituciones. Quieren poder volver en un futuro con las condiciones que merecen.

Cada año, por el Día de San Jorge, se compone con claveles la bandera de Aragón
Cada año, por el Día de San Jorge, se compone con claveles la bandera de Aragón
Raquel Labodía

Dicen que al aragonés se le reconoce, además de por su persistencia y tozudez, por el amor que siente hacia lo propio. No importa lo mucho que se aleje de esta tierra de contrastes, que la añoranza y el recuerdo de sus gentes perduran, tiran y hasta escuecen en un día como este.

También dicen, que el que siente el aragonés por su sedienta región es un amor carente de fanfarronería diaria, pero que sale a relucir raudo cuando desde fuera alguien amenaza o pone en duda los pilares que sustentan la identidad aragonesa.

En el Día de Aragón, por qué no permitirse dar rienda suelta al sentimiento y hacer gala de esta tierra. Las instituciones abren sus puertas al folclore de sus pueblos. Los editores, por su parte, tratan de divulgar el legado de sus ilustres y sus lenguas. Mientras, libro y clavel en mano, todos recordamos a los excepcionales: a aquel Goya, aquel Gracián, aquel Ramón y Cajal o aquel Buñuel. Pero, por qué no, mirar también hacia el futuro. Los jóvenes aragoneses que empiezan a brillar fuera de nuestras fronteras. Deportistas, artistas, ingenieros o investigadores de altos vuelos que se fueron para poder seguir creciendo.

42.000 aragoneses en el exterior

En los últimos cinco años, más de 10.800 aragoneses han emigrado en busca de ofertas de empleo y oportunidades laborales. Naturales de la Comunidad que han pasado a engrosar el nutrido grupo de aragoneses que viven en el exterior. Un grupo que desde enero de 2009, año en el que afloró con fuerza la crisis, y hasta enero de este año, ha incrementado sus filas casi un 67% y roza ya los 42.000 miembros.

Aragoneses sedientos cuya fuga entristece a la par que enorgullece. Todavía más, por supuesto, a sus incondicionales. Familiares que a través de llamadas de skype y telegramas de vía whatsapp, siguen de cerca cada paso de su lucha por sus metas.

Familiares como los de Tamara Aalto, ilustradora cuyo trabajo empieza a dar frutos en Finlandia y que lamenta el escaso valor que se da en España al campo de las artes. O los de la fotógrafa Marta Lallana, que con tan solo 23 años ha sido finalista de un concurso de talentos europeos y que es consciente de que en el futuro tendrá más opciones fuera, en países donde el cine esté mejor considerado. Coincide con ellas Alberto Menjón, jovencísimo pianista con importantes logros a sus espaldas que se fue porque este país no le brindaba la posibilidad de seguir formándose.

También Jorge Alastuey, arquitecto especializado en restauración y rehabilitación de monumentos que en Alemania se siente más valorado como profesional. Él, como los otros, sueña con poder volver un día a Zaragoza y sentirse igual de valorado. Se suma a este deseo Adriana Pérez, gestora cultural de 28 años que vio cómo las puertas se le abrían prácticamente solas en Panamá mientras en Aragón no conseguía ni una sola entrevista. Y algo parecido le pasa a la investigadora Ainhoa Arbués, aunque ella, lamentablemente, siempre tuvo aceptado que dedicándose a la ciencia era muy probable que tuviese que emigrar. También ella quiere volver, y por eso pone voz y cara a las reivindicaciones de las nuevas generaciones: pide más reconocimiento, más inversión y más apoyos.

Apoyos que Jorge López tuvo que buscar fuera y los obtuvo por parte de una universidad internacional que le concedió la prestigiosa beca Marie Curie. "Si hubiese tenido un trabajo aquí o si los investigadores ganasen lo que deben, me hubiese planteado quedarme", afirma.

Fue también una beca lo que llevo a la periodista oscense Clara González a vivir a Bostón. Ella está alcanzando fuera sus sueños e invita a los jóvenes de Aragón a "creerse que realmente pueden conseguir sus objetivos" y a luchar por ellos. Pablo Gállego, futbolista de 23 años que juega para un equipo griego, insiste en el mismo sentido: "Los aragoneses tienen que aprender a valorarse".

En el ámbito deportivo, las jóvenes promesas como él ven también como las puertas se les abren con mayor facilidad de fronteras para fuera. Javier Perruca, de 19 años, pone cara a los deportistas aragoneses a los que cada año fichan distintas universidades estadounidenses. Él estudia allí como becado gracias a sus proezas sobre la bicicleta. También Rocío Frej estudió allí gracias al tenis. A día de hoy es ingeniera aeronáutica y no se ha planteado volver dado que allí ya dirige un laboratorio de I+D y aquí las oportunidades serían "muy limitadas" para ella.

Pese a haber tenido que emigrar para aspirar a más, todos estos jóvenes coinciden en la añoranza que sienten por su tierra y en destacar el carácter de sus gentes. Por eso, aprovechan este día de San Jorge para reivindicar su situación y pedir más esfuerzos a todas las instituciones. Ya no tanto para que los jóvenes no tengan que irse para alzar el vuelo, sino para que cuando quieran volver, puedan hacerlo en las condiciones que merecen.

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