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En el menú navideño ...y de todo el año

La marca C’alial toma impulso. Quiere volver a «ilusionar» a los productores y ser conocida y reconocida entre los consumidores.

Una selección de productos agroalimentarios que cuentan con reglamento para el uso de la marca C'alial.
Una selección de productos agroalimentarios que cuentan con reglamento para el uso de la marca C'alial.
Adepaca

El primero fue la longaniza, en febrero de 1993. El último, el pan de cinta, hace ya algo más de un año. Y entre el uno y el otro, 36 productos agroalimentarios más con seña de identidad aragonesa pueden lucir el sello de calidad que garantiza que además de estar buenos lo son.

Sus cualidades, tanto gastronómicas como nutricionales, están recogidas en un reglamento auditado por una empresa independiente -al que deben acogerse los elaboradores- con el que se mima desde la selección de los ingredientes hasta la presentación al consumidor pasando por el proceso productivo.

Son los alimentos C’alial, una marca creada en diciembre de 1991 por el Gobierno de Aragón -entonces con el nombre de Aragón Calidad Alimentaria- para distinguir las excepcionales bondades de productos tradicionales de la tierra y, con ello, fomentar una apuesta por la calidad que permitiera a los empresarios del sector mejorar su posicionamiento en los mercados y, consecuentemente, dar impulso y valor añadido a la economía agraria y al mantenimiento de la población rural.

Todo ello sin perder de vista al agente principal: el consumidor, que podría así llenar su cesta de la compra con variados productos agroalimentarios, de cuidada producción y calidad diferenciada y garantizada.

El arranque tuvo fuerza. Llegó primero el reglamento de utilización de la longaniza de Aragón, con el que se iniciaba un camino que seguirían después productos tan conocidos y reconocidos como la trenza de Almudévar, las frutas de Aragón, la conserva de cerdo en aceite, la paleta curada, el conejo o la carne de vacuno, el arroz, la borraja, el pastel ruso, el azafrán, la coc de Fraga, las castañas de mazapán, el turrón negro y el guirlache, la oliva de Caspe, el azafrán, los huevos, la miel, el queso fresco, el yogur de oveja, las pastas alimenticias o el vinagre de vino.

La marca fue abriéndose hueco en los lineales y en las mesas de los aragoneses y, animados por este recibimiento, llegó a amparar casi 40 productos elaborados por 57 empresas. Fueron sus años de mayor esplendor porque después fue languideciendo al mismo tiempo que lo hacían las arcas de la Administración Pública que la había impulsado. Adelgazó tanto el número de productos certificados como la cuantía de elaboradores. Retrocedió en los puntos de venta. Y se perdió en la memoria de los consumidores.

Pero existen todavía empresarios que no están dispuestos a dejarla morir. No solo continúan produciendo bajo su sello, integrados en las dos asociaciones que los agrupan -asociación de productores de carne de vacuno y asociación para el desarrollo y fomento de los productos de calidad alimentaria (Adepaca), que tienen un carácter más multiproducto- sino que no han dejado de llamar a los despachos oficiales para volver a recuperar, al menos, parte del apoyo institucional que les hizo crecer.

Y ahora han logrado la respuesta del Departamento de Desarrollo Rural y Sostenibilidad, que ya ha iniciado una campaña de promoción para recuperar el brillo perdido. El objetivo es volver a ocupar el sitio que estos productos merecen en las mesas de los hogares aragoneses. Primero, durante esta Navidad. Después, todo el año.

Con su nombre, el Gobierno autónomo dejaba claras sus intenciones. La marca Aragón Calidad Alimentaria nacía en diciembre de 1991 con el objetivo de identificar y certificar aquellos productos de altas cualidades que garantizaban el sabor de la tierra por los paladares de los consumidores.

Cualquier producto agroalimentario, natural o transformado, es susceptible de ser protegido por el sello, pero desde sus orígenes la marca se fue orientando hacia las producciones más características y tradicionales de Aragón. Para poder lucirla primero era necesario que el producto contara con un reglamento técnico, aprobado por la Consejería del ramo del Ejecutivo regional, en el que se determinan desde los ingredientes, hasta la forma de elaboración y las características finales del mismo. Si cumple dichos requisitos, cualquier fabricante puede registrarse como usuario, siempre que supere dos controles, uno interno y otro externo realizado por una entidad independiente.

El primer reglamento no llegaría hasta pasados dos años. Se hizo para la longaniza de Aragón en febrero de 1993 y con él comenzaba una lista de alimentos de calidad que no dejó de engordar hasta alcanzar casi los 40 productos certificados que elaboraban 57 empresas.El pasado

«Hubo una gran difusión y tuvo mucha acogida entre los consumidores. Llegó a ser la marca más reconocida de otras similares creadas en otras comunidades autónomas», señala Jesús Tolosana, de la empresa del mismo nombre y uno de los impulsores en el uso de este sello.

Pero, mientras esta iniciativa crecía, iban presentándose las dificultades. De su primer tropiezo fue responsable Bruselas. La Comisión Europea le forzó a perder la referencia territorial al considerar que los nombres geográficos estaban reservados para las denominaciones de origen y las indicaciones protegidas.

La marca pasó entonces a llamarse Calidad Alimentaria para terminar renombrada como C’alial, obligando a los productores a volver a pedir autorización de uso a la DGA. «Algunos ya no lo hicieron en ese momento y descendió el número de empresas», explica Eva Lázaro, secretaria de Adepaca, la asociación sin ánimo de lucro creada en 1997 para agrupar a las firmas elaboradoras de productos, velar por el prestigio de la marca y promocionar los productos que se acogen a ella.

Para rizar el rizo, durante unos años convivieron en el mercado Calidad Alimentaria y C’alial y cuando llegó el momento de optar por una -fue por la segunda- y se impidió el uso de la otra, «el número de empresas volvió a bajar», matiza Lázaro.

Entre tanto se había producido una nueva circunstancia, que, aunque satisfactoria, provocó una nueva huida. «La marca fue cantera de denominaciones de origen», explica con orgullo Tolosona, que recuerda que productos como el Aceite de Oliva del Bajo Aragón, el Melocotón de Calanda, y la Cebolla Fuentes de Ebro, una vez organizada la producción y con la experiencia de certificación que les había proporcionado este sello, decidieron volar más alto y convertirse en D. O. Tras este nuevo marchamo de calidad se fueron también otro buen número de empresas.

Pero sin duda la marca se acercó al borde del precipicio con la crisis. Y no por la caída del consumo. Las ‘vacas flacas’ en las arcas del Gobierno de la Comunidad ha pasado una elevada factura a C’alial. Ya no es que los productores perdieran aquellas subvenciones con las que podían financiar hasta el 50% de los gastos que suponen los controles externos. Es que durante los últimos cuatro años «no ha habido ningún tipo de difusión, ni campañas de promoción ni apoyo institucional», lamenta Tolosana, que reconoce la pérdida de presencia de C’alial en los mercados y, con ella, el olvido de los consumidores. «Ha perdido mucha importancia», señala el responsable de la firma oscense, que explica que «al reducirse la demanda, muchos productores han dejado de ver su atractivo».El presente

Todo esto forma parte de su pasado. Porque C’alial todavía tiene presente. Lo hacen posible las 19 empresas que actualmente continúan elaborando 18 productos con sello C’alial, aunque todavía siguen vigentes el resto de reglamentos (otros 20) que pueden ser utilizados en el momento por cualquier elaborador quiera asumir los requisitos.

Hay que sumar también las firmas que producen carne de vacuno con este sello de calidad, que crearon su propia asociación por «sus características especiales, la especificidad de su trazabilidad y porque la gestión resulta más compleja», explica su gerente Javier Badía que también lamenta el «olvido» institucional mientras detalla que esta organización aglutina ahora 18 ganaderos (llegó a haber 150), siete empresas comercializadoras y dos mataderos -uno en Zaragoza y otro en Huesca-.

La facturación conjunta de los productos C’alial alcanzó en 2015 un valor de venta de 4 millones de euros, a los que hay que sumar los 3,2 millones obtenidos con los 765.000 kilos de carne comercializados con esta marca. La cifra está todavía lejos de los casi 7 millones facturados en 2008, pero demuestra que, a pesar de las constantes dificultades, y tras la dura caída sufrida en 2010, los productos de calidad han conseguido ir remontando año a año el valor de sus ventas.

«No es una marca paraguas, no es simplemente un ‘hecho en Aragón’, es un sello en el que se ha trabajado mucho para ofrecer una total garantía de máxima calidad al consumidor», señala Tosolana. El empresario insiste en que C’alial aporta valor añadido a los productores e, incluso, y su experiencia lo demuestra, abre la puerta de mercados fuera de la Comunidad. También mejora la competitividad de la empresa, señala Tolosona, quien insiste además en el «componente social» de este sello, que ayuda a fijar la población al medio rural «ya que se trata de producciones locales relacionadas con el modo de hacer de un lugar determinado».El futuro

Ahora C’alial mira hacia el futuro. El Gobierno y los productores quieren darle un impulso, para lo que se ha puesto en marcha un plan de promoción con el objetivo esencial de «divulgar la existencia de la marca y aumentar su identificación por parte del público», señala el director general de Alimentación y Fomento Agroalimentario, Enrique Novales.

Pero, no solo se quiere «ocupar un lugar preminente en la mente de los consumidores». La pretensión es también «avivar la ilusión de los productores y multiplicar así el número de empresas interesadas en certificar», señala Tolosana, que espera, como desea también Javier Badía, que este tipo de acciones «tenga continuidad en el tiempo». Porque el objetivo ahora es estar presente en las mesas navideñas. Después, en las de todo el año.

Más información en el Suplemento HERALDO DEL CAMPO

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