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Heraldo del Campo

Unidos frente a las plagas

En Aragón hay 71 Atrias que se encargan de asesorar e informar a los agricultores sobre los tratamientos fitosanitarios más adecuados para combatir a las plagas que afectan a sus cultivos.

Juan Carlos Moneo, técnico de la Atria de Cosanse, de La Almunia de Doña Godina, realiza tareas de inspección en una finca de la localidad.
Juan Carlos Moneo, técnico de la Atria de Cosanse, de La Almunia de Doña Godina, realiza tareas de inspección en una finca de la localidad.
Carlos Muñoz

Racionalizar la lucha contra los organismos nocivos que afectan a los vegetales y hacerlo a través del uso sostenible de los productos fitosanitarios. Y todo ello, apostando por la introducción de criterios de sostenibilidad en las producciones agrícolas, ofreciendo productos de mayor calidad y más seguros para los consumidores. Este es el principal objetivo que persiguen las 71 Agrupaciones para Tratamientos Integrados en Agricultura, más conocidas como Atrias, que hay dispersas a lo largo y ancho del territorio aragonés. En concreto, 24 en la provincia de Huesca, 7 en Teruel y 40 en Zaragoza, que suman en total 289.537 hectáreas de superficie.

Desde el año 1983, fecha en la que se aprobó la Orden de 26 de julio por la que se establecían actuaciones de promoción de las Atrias contra las plagas de los diferentes cultivos, han sido muchos los que han solicitado la constitución de estas agrupaciones, que están coordinadas por ingenieros agrícolas o agrónomos en la mayoría de los casos. Profesionales que se encargan de informar a los agricultores y también orientarles y asesorarles en el complicado mundo de la lucha contra las plagas, enemigo número uno de los cultivos agrícolas y, por tanto, de sus bolsillos.

Estas Atrias, que, en la mayoría de los casos, se crean en el seno de diferentes cooperativas agrícolas o Sociedades Agrarias de Transformación (SAT) mantienen una estrecha relación y un intercambio continuo de información y datos con el Centro de Sanidad y Certificación Vegetal (CSCV), dependiente del Departamento de Desarrollo Rural y Sostenibilidad del Gobierno de Aragón.

«La transferencia de datos y el flujo de información, siempre bidireccional, entre los técnicos de las Atrias y el CSCV es clave para vigilar las plagas y poner los medios necesario para atajarlas», explica Carlos Lozano, responsable de la Unidad de Gestión Integrada de Plagas de dicho centro.

Labor directa

Durante la próxima semana hay que tratar contra los adultos de psila en el momento en el que el tiempo lo permita (viento en calma, soleado y despejado y temperatura superior a 10º-11º). Se debe hacer en la hora central del día y lo más recomendable es realizar dos o tres tratamientos espaciados con cipermetrina (10%) y aceite parafinico (83%)». Este es el último mensaje que han recibido por correo electrónico y por wasap los 170 agricultores que forman parte de la Atria Sociedad Cooperativa Agraria San Sebastián (Cosanse) de La Almunia de Doña Godina (Zaragoza), y que son propietarios de cerca de 800 hectáreas de frutal y olivo ubicadas en esta localidad y también en Ricla, Alfamén, Arándiga o Calatorao, entre otras.

Un mensaje informativo, claro y conciso, enviado esta misma semana por Juan Carlos Moneo, técnico de esta Atria, donde les informa de las medidas fitosanitarias que se van a tomar para atajar esta plaga que afecta a los perales, en el tiempo y forma más adecuados para lograr los mejores resultados.

«Nuestra labor fundamental es asesorar a los agricultores para que lleven a cabo los tratamientos más efectivos, racionalizando el empleo de los productos fitosanitarios y evitando aplicaciones innecesarias. En esta lucha contra las plagas, hay que recurrir a los productos químicos como última alternativa y apostar por métodos biológicos y técnicas culturales, que permiten mejorar la calidad de los alimentos y reducir riesgos para la salud humana y el medio ambiente, pero sin olvidarnos de la rentabilidad, que es lo que hace posible a los agricultores salir adelante», apunta Moneo, quien asegura que semanalmente puede recibir un centenar de consultas de agricultores, cantidad que se incrementa considerablemente en periodos muy concretos, como las semanas previas a la recolección.

En la actualidad, en Aragón hay un total de 11.926 agricultores que son socios de alguna de las 71 Atrias que hay distribuidas por las tres provincias aragonesas, y cuyos técnicos se encargan de vigilar y controlar un total de 289.537 hectáreas

Requisitos

Atrias que se clasifican dependiendo del tipo de cultivo en: frutales, olivo, hortalizas; vid y cultivos extensivos. En este último caso, se controlan las plagas que afectan al cereal de invierno, así como al maíz, el arroz, los guisantes, la colza y la alfalfa, entre otros. Estas agrupaciones pueden constituirse, según marca la legislación, siempre que agrupen a un número mínimo de 10 agricultores, titulares de explotaciones, y cuenten con unas superficies de actuación mínimas y máximas, en función de los cultivos.

Estas hectáreas las establece el Departamento de Desarrollo Rural y Sostenibilidad y actualmente oscilan entre las 840 y las 4.000 en el caso de la vid; las 1.500 y las 6.000, en el maíz; o las 1.800 y 4.000 en el olivo, por citar algunos ejemplos. Todas estas superficies deberán localizarse exclusivamente en el territorio de Aragón.

Aunque la finalidad de todas las Atrias es encargarse del control de las plagas bajo la perspectiva del control integrado, existen particularidades propias de cada una, ya que las fechas de aparición de las plagas, de realización de los tratamientos o los sistemas de lucha son muy diferentes dependiendo del cultivo.

La mayoría de estas Atrias se han constituido en el seno de cooperativas agrícolas o Sociedades Agrarias de Transformación (SAT) pero hay otras más particulares, como es el caso de la Atria Santa Ana y Niño Perdido, en Borja, que atiende a un total de 150 agricultores de las cooperativas vinícolas de Pozuelo y Tabuenca. «Aunque la forma de trabajo está muy estandarizada y seguimos protocolos de trabajo muy específicos, lo cierto es que contar con socios de dos cooperativas es algo muy singular, ya que hay que poner de acuerdo a propietarios con intereses muy dispares y eso resulta muy laborioso. Pero, en la mayoría de los casos, la respuesta a nuestras peticiones y consejos es muy buena y los agricultores tienen muy en cuenta nuestro asesoramiento», señala Alberto Sebastián, técnico de esta Atria.

Control de fincas

Junto a su labor informativa, en la que los técnicos tienen que responder a cientos de preguntas del tipo ¿Qué producto puedo emplear para tratar la abolladura del melocotonero? ¿Has observado ya síntomas de roya en las parcelas de trigo?, estos profesionales también llevan a cabo un amplio y exhaustivo control de las fincas que forman parte de cada Atria.

Semanalmente tienen que hacer el seguimiento y control de decenas de puntos localizados en las fincas de su influencia, lo que hace más efectiva la lucha contra las plagas fitosanitarias, ya que todos estos datos se transfieren a la Red de Vigilancia Fitosanitaria de Aragón, gestionada por el Centro de Sanidad y Certificación Vegetal (CSCV) y allí se analizan.

«Gracias a esta herramienta hemos podido mejorar la coordinación entre ambas partes. Ahora registramos los datos ‘online’, en tiempo real, lo que nos permite gestionarlos de forma más rápida y efectiva», apunta Óscar Baquero, técnico de la Atria de Puigmoreno, que es pionera en Aragón, ya que se fundó en 1984, gracias al interés de casi 70 agricultores.

«Durante todos estos años, ha sido muy importante la transferencia de conocimientos e información entre los técnicos de las Atrias y el CSCV. Gracias a estos datos, que ellos recopilan diariamente, siguiendo las pautas que desde aquí se establecen, ha sido mucho más fácil vigilar y poner los medios necesarios para atajar y acotar las plagas», explica Carlos Lozano, responsable de la Unidad de Gestión Integrada de Plagas del CSCV.

Desde este organismo, convocan reuniones de coordinación con el fin de que los técnicos expliquen la situación de los cultivos en ese momento y «así poder adoptan las medidas y herramientas necesarias para actuar», indica Lozano.

Además, se encargan de formar a estos técnicos a través de cursos y jornadas en las que se abordan las plagas más importantes y se dan a conocer los tratamientos y novedades más interesantes.

«En los últimos años, nuestro trabajo de campo ha cambiado mucho, porque se ha producido un incremento considerable del número de malas hierbas, lo que ha propiciado que tengamos que formarnos cada vez más para poder asesorar a los agricultores de nuestras Atrias a la hora de tratar determinadas plagas, o malas hierbas desconocidas hasta hace muy poco tiempo. Antes, sobre todo en Teruel, teníamos muy pocas plagas y eran muy fijas, pero esto está cambiando y hay que reaccionar a tiempo», matiza Gloria Herrero, una de las tres técnicos con que cuenta la Atria Cereales Teruel Sociedad Cooperativa, donde asesoran a un total de 50.000 hectáreas de cereal, 5.000 de leguminosas y 2.200 de cereal de verano.

Modelo futuro

Desde el Departamento de Desarrollo Rural y Sostenibilidad se señala que están ya trabajando en la consolidación de un modelo de gestión de la Sanidad Vegetal que durante más de 30 años ha sabido responder a las demandas del sector productor.

A través de una nueva regulación normativa se pretende avanzar en el modelo de colaboración público-privada que prestan las Atrias, siendo partícipes de los nuevos restos que van apareciendo en el ámbito de la sanidad vegetal, como por ejemplo la vigilancia para el control de organismos de cuarentena, o la colaboración para el cumplimento de requisitos fitosanitarios para la exportación a terceros países.

«Con el asesoramiento de los técnicos nos sentimos más seguros»

A principios de febrero es habitual ver en las parcelas de frutales de La Almunia de Doña Godina a decenas de personas podando árboles. Es la primera de una larga lista de tareas necesarias para luego poder recoger los preciados frutos que llegarán a los mercados y de ahí a los hogares de miles de consumidores.

Luis Sánchez es el propietario de algunas de estas fincas, en concreto de 30 hectáreas de frutales, en las que hay plantados cerezos, nectarinos, manzanos... «Un poco de todo porque si no es difícil vivir del campo», apunta.

Luis Sánchez fue uno de los agricultores que solicitaron, en el año 1990, la constitución de la Atria Sociedad Cooperativa Agraria San Sebastián (Cosanse). Desde entonces, han sido decenas las dudas que él ha formulado al técnico de esta entidad, y que han obtenido las respuestas adecuadas para permitirle hacer frente a las plagas y enfermedades que han azotado a sus cultivos. «Desde la Atria nos facilitan mucha información y apoyo, no solo en cuestiones relacionadas con temas fitosanitarios, sino también con otras dudas, como la burocracia o las cuestiones administrativas que tanto complican nuestro día a día. Con el asesoramiento de nuestro técnico nos sentimos mucho más seguros a la hora de atajar los problemas que surgen en nuestras plantaciones» matiza Luis Sánchez.

Las consultas particulares sirven para que los técnicos conozcan la realidad fitosanitaria de su zona de actuación y puedan controlar las plagas de una manera mucho más efectiva, ya que la solución la aplican también al resto de fincas que estén en una situación similar.

Más información en el Suplemento Heraldo del Campo

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