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Aragón

Navidad: esta es mi Nochebuena

Ortodoxos, evangélicos, adventistas o anglicanos celebran el nacimiento de Jesús con costumbres y gastronomía diferentes. Mesas con 12 platos, menús sin carne, ausencia de regalos y bailes en corro bien entrada la madrugada son algunas de las tradiciones que contrastan con las católicas.

De izda. a dcha.: Mohamed Aoulad Sellam, Meyling Amador, Noel Díaz, Maite Camino, Paula Ortiz, en la iglesia anglicana de Zaragoza
De izda. a dcha.: Mohamed Aoulad Sellam, Meyling Amador, Noel Díaz, Maite Camino, Paula Ortiz, en la iglesia anglicana de Zaragoza
Raquel Labodía

La ucraniana Victoria Yashina ya está acostumbrada a celebrar fiestas por partida doble. Fue bautizada dos veces, cuando sus dos abuelas burlaron cada una por su cuenta a las autoridades comunistas en los años sesenta y la llevaron a bautizar sin decírselo a nadie, "y ahora celebro la Nochebuena el día 24 de diciembre y el 6 de enero. El 24, porque es la fecha típica española y el 6 de enero porque la religión ortodoxa en mi país (o en otros como Rusia o los de la antigua Yugoslavia) conserva las fiestas religiosas según el calendario juliano: 14 días más tarde". Esta noche, Victoria y su hijo Jacobo disfrutarán de la "Navidad española", como la llaman, con platos navideños internacionales, "y se darán los primeros regalos. Los ortodoxos que vivimos en España somos afortunados en Navidad, porque tenemos doble celebración y triple regalo:se pueden entregar el 24, el 31 o el 6 de enero". Y la noche del 6 celebrarán la Nochebuena ortodoxa, con una cena de 12 platos, ninguno de ellos compuesto por carne, y cuya vajilla no se podrá recoger hasta pasado el día de Navidad. Si alguien quiere visitarles ese día tan especial debería acudir con un puñado de trigo para bendecir el hogar, "aunque eso en España ya es un poco más difícil. Se nos puede visitar sin traer trigo en el bolsillo", se ríe.

Viven en Aragón más de 20.000 cristianos no católicos, que profesan religiones como la adventista, evangélica, anglicana, ortodoxa..., y esta última es la que mayor incremento ha experimentado en los últimos años, debido a la inmigración. En torno a su mesa, en el barrio zaragozano de Las Fuentes, Victoria conversa con sus amigos Galia Bespalova (de Rusia) y Jari Estefanoff (de Bulgaria), también ortodoxos y cuyos países están unidos por la tradición eslava y la herencia comunista. "Porque durante la dictadura la religión estuvo prohibida y las creencias fueron conservadas por las abuelas y bisabuelas –destaca Galia–. Estudiábamos en la Universidad la asignatura Ateísmo Científico, que demostraba con pruebas que Dios no existe. Pero nuestras abuelas nos contaban historias, celebraban en casa su propia Navidad... Mi abuela con mucho secreto, porque mi abuelo era un comunista convencido y le hubiera dado algo de saber que sus nietos estaban siendo bautizados". El partido comunista se encargó de cambiar fechas y modificar costumbres "y los regalos ya no los entregaba San Nicolás, sino el Abuelo Frío. Y en lugar de ser la noche del 18 al 19 de diciembre, pasó a ser la de Nochevieja", destaca Victoria.

En opinión de Jari, "que abuelas y bisabuelas guardaran sus creencias en secreto llevó a que muchas de las tradiciones sean una mezcla de religión y magia, que ideas paganas que proceden de celebraciones eslavas, tracias...". Y cuenta una importante tradición búlgara que recuerda a la popular tronca aragonesa (de origen celta). Porque en los Balcanes, al igual que en los Pirineos, también ha de arder un tronco grueso la noche del 24 de diciembre. "En nuestro caso está relacionado con las energías positivas y la pureza que debe rodear el año nuevo. En los pueblos búlgaros se va al bosque, se corta un tronco y se transporta sin que toque el suelo. Después, se limpia con agua bendita, vino y aceite de oliva y se quema a fuego muy lento, para que dure toda la noche. Con sus cenizas se preparan medicinas o se hacen pequeños crucifijos". Esa creencia de que el 24 termina el año y la energía ha de ser positiva lleva a costumbres curiosas, como los 12 platos en las mesas de países como Ucrania o Rusia, los platos impares (7, 9 u 11) en la Nochebuena búlgara, o que la cena empiece justo cuando sale la primera estrella. "Y dura horas y horas, porque jóvenes se visten con trajes navideños y cantan villancicos (‘slavits’ en ruso, ‘koliada’ en ucraniano y ‘koledari’ en búlgaro) para recibir después un aguinaldo. Y lo puede hacer a cualquier hora, incluso a las tres de la mañana", destaca Galina.

Los tres proceden de países donde su religión es la mayoritaria, a diferencia de otros credos que se practican en Aragón y que han sido minoría o incluso perseguidos durante siglos. "Cuando una religión es mayoritaria, llega un momento en que sus costumbres se relajan, la idea religiosa se desvirtúa...", considera Elías Nofuentes, pastor de una de las iglesias Evangélicas Bautistas de Zaragoza. "Y las minoritarias, sin embargo, viven con más intensidad fiestas como la Navidad. De una manera menos consumista, más centrada en la celebración y su significado". Su culto navideño se centra en el adviento, no tienen la ‘misa del gallo’ católica, sino que se reúnen en el templo el día 25, "y tenemos otros muchos actos especiales para juntarnos en la parroquia. Sobre todo porque forman parte de nuestra iglesia gente de hasta 23 países, que no tienen aquí a su familia, que se sienten solos, que no tienen dinero para viajar y reunirse con los suyos... Así que, abrimos el templo a todos aquellos que quieran sentirse acompañados". Y esa "buena noticia" que celebran los evangélicos "lleva a realizar una importante obra social durante todo el año. Lo hizo Jesús con los que veía al margen del camino, los enfermos marginados. Gracias a empresas como Reto o Remar podemos ayudar a drogodependientes, y en fundaciones como la Misión Urbana de Zaragoza gestionamos el reparto de alimentos".La iglesia se queda pequeña

En un pequeño local del Gancho, en Zaragoza, se reúnen esta noche unas veinte personas, cada una de un país distinto, pero todas abrazadas por Noel Antonio Díaz, presbítero anglicano de 28 años, natural de Nicaragua y misionero desde los 16. "Era muy joven cuando me fui de casa para predicar y aquella primera Navidad fue durísima. El día más triste de toda mi vida. Si no regresé a mi casa el día 1 de enero fue porque algo intervino, estoy seguro de que fue Dios. Ahora, todo mi esfuerzo es que los que están solos sepan que aquí, en la Iglesia Anglicana de Zaragoza, tienen compañía".

Su templo se queda pequeño en fechas tan señaladas, porque todo el que necesite un café caliente o una charla o un momento de compañía está invitado. Sin importar la religión, nacionalidad... Ayuda en las tareas de la parroquia, por ejemplo, Mohamed Aoulad Sellam, de religión musulmana, "porque no queremos convertir, queremos compartir". La Iglesia Anglicana tiene sus propias reglas en cada país, y Noel ha traído al templo zaragozano costumbres familiares, "por ejemplo la de poner los adornos nueve días antes de Navidad, un día por cada mes de embarazo de la Virgen. Y el niño se pone el 24 por la noche". Pero sí conservan la tradición, fijada por el arzobispo de Canterbury en el siglo XVIII, de dedicar un día a cantar villancicos y hacer lecturas, "una jornada que debe hacerse pasada la Navidad pero antes de los Inocentes". Los himnos son los tradicionales de los protestantes.

La parroquia de Noel dedica el día de Reyes a establecer lazos con los vecinos. "Gracias a la generosidad de muchos aragoneses, tenemos regalos y detalles para los necesitados. El año pasado nos enviaron desde Ejea de los Caballeros 20 cajas con ropa y juguetes. Invitamos además a una merienda a las prostitutas de la zona, para que sepan que aquí tienen un lugar donde charlar y calentarse junto a un radiador siempre que lo necesiten". Y gracias a mercadillos y aportaciones de los vecinos puede hacer más actividades, "el resto del año damos clases de inglés, de apoyo, de manualidades, de informática, cursos florales para ser ayudante en floristería... Solo llevamos cuatro años en Zaragoza, somos una comunidad muy pequeñita, pero esperamos hacer más y más cosas", señala Noel.

Los cultos protestantes hacen hincapié en una celebración navideña "más espiritual y menos material. En nuestro caso, ese desapego por regalos y consumismo es aún más marcado", destaca Lourdes Estalayo, pastora que imparte el servicio religioso en el templo de la Iglesia Adventista del Séptimo Día del barrio de Las Fuentes (Zaragoza). "No celebramos la Navidad propiamente dicha, sabemos que Jesús no nació un 24 de diciembre, ya que los pastores dormían al raso y eso solo puede tener lugar en primavera u otoño en las tierras de Belén. Pero estas fechas recordamos que eso ocurrió y celebramos el acto de amor y esperanza. Por ello, en nuestro árbol no hay bolas ni regalos, sino tarjetas de agradecimiento por las bendiciones que tenemos. Y tratamos de reunirnos con quienes lo necesitan". La iglesia realiza una importante obra social con indigentes y personas sin recursos y el pasado día 18 tuvo lugar una cena con más de doscientas personas sin hogar a las que se ha atendido todo el año. "Y estas fechas nuestros niños, jóvenes y ancianos acuden a cantar villancicos a hospitales y residencias. Además, recogemos el ‘kilo de amor’: dulces típicos de Navidad que se entregan a las familias que vienen el resto del año a por alimentos", enumera Lourdes.

Adventista significa adviento o llegada, "porque en nuestro estudio de la Biblia creemos en la idea de que Jesús volverá por segunda vez a buscar a quienes le esperan. Y eso condiciona mucho nuestros planes, ya que sabemos que no estaremos aquí por mucho tiempo. Por lo cual, ¿para qué vamos a acumular muchos bienes materiales? Esa idea de la segunda llegada nos da esperanza, nos hace despreocuparnos tanto de los regalos... Por supuesto no pasa nada si alguien quiere regalar, pero no es lo habitual".

Pero ese convencimiento también lleva a un gran cuidado psicológico y físico, ya que saben que Jesús querrá que hayan sabido cuidar de su cuerpo y mente. Por ello, los adventistas son en su mayoría vegetarianos, no beben, no fuman..., "así que nuestro menú navideño es un poco diferente también. Apostamos por ensaladas variadas, lasañas enriquecidas, dulces y roscos... Y prescindimos de la carne. Son consejos que se dan en la Biblia y que seguimos, y gracias a los cuales los adventistas estamos entre los pueblos más longevos del mundo".A mesa puesta

Ninguna religión recomienda atiborrarse en Nochebuena. En el templo anglicanoNoelpreparará gallina rellena y algún picoteo; el pastor Elías Nofuentes y su copastor Jesús Fernández cenarán con los suyos un menú ligero. Y también Victoria, Galia y Jari tendrán un menú diferente. "Hasta hace muy poco era habitual la cuaresma navideña, muy parecida a la que se practica en España antes de la Semana Santa –destaca Jari–. Así que en Nochebuena había que cenar ligero para que lo soporte el estómago". Por eso el primer plato suele ser una gelatina de carne (‘jolodiets’, en ruso) o un caldo de trigo y miel (‘cutia’, en ucraniano). "El 24 se pasa con la familia, se recibe a esos jóvenes que cantan..., y el 25 ya es entre amigos y fuera de casa", explica Victoria. Y todos estos días abundan los encuentros para bailar en corro, el famoso ‘joro’ búlgaro o ‘jorovod’ ruso, y que no es sino una manera de atrapar la energía y crear un nexo de unión entre las personas. "Y según termines el año, así te irá el siguiente. Si lo empiezas en buena compañía, la suerte estará de tu parte", vaticinan.

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