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Diego Cruz: "No hay día que no me acuerde de Zaragoza y de mi familia"

Zaragozano de 30 años, desde hace 11 años forma parte del ballet de la ciudad de San Francisco, donde reside.

Diego Cruz (Zaragoza, 1986) ha pasado 11 de sus 30 años de vida fuera de Zaragoza, ciudad en la que nació. Pero ni el tiempo ni la distancia han logrado que este bailarín de ballet se olvide de su ciudad, por la que siente gran apego y de la que se reconoce embajador. Diego reside desde hace más de una década en San Francisco (Estados Unidos). Forma parte del ballet de la ciudad, una de las formaciones más reconocidas del país.

El joven zaragozano cuenta que cambiar de residencia fue una decisión suya, convencido de que en el extranjero valoraban más su profesión y podría desarrollarse como el bailarín que es hoy. "Sabía que en San Francisco encontraría mucho más beneficio, respeto y puertas abiertas que en España. Esto es una verdadera pena porque en España hay mucho arte y muy buenos bailarines, pero todos terminamos teniendo que marcharnos, aunque por decisión propia, también un poco obligados", cuenta Diego desde la ciudad estadounidense.

Hoy no sabe qué habría sido de él si se hubiera quedado en España, pero afirma que ha aprendido y sigue aprendiendo de su experiencia en San Francisco y es optimista sobre un futuro profesional en nuestro país. "¿Por qué no pensar que en un futuro puedo llevar todo este aprendizaje a España y ojalá poder cambiar las cosas ahí?", se pregunta.

En San Francisco, su trabajo diario consiste en una clase de hora y cuarto de calentamiento a las 10.00 de cada mañana y, después, de unas seis horas seguidas con una hora de descanso para comer. "No sabría contar en cuántas obras he trabajado en estos años: son muchísimas. Han sido 11 años de carrera con ocho programas cada año, más las giras... sería muy, muy complicado de contabilizar", explica. Ahora mismo se encuentra preparando su último programa de la temporada, la Cenicienta de Christopher Wheeldon. "Es un ballet muy divertido en el que hago el papel de Benjamin, el amigo del príncipe", apunta.

A pesar de llevar 11 años fuera de casa, el zaragozano confiesa que echa en falta muchas cosas. Y enumera: "el calor del hogar, la amabilidad y la cercanía de las gentes de Aragón, la comida, esos bares de tapas con la cañica en las terrazas, el jamón, el chorizo... Si me pongo a decir cosas no termino nunca", reconoce. De Estados Unidos se traería hasta su tierra "la apreciación y el respeto que tienen por las artes y la ayuda que ofrecen a todo aquel que destaca en alguna actividad".

"Pasan los años y no hay día que no me acuerde de Zaragoza y de mi familia. Me siento y siempre me sentiré aragonés. Todos mis compañeros del ballet tienen cachirulos y cintas de la medida de la Virgen del Pilar. Todo el mundo conoce Zaragoza y Aragón. Puedes poner a prueba a cualquier bailarín de la compañía preguntándole por España y por Zaragoza y te dirán 'Ah, sí Aragón, la Virgen del Pilar... Diego", cuenta divertido. El joven vuelve cada verano a Zaragoza e intenta también volver a casa cada Nochevieja, "aunque sean cinco días, pero son los mejores cinco días", aprecia.

El 23 de abril será para él un día de trabajo como otro cualquiera, pero como habla todos los días con su familia sabe a buen seguro que le transmitirán cómo discurre la jornada en Aragón. Cuando vivía en Zaragoza, Diego solía celebrar el día de la Comunidad en familia. "Recuerdo reunirme con toda la familia y comer lanzón. También me acuerdo de que en el colegio hacíamos concursos de dibujo de San Jorge matando al dragón", rememora Diego, al que sus profesores le decían que el patrón aragonés "era el santo más verenado del mundo" y eso le hacía "sentir muy orgulloso".

Además de todo esto, cuenta que el 23 de abril es siempre un día muy especial para él porque "hace ya muchos años" hizo su primera comunión en esta jornada tan señalada. "Son recuerdos que no se olvidan", apunta.

La familia de Diego, residente en la capital aragonesa, tendrá que vivir próximamente la experiencia de ver a otro hijo partir a vivir lejos, pues el hermano pequeño de Diego le ha seguido los pasos en lo del ballet... y también se marchará a miles de kilómetros de casa. "Mi hermano Adrián, de 17 años, estuvo en el Prix de Lausanne en febrero, uno de los concursos más laureados del mundo, y ahí ganó una beca en una escuela de Hamburgo (Alemania). Comenzará las clases en agosto", apunta.

Por eso, que el ballet tenga en España un reconocimiento justo es importante para él. "No se lo difícil que es vivir del ballet en España porque nunca he trabajado ahí, pero sé por amigos que es bastante dificil, aunque al final lo más importante es poder bailar porque para ello estamos trabajando y luchando muy duro desde niños", dice Diego que opina que los dirigentes españoles deberían dar "mucho más valor, no solo a la danza, si no a las artes".

"Deberían preocuparse por subvencionar una buena compañía de ballet nacional en la que podrían recoger a todos los maravillosos bailarines españoles repartidos por el mundo y traerlos a su patria y bailar con la bandera de España a lo largo del mundo dejando a nuestro país en una posición muy alta. Te aseguro que cada uno en nuestra compañía de ballet, sea de donde sea, ya lo hacemos", concluye.

- Volver al especial de San Jorge 'Jóvenes aragoneses en la diáspora'.

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