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Investigación

OPINIÓNACTUALIZADA 20/01/2017 A LAS 06:00

Más allá de declaraciones genéricas, de lugares comunes y de reclamaciones imposibles, Aragón se juega buena parte de su futuro en la habilidad para tejer un sistema educativo y de investigación que lo sitúe como un referente nacional y un foco de atractiva inversión. No son solo palabras. Un ejemplo directo puede encontrarse en el futuro centro científico de alto rendimiento en el campus del Actur.

La buena voluntad de la DGA y del CSIC de momento solo se traduce en un terreno sin construir y, lo más alarmante, en la pérdida de fondos europeos por un montante de más de 6,7 millones, que siguen en el aire. La reciente firma del Pacto por la Ciencia debería servir, además de para una fotografía que marca una cierta sensibilidad pública, para perseguir con ahínco inversiones que suponen mucho más que la construcción de un centro donde trabajarán más de 350 científicos. Los problemas derivados de la construcción nunca deberían servir como excusa ante la obligación de activar un centro indispensable en la Comunidad. La consejera Alegría alertaba de los riesgos de la falta de presupuestos. Los ciudadanos, desde luego, no pueden desbloquearlos.

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