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Aragón

Aragón, un país de montañas

10 castillos de 10 en Aragón

La Aljafería, la Ciudadela de Jaca y los castillos de Mesones de Isuela, Montearagón, Monzón, Mora de Rubielos, Loarre, Peracense, Sádaba y Valderrobres se cuentan entre las fortalezas más monumentales de Aragón.

El castillo medieval de Monzón ha sido utilizado como fortaleza desde sus orígenes hasta el siglo XX.
El castillo medieval de Monzón ha sido utilizado como fortaleza desde sus orígenes hasta el siglo XX.
Archivo Prames

Aragón es país de montañas pero también lo es de castillos. De norte a sur, de este a oeste numerosas fortalezas convertidas hoy en monumentos nos invitan a viajar en el tiempo y adentrarnos en nuestra historia. Seleccionamos diez fortalezas entre las más sobresalientes.

Castillo de Loarre

Loarre es el castillo aragonés por excelencia y, cada vez más, un valorado recurso cinematográfico y turístico ya que se considera el mejor castillo románico de España y la fortaleza real más antigua, por lo que también está entre los principales de Europa. Buena parte de ello se debe al relativo buen estado de conservación que ha mantenido durante siglos, seguramente gracias a una trayectoria histórica de escaso protagonismo militar y a un temprano abandono. Su estampa, como atalaya dominante sobre la Hoya de Huesca, resulta impresionante. Construido y ampliado durante el siglo XI, su muralla exterior reforzada por torreones circulares guarda un bastión en el que sobresalen las torres albarrana, de la Reina y del Homenaje, la iglesia románica de San Pedro y el mirador de la Reina. Un lugar para dejar volar la fantasía.

La Aljafería

Abu Yafar Ahmad ibn Sulayman ibn Hud fue el rey de Zaragoza que mandó construir en el siglo XI la Aljafería. Palacio y fortaleza, su precedente fue un recinto defensivo de los siglos IX o X del que resta la actual torre del Trovador. Después llegaría el palacio de Abu Yafar, espléndida muestra de arte taifal, herencia del arte califal cordobés. De época cristiana se conservan el palacio mudéjar de Pedro IV y el posterior gótico-renacentista y mudéjar de los Reyes Católicos. Ya en Edad Moderna, el recinto fue sede y cárcel de la Inquisición. Felipe II lo rodeó con una nueva muralla y un foso, y en los siglos XVIII y XIX sirvió como cuartel. Tras la muralla y el potente frente de torreones semicirculares se suceden distintos espacios en una combinación de delicadas formas artísticas, un exponente de arte palaciego hispano, musulmán y cristiano, delicado y mestizo, sin perder nunca su aire de plaza fortificada.

Castillo de Peracense

El de Peracense es quizá el más emblemático de los castillos turolenses y uno de los más conocidos de Aragón. Elevado sobre un paraje escarpado de piedra rodena, su estampa rojiza ejerce un poderoso atractivo, ofreciendo múltiples e inesperados perfiles. El solar de la fortaleza fue ocupado desde finales de la Edad de Bronce. Las excavaciones han sacado a la luz testimonios de aquella época y también de las culturas íbera y romana. Estuvo bajo domino musulmán hasta la reconquista cristiana, atribuida a los vecinos de Daroca, a quienes Ramón Berenguer IV lo entregó, según consta en el fuero de la ciudad fechado en 1142. En 1284 sirvió de apoyo a Pedro III para la conquista del señorío de Albarracín. La fortaleza pertenecía a Juan Ximénez de Urrea y a su muerte, en 1312, fue vendida a la Comunidad de Aldeas de Daroca.

El castillo medieval de Monzón ha sido utilizado como fortaleza desde sus orígenes hasta el siglo XX.

Castillo de Monzón

Tiene algo de Krak de los Caballeros, con el que está emparentado, aunque su aspecto ciclópeo lo debe más a los añadidos de una larga y activa vida militar. Sin estar claros sus precedentes hispano-romanos, hay suficientes testimonios acerca de su importancia en época musulmana, siendo muy disputados entre los walíes o gobernadores de Huesca y Lérida. También el Cid lo conquistó en 1083 para el rey al-Mutamin de Zaragoza. Luego, llegaron las conquistas cristianas de 1089 y 1125, ésta ya definitiva, y años después, gracias al polémico testamento de Alfonso I, los caballeros templarios, con quienes comienza un periodo de esplendor. A partir de 1143, el castillo se convierte en la principal encomienda de la Orden del Temple en Aragón, adquiere su fisonomía románica y alcanza una fama que aún le acompaña. La disolución de la orden en 1308 acarreó su decadencia y en 1317 el castillo pasó a manos de la Orden del Hospital de San Juan. No obstante, la fortaleza mantuvo una importante actividad militar a lo largo del tiempo, participando en todas las guerras peninsulares desde el siglo XVII al XX.

Montearagón

Al norte de la ciudad de Huesca, Montearagón es uno de los castillos más fotogénicos del Alto Aragón. Su promotor fue el rey Sancho Ramírez, quien en 1086 creaba una posición adelantada para hostigar y conquistar Huesca, que tomaría finalmente su hijo Pedro I en 1096. Su hermano y sucesor Alfonso I el Batallador convirtió a la fortaleza en panteón real. Pese a su magnificencia, los hechos de armas le son casi extraños a Montearagón, pues a partir de 1097 acogió la comunidad de canónigos agustinianos que se harían cargo de la capilla real hasta la desamortización de Mendizábal, en 1835.

La Ciudadela de Jaca o castillo de San Pedro.

Jaca

El castillo de San Pedro o Ciudadela de Jaca, tal y como se la conoce desde el siglo XIX, es una de las mejores representaciones de la ingeniería militar de finales del siglo XVI en Europa y América, y la más completa. Pertenece a un tipo de fortalezas renacentistas, muy estudiadas por Leonardo da Vinci, ideadas para una guerra que había generalizado ya el uso de la artillería. En España, su principal proyectista fue Tiburcio Spanocchi, quien realizó o revisó la mayor parte de los proyectos de fortificaciones en época de Felipe II.

Sádaba

Datado en el siglo XIII y construido sobre anteriores fortalezas, el castillo de Sádaba se levanta robusto y sobrio dibujando un rectángulo casi perfecto delimitado por un gran muro y siete torres. Es, sin duda, uno de los castillos más bonitos de Aragón.

Mesones de Isuela

El caserío de Mesones de Isuela aparece dominado por su soberbio castillo gótico del siglo XIV, al que se accede por una empinada cuesta, siendo un privilegiado mirador sobre la vega del Isuela y la sierra de la Nava. Esta imponente fortaleza fue promovida por el arzobispo zaragozano don Lope Fernández de Luna.

Valderrobres

Valderrobres formaba parte de la Peña de Aznar Lagaya, territorio reconquistado en 1169 por Alfonso II y donado al obispado de Zaragoza en 1175. Construido en el siglo XII (reformado y ampliado en los siglos XIV, XV y XVI), es un imponente castillo palacio que corona, junto con la iglesia gótica de Santa María la Mayor, el pintoresco conjunto histórico de Valderrobres.

Mora de Rubielos

Declarado Monumento Nacional desde 1931, el castillo de Mora de Rubielos constituye un espléndido testimonio de los castillos palacio construidos en el siglo XIV en Teruel, pudiendo igualarse a otros contemporáneos del arco mediterráneo como los de Perpiñán, Bellver, el Castel Nuovo de Nápoles o el palacio de los papas en Aviñón. Resulta un magnífico escenario para actos culturales como el Festival Puerta al Mediterráneo, ocupando algunas de sus salas exposiciones permanentes y temporales.

Dónde comer: La Fábrica de Solfa, Beceite.

A 7 km de Valderrobres se encuentra la localidad de Beceite, donde se halla este establecimiento ubicado en una antigua fábrica de papel, industria en la que Beceite fue pujante en el siglo XIX. La Fábrica de Solfa, que es también hotel, se basa en la filosofía 'slow' y dispone de un salón para 25 comensales, además de una pequeña terraza junto al río. Abierto para comidas y cenas, ofrece una carta de productos de cercanía exquisitamente elaborados. El establecimiento es totalmente accesible.

Dónde dormir: Parador de Sos, Sos del Rey Católico.

El Parador de Sos, a 28 km de Sádaba, ofrece 66 habitaciones de cuatro estrellas en un edificio noble de estilo aragonés, que mantiene el aire monumental de esta villa, cuna del rey Fernando el Católico. Dispone también de cafetería, terraza y su restaurante ofrece la tradición y la buena materia prima de la cocina de la comarca de las Cinco Villas. Desde el establecimiento se pueden reservar visitas guiadas por la localidad y disfrutar del ambiente medieval de su arquitectura y sus calles.

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