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Aragón

Todos a una para controlar las plagas

En la Red de Vigilancia Fitosanitaria de Aragón colaboran entidades públicas y privadas para optimizar los recursos y mejorar la efectividad.

Imagen de una larva de sesia sobre un peral.
Imagen de una larva de sesia sobre un peral.
C.L.

El control de las plagas, enfermedades y malas hierbas es una de las grandes preocupaciones de los agricultores y de los técnicos que se encargan de su vigilancia en Aragón. Pero no solo de ellos, ya que este control es fundamental para garantizar una correcta circulación de los productos vegetales que se exportan y comercializan a lo largo y ancho del mundo.

Por todas estas razones, este año se ha puesto en marcha la Red de Vigilancia Fitosanitaria de Aragón, que pretende aglutinar a los principales agentes que trabajan en el ámbito de la sanidad y la vigilancia fitosanitaria en la comunidad, y entre los que se encuentra el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria (CITA), la Asociación para la Promoción de la Gestión Integrada de Plagas (Aprogip), Cooperativas Agroalimentarias y las Agrupaciones para Tratamientos Integrados en Agricultura (Atrias).

Un proyecto que fue presentado esta semana en el II Foro Técnico en Sanidad Vegetal, organizado por el Centro de Sanidad y Certificación Vegetal del Gobierno de Aragón, y cuyo ámbito de actuación se divide en cinco redes: frutales, donde cooperan en la recogida de datos 28 atrias; cultivos extensivos, con el apoyo de 20 atrias; viña, con 12; olivo, con 10; y la red hortícola, en la que colaboran cinco Atrias que se encargan de controlar las plagas en el tomate, la cebolla dulce y la patata.

En Aragón, hay en estos momentos un total de 353 puntos de vigilancia que están siendo objeto de seguimiento por parte de los técnicos que se encargan de la vigilancia fitosanitaria y lo hacen utilizando una aplicación móvil, una herramienta de fácil manejo y muy cómoda, que permite que los técnicos envíen los resultados de su muestreo desde el campo hasta la RedFara, donde se analizan y se valoran teniendo en cuenta una serie de parámetros establecidos de antemano y que se utilizan ya en el campo durante las tareas de muestreo. Por ejemplo, su desarrollo en determinados momentos, la densidad del área a monitorear, el periodo estacional en el que se hace el seguimiento o los puntos que hay que vigilar en determinadas zonas...

«Es un proyecto muy ambicioso y los resultados de este primer año han sido positivos, ya que hemos podido analizar y evaluar sobre el terreno, en todo momento la incidencia de las plagas y enfermedades que afectan a los principales cultivos de Aragón. Una red que irá mejorando progresivamente, ya que en un futuro próximo lo que pretendemos es que los técnicos de todas las atrias puedan conocer la evolución de las plagas no solo en su zona de actuación, sino en otras próximas, de manera que puedan adelantarse a su posible evolución y, en consecuencia, minimizar sus efectos articulando las medidas que procedan», matiza Carlos Lozano, jefe de la Unidad de Gestión Integrada de Plagas del Centro de Sanidad y Certificación Vegetal del Gobierno de Aragón.Cooperación

De cara al año 2017, el proyecto, que nace dentro de las medidas establecidas en el Programa de Desarrollo Rural (PDR) de Aragón 2014-2020, no solo se encargará de crear grupos y redes de cooperación que vigilarán, analizarán y evaluarán la repercusión de estas plagas, sino que además participará en actividades de innovación e investigación, dos de los pilares fundamentales del programa de cara a este nuevo año.

Un periodo en el que el proyecto contará con un presupuesto de más de 700.000 euros, de los cuales un 5% irá destinado a estas cuestiones.

«Es muy importante poner en marcha nuevos métodos de lucha contra las plagas. Disponer de mejores datos servirá, sin duda, para afinar más en el momento óptimo de los tratamientos. Buscar métodos alternativos al control de plagas, diferentes a los tratamientos químicos, redunda en ventajas para el consumidor, el aplicador y, en general, para el medio ambiente», apunta Lozano.

Pero este control no será posible sin la colaboración del sector privado, sobre todo de los técnicos que trabajan en las atrias, que se encargan de hacer la vigilancia y el seguimiento de estas plagas. Un apoyo sin el que sería más complicado atajar los problemas que la polilla del racimo y el mildiu producen en la viña o la monilia y la carpocapsa acarrean en los frutales de hueso y pepita.

Más información en el Suplemento HERALDO DEL CAMPO

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